Lunes, junio 4 del 2007
Hay un cierto paralelo entre esto y la parábola de Jesús de hoy. Muchos comentaristas identifican a Dios como el dueño de la viña, a los trabajadores con los judíos, a los siervos con los profetas, y al hijo con Jesús. Si seguimos ese camino nos vamos a ver forzados a concluir que el mensaje de Jesús, en la parábola, es que los judíos quedan excluidos de la gracia de Dios. Parecería que la parábola se centra en un juicio, lo hay es cierto, pero no es toda la verdad. A veces es mejor y más simple leer y absorber el mensaje dirigidos por la sabiduría. A veces aprendemos cosas en un sentido profundo cuando no analizamos demasiado las cosas y prestamos atención al mensaje.
Con la primera lectura comenzamos a leer el libro de Tobías. El primer mensaje que escuchamos es el nombre “Tobías…” que quiere decir “mi bondad…” Pero puede tratarse de que la bondad no es Tobías, sino el Señor, por lo tanto significaría “el Señor es bueno…” o, también, “el Señor es mi bien…” El libro de Tobías no es una narración histórica sino de enseñanza y de carácter edificante. Abundan en ella los rasgos maravillosos y las exhor-taciones morales. El propósito del libro es transmitir una enseñanza moral a través de un lenguaje ficticio y parabólico. Aparecen los perfiles de dos figuras, en primer lugar, la de Dios que no cesa de proveer a sus fieles, el Dios providente, y que si los somete a pruebas es para premiarles después. Y, en segundo lugar, la figura del verdadero creyente, Tobías, que se señala por el cumplimiento riguroso de la Ley del Señor y por la caridad para con los hermanos.
Es un judío que vive en el exilio y no ha abandonado “el camino de la verdad…” (1,1) En el exilio, entre personas de cultura diferente y de costum-bres distintas, hostiles por lo general, resulta fácil olvidar (o esconder) la propia identidad moral y religiosa. A Tobías, no, el permanece firme a las tradiciones de sus padres. Se muestra hospitalario y, en las solemnidades, acostumbra a invita a comer a algún indigente. Su familia es por lo tanto una familia abierta, tal como recomienda la Biblia con frecuencia. Su hijo le advierte de un judío asesinado y tirado en la calle. Lo recoge y esperar el anochecer para enterrarlo dignamente, lo cual es tremendamente peligroso. Tobías ya ha sido amenazado de muerte por hacer cosas similares. Su parientes se lo reprochan, no quieren que se exponga, pero Tobías obedece a Dios antes que al rey. La observancia de la Ley es lo primero. La fe de Tobías se presenta como una fe valiente.
La parábola hay que entenderla a la luz de un doble fondo, primero el fondo literario que es la alegoría de Isaías (5,1-7) “Israel es la viña del Señor…”. Con ella Isaías sintetiza toda la historia de Israel, Dios ha cuidado de su viña, por otro la obstinada respuesta del pueblo y es una historia que no se puede continuar indefinitivamente. Hay un juicio de Dios “Le quitaré su cerca y servirá de pasto, derribaré su cerca y será pisoteada.” Y luego hay una realidad histórica, el pueblo siempre ha rechazado a los profetas. Si leemos la parábola desde este doble contexto, se convierte en una interpretación de lo acontecido con Jesús, rechazado por el pueblo de Israel. Hay una continuidad entre la suerte de los profetas y la de Jesús. Pero hay una diferencia: Jesús no es solamente un siervo, sino el Hijo amado. Dios ha enviado a su Hijo, no sólo a los profetas, el dueño es paciente, envía a su propio Hijo, “a mi hijo lo respetarán…” (6) La paciencia tiene su límite, y no puede aceptar la violencia de los labradores.
SI bien el tema de la parábola es cristológico, nos apunta a Cristo, también va unida al tema del juicio. La parábola se convierte en advertencia. Dios es fiel, pero no carece de verdad, a Dios nadie lo trampea: los labradores son castigados y la viña pasa a otro (9). El juicio muestra que Dios toma en serio la responsabilidad nuestra, nuestra libertad. El fin de la parábola no es solo amenaza, sino esperanza, la última palabra: “la piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra angular…” (10) La cita tal vez no corresponde a Jesús, sino al comentario de la misma realizado por Jesús o por la comunidad. Es una clara alusión a la resurrección y a la fidelidad a Dios: la última palabra no es el rechazo que padeció Jesús, sino la intervención de Dios en solidaridad con su profeta, con su Hijo. Y entonces aquel que es rechazado se vuelve en un instrumento de salvación. Dios escoge a aquel que los hombres descartan.
El mensaje es claro, Tobías es el hombre dichoso “que no abandonó el camino de la verdad…” Tiene un corazón grande, orientado siempre al bien, no se fija en el juicio de los hombres, actúa con libertad, no puede gozar sólo, siente como suyo el drama de su pueblo. El evangelio nos presenta otra manera de enfrentare la vida, como los labradores, acapararla y explotarla al máximo para el propio provecho. Nosotros tenemos que ver esta realidad.
ORA Y REFLEXIONA, lee y vive la palabra: “El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo…” (Salmo 111,6)
ORACION
Señor Jesús, gracias por tus enseñanzas, por la abundancia de tu sabiduría que encontramos en tus parábolas. Haznos escucharlas con la frescura que salieron de tus labios, abre nuestras mentes para aceptar el desafío y acogerr con corazón noble y generoso esas enseñanzas. Amén

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