Durante los días negros de la Segunda Guerra Mundial, el Papa Pio XII consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María. En 1980 el Papa Juan Pablo II hizo lo mismo. Siguiendo el ejemplo de ellos, nosotros celebramos hoy y honramos el Corazón Inmaculado de María, sabiendo que esta devoción, como toda la devoción mariana, nos acerca a su Hijo.
El corazón de María es el símbolo de su rica personalidad; y nos lleva a reflexionar en las alegrías y sufrimientos que experimentó, la alegría de dar la bienvenida al mundo a su divino hijo y de apretarlo contra su pecho, la angustia de buscarlo, cuando se perdió por tres días completos. La alegría mezclada con dolor y sufrimiento de recibir a sus hijos al pie de la cruz. Su Inmaculado Corazón es un desafío, porque como nos dice el evangelio hoy, ella guardaba todas las cosas en su corazón, reflexionándolas: ella fue una mujer de profunda oración. Su corazón es inmaculado, porque el pecado no pudo tocarlo. Y solo ella ha amado y servido a Dios como Dios quiere ser amado y servido. En palabras de la primera lectura “él me puso ropas de salvación y me abrigó con el chal de la justicia, y me abrigó con el chal de la justicia…” desde el primer momento de su existencia y en toda su vida ella “como la esposa se arregla con sus joyas,” está siempre dedicada a Dios y siempre complaciendo en todo a Dios.
Cuando Jesús venga a nosotros en la Comunión, será el momento ideal para pedirle a María que nos ayude a darle la bienvenida a su Hijo; a recibirlo con la misma alegría y gozo con que ella lo recibió en su seno.
El texto de Isaías que leemos hoy se nos ofrece, nos recuerda el canto de María. El profeta Isaías habla al pueblo llegado del exilio de Babilonia: “me puso ropas de salvación y me abrigó con el chal de la justicia, o como el novio se coloca su corana o como la esposa se arregla con sus joyas…” Es la alegría de la liberación que canta María en su canto: “se acordó de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres… por eso su espíritu se alegra en Dios su salvador…” Ahora su Hijo es esa salvación… es la transformación de la humanidad por Cristo, libre ya, no del exilio de Babilonia,,, pero indica al mismo tiempo que así como el pueblo pasa la prueba, nosotros debemos pasar la prueba que precede a la venida definitiva de Cristo. Cosa que también pasa en el evangelio con María y José, aunque Lucas lo centra en María con la pérdida de su Hijo en el templo y los tres días de búsqueda. Pero lo que Lucas nos quiere decir es que Jesús procede de Dios y debe ocuparse fundamen-talmente de las cosas de su Padre. Su sabiduría no procede de los maestros de la tierra, su pensar no es resultado del pensar del mundo. Para mostrar eso se nos cuenta que, siendo niño, 12 años Jesús se ha desligado de sus padres “se quedó sin que sus padres lo supieran…” y “en Jerusalén” donde dialoga con los maestros de la Ley de su pueblo y habita en la casa del Dios, su Padre verda-dero. Detrás de la historia hay otra historia. Aunque María toma la palabra, José y María aparecen como padres, sin que se aluda al tema de la concepción virginal. Como padres se muestran angustiados, pero Jesús los pone en otro plano que no entienden, “las cosas de su Padre…” Entre Jesús y sus padres se ha producido un ruptura, como lo vemos en otros evangelios (Marcos 3,20-21, 31-35 y Juan 2,4). Esta separación es cristológica, esto quiere decir simple-mente, que la presencia de Dios en Jesús va más allá de la comprensión de los hombres, en este caso de María y José y ellos se sienten desbordados, su hijo se vuelve incomprensible, tiene un Padre que le llama y ellos no son los due-ños del destino de la vida de Jesús. Esto es evidente en las familias de la tierra; llega un día en que los hijos dejan de ser la continuación de sus padres y buscan su propio camino en la ida (su ideal, su Padre). Sólo si los padres asumen esta ruptura y aceptan la lejanía e independencia de sus hijos podrán volver a encontrarlos, como sabemos que María ha reencontrado a Jesús, como atestigua el Libro de los Hechos 1,14: “Todos ellos perseveraban juntos en la oración en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús y sus hermanos.”
Jesús ha encontrado a su Padre en la tradición de la doctrina de su pueblo y por eso dialoga con los maestros de la Ley; le ha encontrado en el ambiente sagrado del antiguo templo y por eso permanece allí como en su casa. El antiguo misterio del Génesis 2,24 , de que el hombre maduro deja a su padre y a su madre y viene a unirse a su esposa, se realiza en Jesús de una manera distinta, si abandona la seguridad del hogar paterno es para cumplir la voluntad del Padre, es decir, ocuparse de las cosas del Padre.
Finalmente la historia se vuelve una especie de parábola, que indica el contenido de toda la existencia de Jesús. Para mostrar mejor el contraste se le presenta como un niño, pero en realidad alude a su vida entera: naciendo en una familia de este mundo, Jesús es de más allá, pertenece al misterio de Dios. Creciendo en la familia, vuelve con sus padres a Nazaret, pero Jesús siempre ofrece un rasgo extraño, esconde un misterio de unión con el Padre; tiene un mensaje especial que le hace ser más que simplemente humano. María su familia, ha debido sentirlo “guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón…” Como Lucas lo ha presentido, no habrá sido fácil convivir con el Jesús que va creciendo.
ORA Y REFLEXIONA: lee hoy, repite y vive la Palabra: “Su madre por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón.” (Lucas 2,51)
ORACION
Jesús Hijo del Padre y de María y José, hijo de tu pueblo de Israel, que nos traes el misterio, el proyecto, las buenas noticias de Dios para la humanidad, te damos gracias por tu presencia en medio de nosotros. Haz, que siguiendo el ejemplo de María, te encontremos en la oración y meditación de tus hechos y palabras en el Evangelio. Te alabamos junto al Padre y al Espíritu, ya que eres y vienes de Dios. Amén.

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