“No has visto todo, todavía…” Este era el título de una canción que fue famosa en los 70. Más tarde fue usada por más de un presidente o candidato presidencial. Y podría servir como la música de fondo de la primera lectura de hoy.
Aparentemente algunos cristianos judíos fieles todavía a la ley de Moisés habían visitado Corinto. Estos hicieron un impresión grande en la comunidad, de tal modo que algunos empezaron a cuestionar el ministerio de Pablo. Pablo les responde, que al revés de los recién llegados, él no necesita de cartas de presentación porque la conversión de los corintios a Cristo, resultado de su trabajo apostólico, hablaba por sí mismo. Fue el trabajo del Espíritu Santo. Más aún, insiste que el ministerio de Moisés no es nada en comparación con el ministerio del Nuevo Testamento. Es cierto, el rostro de Moisés se volvió ra-diante después de hablar con Dios. Pero esto fue temporario. Lo que ha hecho Pablo revela a Jesucristo, que como imagen perfecta de Dios, manifiesta una gloria que no se acaba. Esto es lo que sugiere Jesús en el evangelio: “he venido no para anular sino para “completar”, darle perfección, a todo el Antiguo Testamento.
Y, nosotros, podemos decir hoy, “No has visto todo, todavía…” No solamente Jesucristo se ha revelado en la Buena Noticia del evangelio, él viene a nosotros a través del glorioso sacramento de la Santa Comunión, y bien profundo en nosotros, él nos transforma a su imagen. Y ésta es la gloria que ninguna gloria humana puede comunicarnos.
En la lectura de la Segunda Carta a los Corintios, hemos pasado de largo el capítulo segundo que es más bien autográfico y confidencial, refiriéndose a sus sentimientos y emociones personales y nos salteamos una frase de Pablo que dice: “Sois una carta de Cristo redactada por nosotros y escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, es decir en el corazón.” (3,3) Y esta frase ilumina la confianza de Pablo, confianza en sí mismo en cuanto a servidor del evangelio, confianza en los hermanos de la comunidad de Corinto, capaces de y dispuestos a escuchar sus mensajes, no importa las incomprensiones transitorias, el haber escuchado a eso cristianos judíos que defendían a Moisés, no son un papel escrito, sino un corazón palpitante, y confianza en el Dios vivo, en Cristo y el Espíritu.
Pablo abandona entonces la aspereza y la insistencia a volver a abrir heridas, y compara la Antigua Alianza que mata y la Alianza Nueva del “Espíritu que da vida…” Pero no desmiente el orgullo que le da su identidad, “apóstol de Jesucristo, por voluntad de Dios”, y es consciente de sus capacidades, y de su ministerio apto pero lleno de Dios. Pablo ha pasado por un proceso espiritual que lo llevó al realismo humilde de aquel en el que ha sido transformado, de perseguidor en discípulo y apóstol. Capacidad dice “que si lo tenemos se lo debemos a Dios…: Dios es el Padre que lo llamó con su gracia y le reveló a Jesucristo, su Hijo (Gálatas 1,15…): Dios es Jesús, el Señor que le deslumbra, le fascina y le envía como testigo (Hechos 22,8 y 2 y 26,16…); Dios es el Espíritu que le reserva para sí (Hechos 13,2…) y Pablo activa, pone en acción esa capacidad, dedicándose al ministerio de la nueva alianza, consumación de la primera, que era gloriosa pero pasajera.
Jesús, como judío, tiene la actitud normal de respeto a la ley, eso lo aprendió en su casa paterna a someterse a la ley (Lucas 2,22-24,39-41,42-45) Su postura de rabino era confirmar su propia “cultura”, respetuoso con todos los detalles de la ley, que es lo que dice hoy. Si lo miramos aislado de todo lo que enseñó, haría de Jesús un tradicionalista, fariseo y legalista. El estilo que usa de contraponer entre “lo pequeño” y “lo grande” es evidencia de su folonomia, (es decir, amor a la ley). Es acusado de que sus discípulos arran-caron espigas para comer en día sábado (12,1…) al romper el sábado no podía venir de Dios (Juan 5,16 y 18 y 9,16) les respondió “que el Hijo del hombre era el Señor del sábado…” Sus adversarios no querían admitir que no es el hombre que ha sido hecho para el sábado, sino el sábado para el hombre… (Mateo 12,8 y Marcos 2,27)
No existe contradicción entre las palabras y los hechos de Jesús. Esto es porque Jesús usa la ley con libertad madura, para el servicio de la persona humana, para la consumación de un proyecto de vida, en vista a la realización de nuestra propia persona y de una comunidad. Y esto es el proyecto de Jesús.
Pablo dice: “la ley mata y el Espíritu da vida…” Jesús dice: “no he venido a abolir la ley, sino a llevarla hasta sus últimas consecuencias.” Parece contradictorio pero no, lo esencial del evangelio es la buena noticia. La buena noticia de Jesús es: yo voy a llevarla a su consumación; la buena noticia de Pablo es ésta: “el Espíritu da vida.” No hay tensión, lucha, entre la letra y el espíritu, entre la libertad y la observancia, todo es renovado por la nueva alianza de la que Dios es protagonista. Dicho esto en palabras de Pablo, “Jesús nacido bajo la ley, fue enviado pro el Padre para rescatar a los que estaban sometidos a la ley y concederles ser hijos de Dios..” (Gálatas 4,4ss) Jesús va a decir en la cruz “todo está consumado…” (Juan 19,30) y una vez resucitado se presenta a sí mismo como obediente bajo la guía de la ley (Lucas 24,25-27, 44-48, Hechos 1,16).
ORA Y REFLEXIONA: REPITE CON FRECUENCIA Y VIVE HOY LA Palabra: “La ley mata, mientras que el Espíritu da vida…” (2 Corintios 3,6)
ORACION
Dios del cielo y de la tierra, en Jesús nos has revelado, no sólo tu gloria, nos has asegurado que ya compartimos tu gloria como hijos tuyos amados que somos. Y ahora nos alimentas con el cuerpo y la sangre de tu Hijo, por eso queremos expresarte nuestra absoluta confianza en ti. Amén

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