Apreciar las cosas importantes.
Una de las cosas que los seres humanos tenemos que aprender es que lo que luce a primera vista como satisfacción es con frecuencia ilusión. Tenemos que poder decir: “No, hay algo mejor y más profundo que tomar lo que es a primera vista atractivo.” Esto es lo que hace Abram en la lectura de hoy. Se levanta una disputa, no entre Abram y su sobrino Lot, sino entre sus respectivos pastores, lo que es lógico entre nómades cuando hay escasez de pasto y agua para sus animales. Por eso Abram valorando más la paz de la familia, le ofrece a Lot una oportunidad. No es de sorprender que Lot toma lo que a su vista es la tierra más fértil en el territorio pequeño para los rebaños, y Abram se queda con la tierra de Canaán. Y ya no damos cuenta que Lot tomó la decisión equivocada, y el territorio de Abrahm se volvió la tierra fértil. Tenemos que observar un punto importante que, somos invitados a admirar a Abram “que levantó un altar al Señor.”
La enseñanza de no quedarnos con lo que a primera vista nos satisface, está en las enseñanzas y dichos, un poco reunidos sin mucho relación entre ellos, en el Sermón de la montaña, acerca de nuestros instintos, un sentido por lo santo y un aprecio por la importancia de las personas, que Jesús recomienda como “el camino angosto.” ¿Y qué pasa con nosotros? ¿Qué es lo que el Señor nos pide aceptar como don y gracia de él, de las cosas que realmente son importantes?
El relato del Génesis se centra en la relación de los israelitas con los amonitas y edomitas, y en el fondo se nos empieza a hablar de que los nómades comienzan a ser sedentarios, se establecen permanentemente en la tierra, y el recuerdo originario de una lucha entre clanes emparentados.
Ahram se ha vuelto muy rico, y esto constituye un signo de la bendición divina derramada sobre é y su sobrino. Como fue jefe del clan, se preocupa de que haya bastantes pastos y pozos para su gente y sus ganados. Cuando esto se vuelve insuficiente ofrece a su sobrino la posibilidad de elegir. Las riquezas en realidad le dejan el corazón libre y desprendido. Lot “levantó la vista” y escogió la mejor parte, pero se verá luego sin futuro. La belleza del valle del Jordán antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, enfatiza el cáncer de la corrupción de quienes la habitan. Abram que no tiene hijos acepta la parte más pobre, su corazón demuestra una vez más, que se apoya solo en Dios que le había llamado y ve mucho más allá del presente. Abram escoge a Dios y su promesa. El Señor a su vez invita a Abram a levantar la vista y a recorrer la tierra a lo largo y a lo ancho, toda la tierra que le va a dar y le asegura una descendencia numerosa “como el polvo de la tierra.” (16) Lot lo ha tenido todo, de inmediato, pero el presente se le manifiesta inconsistente, efímero y pasajero. Abram cree en el futuro de Dios y su esperanza no será defraudada.
Jesús nos propone varias enseñanzas que tienen que ver con “el arcano”, el misterio, lo único importante. La primea es la “los perros” y los “puercos” que son los paganos para los judíos, pero posiblemente en boca de Mateo se refiere a los cristianos impenitentes, a los que no se debería ofrecer “lo santo” ni “las perlas” que son el Pan y la Palabra.
La segunda enseñanza es “la regla de oro”, que para Mateo resume la enseñanza del Antiguo Testamento, la Ley y los Profetas. Los discípulos al contrario de los fariseos que dicen pero no hacen (23,3) deben proceder como su Padre Celestial, que se muestra benévolo con todos. Reconocerle como Padre equivale, en efecto, establecer también una nueva relación con los demás hombres, amándolos como hermanos.
La importancia de lo que Jesús ha dicho lo encontramos en lo que dice sobre la “puerta angosta” La Palabra de Jesús, más aún Jesús mismo (Juan 10,7) da entrada a la vida filial y fraterna, el camino angosto conduce, sin embargo, conduce a la plenitud de la vida (13ss). Cualquier puerta o camino que no sea el amor al Padre y a los hermanos conduce a la perdición.
El camino ancho es el que toman muchos; el camino angosto y exigente del Evangelio atrae, en cambio, sólo a los que se dejan guiar por el Espíritu filial que clama: “ven al Padre.”
Ambas lecturas nos ofrecen la continua situación que se encuentra el hombre libre a quien se le propone una elección; siempre hay dos caminos abiertos: uno conduce a la vida y otro a la muerte.
Abram deja que Lot elija y éste toma, como muchos, el camino ancho y fácil, en el que todo está dado de inmediato, ya mismo. Es hacer lo que nos place, en satisfacer nuestros propios deseos sin preocuparnos de los demás. Jesús exhorta a tomar el “camino angosto”, porque el mal es ancho al principio, pero después se hace angosto y acaba ahogando en él a los que se aventuran por sus fáciles accesos.
El bien se presenta duro, exigente al principio, y luego ensancha cada vez más el corazón de quien lo hace. Abram es un ejemplo de eso. El patriarca en una tierra desierta y pobre, emprende el camino de la fe y, con corazón libre y pobre, puede moverse libremente por la región ilimitada del amor verdadero y de la vida plena; a la que se accede dando siempre a otros, el primer puesto, reconociendo en cada uno el rostro de un hermano. Recuerda la palabras del salmo 62,1: “Oh Dios, tú eres mi Dios, desde el alba te deseo…”
ORA Y REFLESIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Muéstrame, Señor, tus caminos, instrúyeme en tus sendas…” (Salmo 24,4)
ORACION
Dios y Padre celestial, ensénanos tu sabiduría. Con frecuencia somos atraídos por cosas que parecen importantes pero en realidad no lo son, son ilusiones, y no apreciamos las cosas realmente importantes. Concédenos que siempre escuchemos tu Palabra y la obedezcamos. Amén.

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