Un alpinista cayó al precipicio y alcanzó a último momento agarrarse de una rama y quedó suspendido en el aire y en su desesperación gritó: “Por favor, Dios, si hay alguien ahí arriba que me ayude.” Y Dios le respondió: “Déjate caer que yo te agarraré cuando vayas cayendo.” Y Luego de una larga pausa el hombre preguntó: “¿No hay otro por ahí arriba?”
En la historia de hoy, Abram por un momento pierde la fe en conseguir un hijo. Y Dios le contesta y lo invita contar las estrellas del cielo si puede…” para que considere el número de sus descendientes. Porque es Dios quien habla, Abram cree, y esto es todo lo que se exige de él. A pesar de la manera de hablar de Jesús acerca de los árboles buenos y malos se puede confiar que Dios siempre dará la posibilidad de frutos buenos. Y nosotros podemos, como lo hace Abram, poner nuestra confianza en Dios.
Al acercarnos en el calendario a la mitad del año será bueno que nos examinemos cómo anda nuestra confianza en Dios. ¿Dónde faltamos a esa confianza? Luego podemos pedirle que afirme nuestra fe de que Dios oirá nuestra oración.
Nos encontramos en la primera lectura ante un texto en que se unen distintas tradiciones muy antiguas, que usan imágenes antiguas, se narra las condiciones del pacto entre Dios y Abram, alianza que tendrá su continuación en Moisés y encontrará su forma definitiva en Cristo.
Se nos presenta a Abram como un profeta al que Dios le revela su palabra en visión. El oráculo de salvación, “No temas…” contiene la seguridad de la promesa divina “Yo soy tu escudo…” y una promesa, “Tu recompensa será muy grande…” Abram portador de la promesa vive en una situación muy precaria que parece anular la misma promesa: no tiene hijos y ha sido probado en su fe. Dios le responde prometiéndole un hijo y una descendencia numerosa. A Abram se le pide de nuevo que “salga”, para “ver” el signo que Dios le ofrece. En centro del capítulo está en “Creyó Abram y Dios lo tuvo en cuenta…” Abram cree, pero no en algo sino en alguien a Dios, el cual, como los sacerdotes delante de las víctimas de los sacrificios que se ofrecían “testifica su justicia…” “Todo ha sido cumplido como estaba mandado…” (Cristo hace esto en la cruz: “todo lo he cumplido…”) Hay todo un rito antiguo de juramento con el que Yavhé se compromete totalmente a favor de Abram,. Yavhé pasando entre las víctimas, pronuncia sobre sí una auto maldición, es decir, padecer la suerte de los animales descuartizados. Cuando se apaga el sol Abram entra en un sueño, como el de Adán cuando Eva fue creada. Es un estado de experiencia extraordinaria con el misterio inexpresable de Dios. También un gran terror se apodera de Abram, aparecen allí las aves rapaces, pero en medio de todo eso se proclama la fidelidad de Dios.
Las palabras de Jesús forma parte de conclusión del sermón del monte, contiene una invitación a los apóstoles a vivir en santidad y justicia, con una coherencia entre palabras y las obras, expresada a través de la imagen de los “frutos”, que se repite siete veces.
La invitación de Jesús a tener cuidado con los falsos profetas, no está dirigida aquí a los que dicen cosas equivocadas, sino más bien, como le gusta a Mateo (23,3) dirigidas a los que no hacen lo que enseñan a otros. Su simulación les hace parecer ovejas por fuera pero por dentro “son lobos rapaces…” Se trata aquí de los discípulos enviados por Jesús a representarle (10,41 y 23,24) a proclamar el evangelio, sin embargo como ocurría ya en el Antiguo Testamento, junto a los verdaderos enviados hay otros que son falsos (Ezequiel 22,27). Se nos da el método para reconocerlos: las obras buenas que realizan. En realidad el árbol se conoce por sus frutos. La vid y la higuera, árboles importantes en Israel, serán cortados si permanecen estériles, sólo quedará el árbol despojado y maldito de la cruz, del que se podrá coger el fruto justo y santo, el fruto bendito del seno de María.
Los frutos buenos que nos pide el Señor, ésos que pueden dar testimonio de la calidad del árbol que los produce, maduran sólo en la fidelidad constante del pacto que Dios ha establecido con nosotros. La primera y más importante alianza para nosotros es la bautismal, en virtud de la cual nos volvemos hijos del Padre y por consiguiente, decidimos renunciar al demonios, sus tenta-ciones y seducciones. Las aves rapaces del sacrificio de Abram, que tiene que luchar para espantarlas es anuncio de la insidia y tentación que se repite en todo intento humano de fidelidad a Dios. EL compromiso de conversión ha de ser, por lo tanto, custodiado y renovado continuamente, si queremos de verdad que Dios entre poderosamente en nuestra vida como luz y como fuego, y vuelva cada vez más sólido nuestro vínculo de amor con él. De lo contrario arriesgamos ser falsos profetas, gente que tiene en sus bocas palabras de Dios, pero no vive lo que cree, que dice pero no obra. Esto es la incoherencia de una falta de amor. En efecto, quien ama cumple la voluntad del amado. Ahora bien, no se trata de un compromiso nuestro, la fidelidad del amor y en el amor es un don que se obtiene de Dios, por medio de una oración humilde e insistente: “Pidan y recibirán…”
ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Tus preceptos son una maravilla, por eso los observo….” (Salmo 118,129)
ORACION
Dios y Señor nuestro siempre estamos en creer y en no creer. Ayuda nuestra incredulidad, haznos firmes en la fe, para que como Abram, podamos dar buenos frutos para ti.

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