Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



domingo, 10 de junio de 2007

HOMILIA Y ORACION

FIESTA DEL CORPUS CHRISTI
Domingo 10 de junio del 2007
Lecturas: Génesis 14,18-20; Salmo 110, 1-4; Primera Corintios 11,23-26; Lucas 9,11-17

El poder de la Eucaristía
Malcom Muggridge, un escritor y periodista inglés que murió en 1990, tuvo la oportunidad de filmar a la Madre Teresa y a sus hermanas mientras ejercían su ministerio de levantar a personas abandonadas en las calles y cuidar de ellas. El escribió un relato de esa experiencia en su libro Algo hermoso para Dios. “Este lugar para los moribundos es apenas iluminado por unas ventanas en lo alto de las paredes. Apenas teníamos un poquito de luz, era imposible preparar un equipo de luces para la filmación. Pero la parte que filmamos era un ambiente bañado de una luz suave y particularmente hermosa. La casa de la Madre Teresa para los moribundos es un ambiente de amor, que uno lo siente al momento de entrar allí. El amor es luminoso, como los halos que los artistas han visto y puesto alrededor de la cabeza de los santos. Encontré, esto no sorprendente del todo, que esta luminosidad se registrara en las película.”
Cuando filma y escribe esto, él no era católico, pero esta experiencia lo llevó a la conversión. Esta experiencia fue tan poderosa por él y su equipo de filmación que vieron el evangelio puesto en acción.
Nos gustan estas clases de experiencias, porque nos sentimos movidos a reconocer, captivados y empujados, podemos decir, a hacer una decisión dramática en nuestra fe. Lo que muchas veces nos quedamos cortos, o lo tomamos por supuesto, es acerca del enorme poder de la Eucaristía para convertir a personas.
Una pareja, que durante años habían mantenido una actitud cínica acerca de cualquier cosa que les mencionara algo de la religión, había ido a la iglesia, pero nunca habían encontrado “ese algo” que les dijera que Dios existía. Pero nunca habían estado en una iglesia católica, y habían mantenido una actitud de desprecio por el catolicismo, porque habían sido educados en ese prejuicio. Luego asistieron al funeral de uno de sus amigos. Y comentaron que una de las cosas que más los movieron fue la misma ceremonia que los llevó a creer en Cristo. La ceremonia, aunque era un funeral, no fue acerca de su amigo muerto. Por alguna razón esa experiencia no fue el tema central del sacerdote ese día, todo estuvo orientado al pan y al vino sobre el altar. Y tal manera fueron movidos que se sintieron temerosos de acercarse al altar, “porque Jesús estaba allí” y ellos se sentían “indignos.”
Lo mismo que la fiesta de la Santísima Trinidad, que celebramos el domingo pasado, hoy comenzamos con una creencia y los textos que la Iglesia usa nos ayudan a explorar esta creencia. Estas lecturas nos pueden ayudar a ver lo que sucede cuando nos reunimos como comunidad de fe en oración y presentamos lo que ofrecemos.
En el milagro de Jesús alimentando a 5000, Jesús desafía a los apóstoles a darles de comer. Ellos no pueden. Lo único que ofrecen son cinco panes y dos pescados. Primera lección: si nosotros damos lo que tenemos, en las manos de Jesús es más que suficiente. No sólo son nuestros dones y el sacrificio de nuestras manos suficiente, pero en las manos de Jesús son abundancia. Testigos los doces canastos que sobraron. Los apóstoles le ofrecen a Jesús lo que tienen. Jesús los bendice y se lo devuelve a los apóstoles para que ellos lo distribuyan a las personas presentes. Segunda lección : Jesús usa personas humanas para entregar lo él ofrece. Aunque estamos en la pre-sencia del sacerdote que ora, en lugar de la persona de Cristo, y dice “oremos”, nosotros tenemos nuestros dones, “nuestro sacrificio” para el Señor. Son bendecidos en el nombre de Cristo y se distribuye por las manos de los apóstoles, y lo que recibimos es mucho más que lo que hemos presentado.
Abrahán ha sido bendecido por Dios con la victoria sobre sus enemigos. En Salén que es con toda seguridad el lugar que luego se llamó Jerusalén, Abrahán fue al sacerdote de la ciudad para darles gracias a Dios. Melchisedec ofrece a Abrahán pan y vino, y Abrahán movido por la gratitud le da el 10% de lo que ha conseguido con la victoria. Nuestra eucaristía, que significa “acción de gracias” nos invita a unir lo que damos como una respuesta a lo que hemos recibido.
Lo más importante, es que Pablo nos recuerda que el real don de la eucaristía. Llamamos a la venida de Jesús a la tierra “encarnación…” Los discípulos lo vieron a Jesús subir al cielo, pero el gran y real regalo es que Jesús en la forma de pan y vino, permanece encarnado-presente en medio de nosotros. Y nosotros somos invitados a continuar comiendo en esta fiesta con Jesús, mientras esperamos hasta que vuelva y nos lleve al banquete del cielo.
Hay un poder de conversión en la eucaristía. Es el evangelio incom-prensiblemente puesto en acción.
Debemos dejar que nos convierta lo que ya creemos.
Resumiendo:
Si damos lo que tenemos en las manos de Jesús son más que suficiente. No sólo son suficiente en las manos de Cristo, son abundancia.
En el nombre de Jesús nuestras ofendas son bendecidas y luego distribuida por los sucesores de los apóstoles, y lo que recibimos es más que lo dimos.
Estamos invitado a continuar comiendo en esta fiesta con Jesús, mientras esperamos la oportunidad de unirnos con él en el banquete del reino.

ORACION
Oh Señor Jesucristo que nos dejaste en este sacramento admirable el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de la redención. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

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