Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 21 de junio de 2007

HOMILIA Y ORACION

EL PADRENUESTRO
Todo lo que dice Jesús en el sermón del monte lo podemos resumir en esta frase: el Reino de Dios. Y cuando oramos por el Reino de Dios y por la voluntad de Dios aquí en la tierra como en el cielo, estamos deseando y apuntando al día en que eso se haga realidad en el mundo que vivimos.

La tentación, por otra parte, es pensar que todo eso es algo del futuro. Muchos católicos y personas religiosas miran al mundo a su alrededor y lo ven en un tremendo desastre, como el lugar de los son Dios. Y esto no es compatible con la fe, ni es la manera de mirar al mundo. La redención no es algo que está por venir, la salvación, el Reino de Dios no es algo que tiene que venir en el futuro más allá de nuestra muerte. Es algo que está sucediendo ahora, algo que está creciendo a nuestro alrededor.

Por eso no oremos hoy por la venida del Reino de Dios sino por la gracia de ver los signos del él a nuestro alrededor en este mundo donde vivimos. Lo vemos en los hombres que luchan por la paz, por la legalización de los emigrantes. Lo vemos en personas que, en medio de terribles situaciones, son capaces de perdonar, de volver la otra mejilla y no hacer violencia y que aman a los que los odian y no quieren hacer violencia, y que responden a las críticas, malos juicios y prejuicios con la serenidad y una bendición. Lo vemos en muchos, que no creen en Dios y viven en el servicio a los pobres. Los signos del Reino de Dios están por todos lados para aquellos que tienen ojos para ver.

Vemos a Pablo hoy tratando de justificarse ante la comunidad de Corinto, y exagera podemos decir los rasgos de su personalidad, y declara su sentido de responsabilidad con una comunidad que según la gracia que le ha sido concedida, ha edificado como “sabio arquitecto” (1 Corintios 3,10). Es, y se precia de serlo, el mediador del desposorio de la iglesia con Cristo. El símbolo del amor matrimonial constituye el soporte que figura entre los más fructuosos en su manera de entender la Iglesia, Pablo, aunque célibe (1 Corintios 7,7) conoce las situaciones matrimoniales y las emplea en sus enseñanzas (Efesios 5,25-27)

Cristo es el esposo y la iglesia la esposa: la unión sirve como signo del amor de entrega, liberador y purificador. Pablo permanece vigilante para que la esposa (o prometida, la Iglesia de Corinto), persevere en la firmeza de su vínculo con Cristo realizado en la acogida al Evangelio. Pablo tiene miedo que la fragilidad de la fe de los corintios en ese evangelio, les haga poner en riesgo la sencillez y pureza inicial, en la que fueron formados por él. Por eso avisa contra el predicador “poco de fiar” y de la seducción producida por ciertas catequesis discordantes con las suyas. Tal vez eso es lo que él llama “los superapóstoles. La defensa de la indisolubilidad de la unión eclesial-cristológica (la unión entre Cristo y la Iglesia, a ejemplo de Eva que tropezó (3) hacen comprensibles “los celos a lo divino” que muestra el apóstol que lo podríamos traducir: “os considero felices con una felicidad de Dios”. Y Pablo hace declaraciones de amor dirigidas, además de a Cristo, a los discípulos de Corinto: “¿acaso habré hecho esto porque no os amo? Bien sabe Dios que los amo.” (11). Hoy, muchos católicos no entienden eso, porque les falta a su fe la calidad de comunidad y fraternidad. Por eso critican todo y a todos.

En el evangelio, la oración del Padre nuestro es un don de Jesús y una necesidad de los discípulos. Mateo ofrece la versión más larga, al contrario de Lucas que ofrece una versión más reducida (Lucas 11,1-4) Jesús enseño a los discípulos el centro de la relación con Dios y sus motivaciones en la vida práctica. La fe y el diálogo con Dios, el Padre, constituyen la experiencia y la enseñanza de Jesucristo, el Hijo del Padre. La voz del ser humano sube a Dios confiando en Dios, nuestro Padre: no se dirige a una divinidad, sino al Dios paterno. La liturgia dialoga desde siempre con el Padre en Cristo por el Espíritu Santo.

La revelación manifestada por Jesucristo de que Dios es padre, mi padre, vuestro padre, nos remite a la palabra y la acción: el cielo y la tierra es el espacio de sintonía entre Dios y los hijos de Dios. La oración de Jesús al evitar la sobreabundancia de las palabras es indispensable para ser escuchados, no es más que un rito, es un estilo, una manera de situarnos entre el hoy de cara al futuro. La oración del Padrenuestro es una profesión esencial de fe, una animosa expresión de intenciones. Podemos hablar del antes y después del Padrenuestro y por eso tiene expresiones concretas en la vida humana y el carácter real de las personas, que son hijos de nuestro Padre y se han convertido en hermanos nuestros.

Así la oración puede florecer en corazón y en los labios de cualquier hombre: con la única convicción de estar convencidos de que Dios es padre y de que todos los hijos de Dios son hermanos. Es la oración ininterrumpida, o la acción de gracias de que habla Pablo en 1 Tesalonicenses 5,7ss: “oren en todo momento. Den gracias por todo.”

ORA Y REFELXIONA quiere decir hoy, celebra “no recites” y vive hoy la Palabra: “Padre nuestro que estás en el cielo…” (Mateo 6,9ss)

ORACION
Padre, abre nuestros ojos. Cura nuestra negatividad y nuestras actitudes cínicas que nos impiden ver el trabajo de tu Espíritu en el mundo donde vivimos. Danos la alegría de reconocer y gozarnos de los signos de tu Reino en nuestro mundo, hoy. Y que voluntad se cumpla en nuestra vida. Amén

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