Una tira cómica de tinte político, muestra a un periodista en medio de la destrucción de la guerra preguntando a un iraquí ¿De dónde todo este odio y destrucción? Y el iraquí enojado responde: “Un miembro de esta familia mató a un miembro de mi familia.” Y el periodista le pregunta: Y ¿cuándo sucedió eso? Y su interlocutor le de responde: “En 1535…”
Es difícil para nosotros entender peleas de sangre que llevan siglos.
Algo de esto sucede en el evangelio entre judíos y samaritanos. Jerusalén y Palestina no quedaron vacíos con el exilio de Babilonia. Los asirios intro-dujeron personas de otros pueblos en lo que era el Reino del Norte. Esto era una medida para controlar a los pueblos conquistados. Y los que ubicaron en el norte del país adoptaron la religión de ese lugar, el judaísmo. Durante el exilio, ellos también emigraron al sur del país, que había conquistado por Babilonia.
Los exilados encontraron a los samaritanos entre otros, viviendo en Jeru-salén cuando vuelven. Y no tenía en gran concepto, por decir, a los samari-tanos, porque no eran de la sangre judía pura; además los samaritanos se casaban con otras nacionalidades, impensable para los judíos. Y los sama-ritanos se retiran al norte, y establecieron su propio templo en el Monte Garizim. Y los dos grupos nunca se reconciliaron.
Aunque esta experiencia es difícil de entender para nosotros y también entender estos problemas que duran por siglos, especialmente si queremos entender el llamado radical de Jesús a que nos llama en el evangelio hoy.
La primera lectura del Libro de los Reyes nos encuentra con Elías mucho antes de su exilio. El ha entrado en un desafío con Jezabel, la esposa del rey de Israel que ha introducido culto a dioses paganos en Israel. Y Ajab mismo se ha casado fuera de la religión judía, y su esposa introduce ídolos en los lugares sagrados de Israel. Elías desafía los profetas de Jezabel a ver qué dios es más poderoso, y Yavhé fue el triunfador mandando fuego para consumir el sacrificio y que los profetas de Jezabel no pudieron hacer.
Elías se escapa de las iras de Jezabel huyendo al sur. Y allí Dios le ordena elegir un sucesor. Y el sucesor, como lo vemos en la historia de hoy, es Eliseo.
Como Elías, los apóstoles Juan y Santiago quieren mandar fuego del cielo para castigar la falta de respeto de los samaritanos con Jesús, al no dejarlo entrar en su ciudad. Jesús los corrige. Antes de enviar a sus discípulos en su primera misión, les dice que no tienen que vengarse de nadie porque no los escuchan o no reciban y no les quieran extender la hospitalidad. Les dice que deben salir de la ciudad y sacudir el polvo de sus sandalias. En una cultura que honraba la venganza como un deber, esto de Jesús era bien claro contra las normas.
Al comenzar Jesús su viaje a Jerusalén donde sufrirá y morirá, algunos se juntan con los discípulos para seguirlo. Al primero que se ofreció a seguirlo voluntariamente, le responde que él y los discípulos carecen de techo. Al segundo, que trae a la memoria el pedido de Eliseo a Elías, de cuidar primer de su padre, pero Jesús le niega el permiso.
No es que Jesús tenga duro el corazón, sino que está enseñando lo radical y definitivo que es su llamado. No hay lugar para compromisos. Eliseo quema su arado y usa la carne de sus bueyes para dar de comer, indicando que ya no hay manera de volver atrás. Jesús le dice al tercer voluntario, que ni siquiera se puede mirar atrás.
Jesús no permite que las peleas de sangre se conviertan de nuevo en venganza. Tenemos que mirar al frente y seguir a Jesús. Cuando Pablo escribe de libertad en la Carta a los Gálatas, nos habla de la libertad que tenemos de seguir a Jesús. Tenemos que usar esta libertad para responder a su llamado radical y definitivo, y vivir como hemos respondido al llamado.
ORACION
Padre de bondad, que por medio de tu gracia nos has hecho hijos de la luz, concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por Cristo, el Señor. Amén.

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