TIEMPO ORDINARIO
No necesitamos teléfono
Una de las quejas frecuentes de personas que vienen a hablar es: “tengo un problema.” E inmediatmente agregan: “no tengo a nadie con quien hablar.” Mi respuesta es siempre, “tienes a cientos de personas cada vez que vienes a la iglesia. Lo único que tienes que decir es : “me llamo tal y usted ¿cómo se llama?”
Algo parecido les pasa a los apóstoles. El Señor les ha enseñado de rezar, pero necesitan entender, y es lo que hace Jesús, que no dben tener miedo a hablar, a su Padre. Golpeen la puerta del cielo hasta que se abra, les dice. La parábola muestra esto, pero los discípulos todavía tienen sus ansiedades. Y entonces le llama la atención a cerca del sentido común de los padres. Confíen en Dios que les dará cosas buenas, como hacen los niños cuando piden a sus padres y como ahcen ustedes cuando sus hijos les piden algo.
La oración encuentra sus propias oportunidades. Hasta que no digas: “yo me llamo tal y ¿usted cómo se llama?", no vas a entrar en conversación con alguien. No estamos solos en medio de una multitud. Esto es lo que Jesús les está diciendo a los discípulos. Su Padre escucha.
Pareciera que cada profeta nos trae un especial mensaje de Dios. Dios, por seguro, quiere entrar en conversación con nosotros. Y Malaquías se especializa en hablar “del día del Señor…” Y hay un motivo para hacerlo, porque los acontecimientos parecen decir que los malvados prosperan y los justos sufren las tribulaciones. El nombre del profeta significa “mi mensajero.” Y Malaquías presenta su mensaje en forma de una disputa entre el Señor y su pueblo. El pueblo se defiende con arrogancia de la acusación del Señor: “¿Qué hemos dicho contra ti?” A lo que Dios responde: “Pues que es tiempo perdido servir a Dios, que no habéis sacado ningún provecho de observar los mandamientos y hacer penitencia…” (14)
Es el eterno interrogante sobre el porqué de las dificultades de los justos y el éxito de los malos. Dios responde diciendo que el nombre de los justos está escrito en el libro, que servirá “en el día del Señor”, día de miedo y de terror en que los injustos “serán como paja” que arderá en el horno abrasador, mientras que el Señor aparecerá como padre para los justos, porque son su propiedad (17,20). Entonces se verá qué significa ser justo o impío, se invertirán las suertes, se manifestará quien tiene razón, cuando “se verá la diferencia que hay entre el justo y el malvado, quien sirve a Dios y quien no le sirve” (18). Este mundo no parece reconocer, los valores autéticos, pero hay la certeza del día del Señor aparecerá, Y esto razón para permanecer fiel al servico de Dios.
El texto del evangelio parece ser una explicación del Padrenuestro. Si sabemos que Dios nos ama como Padre, tendremos confianza en él. Esa confianza se practica y se pone a prueba en la insistencia y la constancia: “pedid, buscad, llamad, recibiréis, encontraréis, os abrirán” (9) Quien confía en la bondad del Padre pide con constancia y no se cansa, porque sabe que no pide en vano.
La oración hecha así, confiada e insistente, es eficaz e infalible. Y luego Lucas nos reserva una sorpresa: la oración confiada e insistente obtiene siempre al Espíritu Santo (12). No obtiene necesariamente bienes útiles y necesarios, siempre pasajeros, sino el don por excelencia, el don que introduce en el Reino, da la fuerza que permite vivir en y para el Reino, sostiene en la tentación, ayuda en el perdón de las ofensas y permite hacer la voluntad de Dios. Jesús está diciendo que el Espíritu Santo es coprotanista a aquel que ora. Los dones que necesitamos todos los días no han de ser despreciados, porque también pueden ser concedidos. Con todo, la oración, que nos sumerge en el mundo de Dios, otorga el don divino más precioso, para que podamos entrar en el mundo divino, o sea, en el Reino.
La bondad “del papá que está en el cielo”, que usa nuestras necesidades para hacernos descubrir la necesidad de fondo, escondida en todas las otras necesidades: la de entrar a fomar parte de su Reino; por eso a quien pide con confianza se le dará el Espíritu Santo, la llave para entrar y progresar en el designio universal del Padre del cielo.
Unamos las dos lecturas. Presentan el eterno problema: hacer el bien y orar con frecuencia parecen cosas inútiles. Nada cambia, el mundo sigue como antes. Y, además, la mirada irónica del mundo se admira de que haya personas que pierdan el tiempo en estas cosas. Por eso hay como una brisa inspiradora en las lecturas hoy, el don del Espíritu, que rompe el círculo cerrado de nuestras preocupaciones para hacer levantar nuestra mirada, que sostiene nuestro ánimo e iluminada la fidelidad y la oración de cada día con la belleza del mismo Dios. Con el Espíritu donde todo se hace posible, y entendemos que es bello y bueno hacer el bien. Es posible encontrar el gusto de invocar a Dios como Padre. Se hace posible el no mirar a los resultados inmediatos, a la aprobación de la gente y tener confianza en la mano de Dios que orienta todo al bien. Es posible orar siempre porque así es como el Espíritu viene a nosotros trayendo el Reino y llevándonos a él.
ORA Y REFLEXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor” (Salmo Primero).
ORACION
Señor Jesús, ayúdanos a dejar de lado nuestra timidez y reemplazarla con la confianza en tu palabra. Danos rezar siempre con la confianza de que tú siempre nos escuchas y a veces de maneras que no esperamos. Amén.