Lecturas: Tobías 2,9-14; Salmo 11, 1-2,7-9; Marcos 12,13-17
HOMILIA
Conozcamos nuestras bases.
Un comediante inglés decía que había visto un graffiti que leía: “Baratillo, vendo Enciclopedia Británica completa. No la necesito, mi mujer tiene todas las respuestas.” Tal vez esto dice algo más, y habla de la preocupación de conocer todas las respuestas. Encuentra unos juegos, crucigramas y toda clase de acertijos. Y no hay nada de erróneo en eso, pero son solamente juegos.
En el evangelio de Marcos, hoy, las autoridades tienden una trampa a Jesús, proponiédole un pregunta capciosa. Para muchos judíos el que los paganos gobernarán era una afrenta a Dios y una abominación. Pagar impuestos a extranjeros negaba la soberanía de Dios sobre la nación de Israel. De ahí las consecuencias de la pregunta, si negaba el pagar impuestos, podía ser denunciado a las autoridades romanas. Pero Jesús los confunde con una respuesta sencilla y los exaspera al desbaratarle la trampa de la pregunta.
Los fariseos y los herodianos estaban obsesionados con conocer toda respuesta a las cuestiones morales. Se envuelven en cuestiones filosóficos y acaban confundiéndose más en vez de esclarecer las cosas. El conocimiento es bueno y legítimo hasta que se vuelve un conocimiento por el conocimiento, y entonces se vuelve una distracción, y a veces lo usamos para juzgar y trampear a otros. El conocimiento y la sabiduría debemos encontrarlos en la Palabra de Dios y entonces es cuando los podemos aceptarlo con un corazón noble y ge-neroso.
Continuamos en la primera lectura con la historia de Tobías, un hombre hospitalario, observante y que practica la ley de Dios, aunque esto ponga en peligro su vida. En lógica popular es un hombre al que Dios debería proteger y premiar. Sin embargo, no es así. Las cosas de la vida parecen suceder frecuen-temente sin sentido, indiferente al tipo de justicia que nosotros desearíamos. Ya le pasó a Job y ahora le toca el turno a Tobías.
Tras haber perdido al vista, sometido a la prueba, es insultado, y escar-necido por sus amigos ¿de qué te ha servido tu caridad y tu obediencia? ¿Vale la pena poner en peligro la vida por la Ley del Señor? Sin embargo, Tobías no se lamenta; permanece firme en la fe e incluso en la prueba sigue dando gracias a Dios. Como Job: “EL Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. ¡Bendito sea su santo nombre…” También su mujer se burla de él. Así sucede con el justo, en la prueba sufre golpes y es incomprendido. Al dolor de la desgracia se sigue el dolor de la soledad. En el momento de la tentación, que procede de sus amigos, precisamente quienes deberían apoyarle, en estos momentos se manifiesta la solidez de la fe y la fuerza de la paciencia. Esta es la virtud de la roca: puedes pisotearla, golpearla, pero no se deja modificar. Así es la fe de Tobías.
En el evangelio, los fariseos y herodianos, enviados por las autoridades, quieran o no trazan un cuadro positivo de Jesús, “sabemos que eres sincero y no te dejas influenciar por nadie, ni miras la condición de las personas…” (13) Lo dicen sus enemigos, Jesús es un hombre “sincero…” y transparente, sin trampas ni hipocresías. Dice lo que piensa y no es parcial con nadie. Justo lo contrario de las autoridades. Fingiendo interés, intentan poner a Jesús en una situación embarazosa; son hombres astutos, hipócritas, dedicados a poner trampas. La afirmación central está en las palabras: “Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios…” (17) El dilema era que si Jesús decía que no, se enfrentaba con las autoridades romanas y si decía que sí, se enfrentaba con el pueblo. Los herodianos eran partidarios de pagar, los zelotas de no pagar, y los fariseos rechazaban la rebelión abierta y pagaban los impuestos para evitar lo peor.
La respuesta de Jesús coge a los interlocutores de sorpresa, porque se aleja de la lógica de la pregunta. No se escapa, y lleva la situación a lo importante, la dependencia de Dios y por lo tanto la libertad justa frente al estado. Jesús no pone a Dios y al César en el mismo plano. En la respuesta «Devuelvan al César las cosas del César, y a Dios lo que corresponde a Dios.» el acento cae en la segunda parte. Lo que le preocupa a Jesús es, ante que nada, salvaguarda los derechos de Dios en cualquier situación política. El estado no puede levan-tarse como un valor absoluto: ningún poder político, romano o no, cristiano o no, puede arrogarse derechos que solo le competen a Dios, no pueden ab-sorber el corazón del ser humano, no puede reemplazar a la conciencia. El discípulo del evangelio se niega a coincidir su conciencia con los intereses del estado. Se niega a caer en la trampa “de la razón de estado” y por eso, en su raíz es un posible “objetor de conciencia.”
Tanto la lectura de Tobías como el evangelio nos llevan a una reflexión práctica: una fe débil, dominical, podría decir, no basta para permanecer fir-mes en los momentos difíciles. Y la fe no se improvisa. Tobías “desde la niñez había temido a Dios y observado sus mandamientos.” Por eso una fe vivida en la fidelidad a las cosas pequeñas de cada día en el “sí” disponible, repetido en cada situación, nos permite llegar a gestos extremos.
ORA Y REFLEXIONA, lee y vive la palabra del Salmo de hoy: “el corazón del justo está firme en el Señor…no temerá las malas noticias…” (Salmo 111)
ORACION
Señor, a veces vivimos obsesionados con conocer todas las respuestas. Cuando escuchamos tu palabra, déjanos ver en ella la enseñanza de amor y sabiduría allí atesorados. Que nunca perdamos de vista esa sabiduría y amor que vienen de ti, y que es lo único importante en nuestras vidas. Amén

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