Esto es amor.
Cuando hablamos de algo importante solemos decir “del corazón del asunto…” con lo que queremos decir que es lo más importante de lo que estamos considerando. El corazón es lo esencial, el centro, la fuente de la vida. La fiesta de hoy, que le damos el título de “solemnidad,” lo más grande del festival del calendario de la Iglesia, como del domingo, que es una pascua en pequeño, nos recuerda que la devoción al Sagrado Corazón no es algo extra o que agregamos a nuestra vida. No, es algo fundamental de nuestra vida espiritual. Espiritual quiere decir “la vida en el Espíritu de Dios…” Esta es la celebración del amor infinito de Dios. Se asemeja al Viernes Santo, donde Cristo marcó con su entrega sus palabras: “nadie ama más que el que da la vida…” Y esto lo simbolizamos en el corazón humano y divino de Jesús, por eso lo llamamos “sagrado” que pertenece a lo íntimo de Dios.
Las tres lecturas que leemos hoy nos hablan de amor. Ezequiel habla al pueblo abandonado por sus líderes-pastores, que Dios será de ahora en adelante el pastor que los ama. En la segunda lectura, Pablo afirma que la promesa del profeta se ha realizado en Jesús. En Jesús el amor de Dios se ha hecho carne, el corazón de Dios ahora late en el corazón humano de Jesús. Nada nos ofrece una muestra del amor ilimitado de Dios que la muerte de Jesús en la cruz, muriendo por nosotros, y Pablo lo especifica: “Fíjense cómo Cristo murió por los pecadores, cuando llegó el momento, en un tiempo en que éramos impotentes.” En el evangelio, la figura central de la parábola de la oveja perdida, no es la oveja perdida sino el pastor, cuyo amor loco lo lleva a buscarla y traerla él mismo.
De ahí que de repente apreciamos la maravilla de la Santa Comunión. En este sacramento Cristo, el buen pastor, viene a vivir con nosotros. Ahora como Juan, el discípulo amado de Jesús, que se inclinó sobre el corazón de Jesús, nos encontramos descansando en el corazón amoroso de Jesús.
Meditemos brevemente cada una de las lecturas. Ezequiel dice “yo mismo en persona…” Cristo es le pastor que ocupa el lugar de los pastores… y las palabras que usa Ezequiel las aplicamos a Cristo. Ezequiel muestra la acción del pastor Yahvé-Cristo y usa imágenes del tiempo del Éxodo: “las libraré, las sacaré, las reuniré, las apacentaré…” La religión interior y verdadera es la acción del mismo Dios. Esté las ovejas en el destierro o en la patria, sus ovejas siguen siendo suyas; estén en el orden o en el pecado, el hombre sigue siendo siempre relación y dependencia de Dios. Dice el profeta: “ese día de negras nubes y tinieblas…” el día del juicio, del castigo, del fin de Jerusalén…” pero apuntan a otro día, sobre la cumbre de Jerusalén todos fuimos atraídos hacia la cruz y seguimos siendo apacentados en los ricos pastos de su místico cuerpo, la Iglesia. “Y él sigue buscando, vendando y cuidado como es debido… como lo hace el pastor. “
Pablo nos dice hoy: “Fíjense cómo Cristo murió por los pecadores, cuando llegó el momento, en un tiempo en que éramos impotentes (pecadores).” Nosotros no podemos superar el mayor mal, la muerte. Por eso, esto nos da esperanza de que este proceso inaugurado por Jesús seguirá su curso: “pues, si siendo enemigos, hemos recibido la reconciliación con Dios por medio de la muerte de su Hijo, con mayor razón una vez reconciliados, seremos salvados, por su vida.” Jesús vino a ofrecernos todo aquello que nos hace superar lo que nos impide nuestra propia realización, haciéndonos conscientes que la última meta a superar, es la muerte.
En el evangelio de Lucas, leemos la primera parábola del perdón, la oveja perdida o mejor del buen pastor. Con ello Jesús está afirmando que nuestro Dios es el Dios de los otros, de los pecadores, de los enemigos de Dios, de las prostitutas, no de los que piensan que la religión les pertenece y no soportan que Cristo hable del Dios de los otros. Jesús rompe la seguridad humana y presenta la buena noticia que se apoya en la piedad-bondad y la esperanza.
Las parábolas tienen dos fines: primero defiende su postura frente a los pecadores, los otros y, sobre todo el gesto del perdón que ofrece a los perdidos; y segundo Jesús muestra el auténtico rostro de Dios sobre la tierra. A través de las parábolas Dios se ha revelado como fuerza de amor que salva y crea. Cualquier pastor que ha perdido una oveja, deja las otras en un lugar seguro y se arriesga a buscar la que falta. El encontrarla provoca gozo y alegría de encontrar aquello que estaba ya perdido. Pues bien, dice Jesús, la forma de actuar de Dios es semejante. No le bastan los justos, se preocupa de los que viven en peligro. Este amor justifica la actitud de Jesús y de la Iglesia con respecto a los pequeños, los perdidos, pecadores y extranjeros.
Podemos de aquí deducir tres grandes líneas que orientan nuestro obrar como discípulos: primero, Dios ha revelado su amor, de un amor que busca lo pedido, que perdona y crea; segundo, a partir de la parábola se define a partir de la revelación del amor, Jesús se ha presentado como “la encarnación…” (manifestación) del perdón creador de Dios en medio de nosotros; y tercero el escándalo que produce su actitud significa en el fondo el rechazo del autén-tico Dios.
ORA Y REFLEXIONA, lee y repite y vive la Palabra: “Irán conmigo la dicha y tu favor 6mientras dure mi vida…” (El pastor siempre está conmigo…) (Salmo 23,6)
ORACION
Dios de amor, tú eres en realidad el buen pastor, porque tu amor por nosotros nos hace conocer que nunca nos faltará tu bondad y misericordia. Sabemos que siempre tú estás con nosotros, y que en la comunión del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos atraes al Sagrado Corazón y que un día viviremos para siempre en tu casa (corazón). Amén

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