Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 2 de junio de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO
Lecturas: Eclesiástico 51,12-20; Salmo 18,8-10; Marcos 11,27-33

HOMILIA Y ORACION

La película Rope de Alfred Hitchcock empieza con un crimen horrible. La audiencia sabe quien es el asesino, pero los personajes de la película, no. Este es un truco común usado por los que escriben los guiones de las películas y se llama ironía dramática. Y es donde nosotros la audiencia, conocemos más que los actores en el drama, y esto ayuda a hacer crecer la tensión y la expectativa.
La respuesta de Jesús a las autoridades del templo hace uso de esa técnica. Los autoridades habiendo visto la extraordinaria conducta de Jesús con los cambistas en el templo, lo desafían. Ellos quieren saber con qué autoridad y en nombre de quién hace eso. ¿Quién te ha dado permiso para hacer eso? Y esta es una pregunta fundamental, pero nosotros sabemos la respuesta. Es la primera afirmación del evangelio de Marcos, donde está escrito: “Comienzo de la Buena Noticia (evangelio) acerca de Jesucristo, el Hijo de Dios.” Jesús es el Mesías, el Hijo, el Amado de Dios. A través de todo el evangelio hemos oído de los milagros que hacía “con autoridad…” Su enseñanza no era como la de los otros maestros o expertos, sino fruto de su propia sabiduría divina. Todo el evangelio fue escrito para mostrar en el nombre de quién y por la autoridad de quién, Jesús vive y obra.
Las autoridades del templo están movidas por principios que están en conflicto. Por un lado, la tradición del templo y por otro lado la enseñanza de los verdaderos profetas de Dios, que eran un continuo desafío para las autoridades. Ellos no sabían lo que nosotros sabemos y ellos se equivocaron en la decisión, con terribles consecuencias. Nosotros sabemos la verdad pero, ¿hacemos siempre las decisiones justas?
El autor del libro del Eclesiástico termina el libro con una gran oración que ocupa todo el capítulo 51. Y esta oración está enmarcada, po-dríamos decir, por un compromiso que resuena en el tiempo “te daré gracias, te alabaré y bendeciré tu nombre…” (12) y una revisión histórica que hace madurar un propósito: “desde el principio me he aplicado a ella (la sabiduría) por eso nunca quedaré abandonado…” (20) Por eso termina con una invocación a la sabiduría, que como hilo de oro ha atravesado y unificado todo el libro. Tanta riqueza ha permitido al autor sagrado intuir que viene de Dios, que ha permitido a la sabiduría transformar la vida de los hombres. El habla de su propio proceso, usa la expresión: “dedicarme a viajar…” probablemente la edad juvenil, pero no le ha faltado tiempo para buscar la sabiduría. Para eso necesita ciertas indicaciones, como “delante de tu templo la pedí…” (14) Todos sabemos que el sentido común y la experiencia humano no puede producir este bien, puesto que es de origen divino. Recibir la sabiduría “es respirar con Dios,” participar de alguna manera de su naturaleza, salir de las redes de las cosas humanas para abrirse al sabor de lo infinito. Por eso dice: “gracias a ella he progresado mucho…” (17) Se necesita combustible divino para mover el motor humano. De ahí su gratitud: “al que me ha dado la sabiduría glorificaré. Pues me he propuesto practicarla.” Un don tan precioso no se puede aban-donar. Para nosotros esto nos prepara la venida de Cristo: “Sabiduría de Dios…”
El evangelio, se ve como crece la tensión entre Jesús y las autoridades. No pudieron detenerlo aquella vez por miedo a la muchedumbre y tratan de desacreditar la autoridad de Jesús. Las autoridades le preguntan: ¿Con qué autoridad? Se nombra a todos los adversarios de Jesús: los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y los ancianos… Jesús responde con una pregunta: ¿De dónde procedía el bautismo de Juan: de Dios o de los hombres…” (29) Jesús no se está defendiendo sino ofreciendo una oportunidad de entender la unidad del proyecto de Dios, el que parte de la Ley del Antiguo Testamento, pasa a través de Juan y llega él, Jesús, el revelador definitivo del amor salvador de Dios. Jesús le propone una visión armónica del plan divino. Juan ha sido la última gracia concedida por Dios. Juan significa “don de Dios…” Ellos dan una respuesta evasiva. “No sabemos…” (33) Son hombres de la ley, no discípulos que siguen el camino de la fe. Se quedan en la periferia.
El libro del Eclesiástico nos dice hoy que sin sabiduría no se puede vivir. Los enemigos de Jesús, en el evangelio, son unos insensatos, no se dan cuenta que están en contacto con la sabiduría hecha hombre en su persona. Dicen “no sabemos…” pero en realidad “no quieren saber…” Pierden la oportunidad de encontrar la sabiduría y de dejarse fascinar por ella, para llegar a una trans-formación total. Se olvidaron del salmo “Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro…” (26,8)
ORA Y REFLEXIONA y repite y vive la palabra: “Te daré gracias, te alabaré y bendeciré el nombre del Señor.” (Eclesiástico 51,12)

ORACION
Padre Dios, tú que eres la fuente de la sabiduría, dirige nuestras mentes y corazones en búsqueda de la verdad. Que seamos valientes en proclamar tu autoridad sobre nuestras vidas y sobre el mundo. Ayúdanos a ser testigos de tu amor por todas tus creaturas. Te lo pedimos en el nombre de tu amado Hijo, Jesucristo, nuestro Señor. Amén

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