Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 28 de junio de 2007

HOMILIA Y ORACION


¿Edificados en la roca?

Hay un libro que se basa en un slogan: “Los hombres son de Martes y la mujeres de Venus.” No importa lo que pensemos del libro pero esa afirmación nos puede ser útil, en que nos recuerda las dificultades de comunicación entre los sexos en el matrimonio.

En la lectura de hoy del Génesis, Sarai está tratando de complacer a Abram, a quien se le ha dicho repetidas veces que tendrá un hijo y descendientes más numerosos que las estrellas del cielo. Por eso ella sugiere de una manera noble y generosa, de que debe tomar a Agar como segunda esposa. Y lo inevitable sucede, Agan concibe y desprecia a Sarai. Y ésta dirige todo su enojo a Abram quien dirige la culpa en Agar, y lo cual causa que Agar huya ante de los malos tratos de Sarai. Y todo parece suceder como acontece en una familia infeliz Pero Dios trabaja detrás de las bambalinas, como decimos, y lo sabemos porque Agar encuentra en el desierto a un ángel. Y ésta vuelve y dará a luz a un gran jefe, el padre de los árabes, y es la razón porque los musulmanes reverencia a Abram; y mucho más tarde es Sarai la que tiene un hijo, a quien le pone el nombre de Isaac, porque Dios está al mando de todas las cosas.

Y ¿nosotros qué? Todos tenemos nuestras propias fragilidades pero nos olvidamos que en ellas trabaja Dios. Nuestra responsabilidad, en palabras del Evangelio de hoy, es levantar una casa sobre la roca. Cuando la casa tiene esa base sólida, entonces, no importa que, ni los fracasos en las comunicaciones, ni los problemas o tensiones en la familia, nada la puede sacudir.
En el relato del Génesis se juntan dos cosas, un rico material tradicional y una interpretación teológica, es decir, una lectura de la historia desde el punto de vista de Dios que denuncia un celo excesivo a la hora de ver realizada la promesa de darle una descendencia, promesa hecha por Dios a Abram. En efecto ante el retraso del cumplimiento, Sarai, obtiene el consentimiento para tener un hijo por medio de su esclava. Esto estaba previsto en el código de Hammurabi, y desde el punto de vista humano, no hubiera habido nada que objetar, pero, lo que el autor quiere sacar a la luz es que la promesa tiene que ser cumplida por Dios mismo, sin plan o embrollos humanos. Agar se enorgullece por su condición ante Sarai, pero ésta la maltrata hasta hacerla huir. Sartai al afirmar: “la injusticia cometida conmigo te concierne…” se dirigía a Abram porque de él dependía la solución jurídica del asunto. El ángel del Señor encuentra a Agar en el desierto la invita a volver y a permanecer sometida, por otra parte el nombre de Ismael significa “Dios ha escuchado…” y el niño se convertirá en un indómito habitante del desierto.. Dios aunque protege a Ismael, no lo considera el hijo de la promesa. Al hombre se le pide una fe absoluta en la Palabra del Señor, una palabra que se cumplirá “en el tiempo que él mismo ha fijado…” (21,2) por consiguiente, no sólo es preciso creer en Dios, sino a aceptar asimismo las maneras dispuestas por él para el cumplimiento de su promesa.

El evangelio comienza mostrándonos a Jesús muy exigente; no basta con decir, también es preciso cumplir la voluntad del Padre que pide santificación en el amor, como dice el profeta Oseas 6,6: “Misericordia quiero y no sacrificios…” Jesús no reprocha la simple incoherencia, lo que Jesús denuncia es la autosuficiencia de quien se considera una persona de bien, porque dice, “Señor, Señor…” sin que Jesús sea en realidad el Señor de su vida.
Luego escuchamos la parábola de la casa construida sobre la roca como ilustración de la actitud del verdadero creyente, es decir, del que pone en práctica la palabra que ha escuchado. Seremos necios o sensatos según dónde pongamos los cimientos de nuestro edificio espiritual. El que los ponga en la arena se verá arrollado por las tempestades. Sólo el que construye en la roca de la Palabra, el que va edificando su vida días tras día, podrá construir su morada en un lugar de encuentro con Dios y con los hermanos. Vemos la admiración de la multitud ante las enseñanzas de Jesús, que no se basa, como los rabinos, en una tradición anterior, sino que tiene en sí mismo la autoridad de Dios y lleva a cabo aquello para lo que Dios lo ha enviado (Isaías 55,11)

“Hacer la voluntad de mi Padre que está en el cielo…” es que pongamos en práctica la Palabra de Jesús; más aún que nos convirtamos nosotros mismos en la Palabra acogiéndola, custodián-dola en nosotros dejándonos transformar por su secreto dinamismo interior. Y esto es un proceso lento. San Benito decía algo respecto de eso: “No hemos de querer que nos llamen santos antes de serlo…” Podemos forzar el tiempo, decir una cantidad de palabras hermosas que nos ilusionen a nosotros mismos y a los otros. El Señor crucificado se pone en silencio ante la mirada de nuestro corazón para recordarnos que no podemos hacer trampas con Dios. Tampoco podemos encontrar astucias o atajos. Suyo es el proyecto, suyos son el tiempo y la manera. A nosotros nos corresponde el humilde reconocimiento en nuestra vida diaria, de su santidad, de su amor, que como dice Pablo “nos elegido antes de la creación para se santos e inmaculados en su presencia…” (Efesios 1,4)

ORA Y REFLEXIONA: repite y vive hoy la Palabra de Dios: “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica…” (Lucas 11,28)

ORACION
Señor, enséñanos hoy y siempre a construir nuestra casa en la roca de tu palabra, para que entre los alegrías y las tristezas de nuestra vida, podamos sentir la paz que deseas darnos. Amén

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