Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 6 de julio de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO 2007
El patito feo

Por años la emisora BBC, los sábados tenía un programa para niños, cuentos infantiles, donde todos los niños podían pedir su cuento favorito. Uno de estos cuentos favoritos era El patito feo. La historia dice que este patito feo era rechazado por los otros patos que no jugaban con él. Hasta que un día le dijeron que él no era un pato sino un hermoso cisne. ¿Yo, un cisne? dijo el patito feo. Y le contestaron, “No solamente eres un cisne sino un hermoso cisne.” Esta historia de adversidad y triunfo, no es sorpresa que atrajera la atención de los niños que escuchaban el programa.

Pues, Mateo, el cobrador de impuestos es el patito feo de la historia de hoy. Despreciado por los judíos, no había alegría en la vida de Mateo. ¿Cómo podría haberla? Se había vendido a sí mismo por el dinero y traicionado a su pueblo, hasta que un día Jesús lo encuentra y lo invita a ser uno de sus seguidores y discípulos. Mateo se vuelve un apóstol y su nombre hace ahora de título de uno de los evangelios. Su historia demuestra lo que puede pasar con las personas cuando encuentran misericordia.

Sucede con frecuencia, aún en la iglesia, el despreciar o tener en menos ciertas personas. Es muy fácil en nuestra sociedad excluir a aquellos que claramente no merecen nuestra atención. La justicia y la verdad lo exigen. Pero hay una posible transformación que sólo la misericordia puede alcanzar. La misericordia no ignora la justicia ni la verdad, pero va más allá.

Con la muerte de Sara, que crea el problema de la sepultura, comienza Dios a cumplir la promesa a Abram “de que esta tierra será tuya…” Dado que es un emigrante no posee ninguna tierra como suya. Debe tratar con las autoridades de Hebrón. El tener una sepultura para Sara le da el ser un ciudadano con plenos derechos. Y esta posesión, en la historia de Abram, es como la “señal…” de la promesa de poseer de todo el país. Pero Abram recibe de nuevo una llamada a vivir de la fe, con la esperanza de los bienes futuros que sólo pueden ser dados como don. (Hebreos 11,13-16) Y leemos hoy parte del capítulo 24, que nos muestra que Yavhé guía la historia llevando adelante su acción de elección y bendición con Abram. Este confía a su anciano siervo con una juramento sagrado la tarea de buscar esposa para Isaac, alguien que sea de su parentela. De ninguna manera Isaac debe abandonar la tierra de la promesa. La misión concluye felizmente, porque cumple Dios no sólo la promesa de la tierra, sino también la de la descendencia. Rebeca se abre dócil a la acción de Dios en ella, convirtiéndose en la madre de Israel y un instru-mento de la perpetuación de la bendición divina.

El texto del evangelio se centra en la afirmación de Jesús: “Yo no he venido a llamar justos sino a los pecadores…” (13) Jesús prosigue con el tema iniciado con la curación del paralítico. Por eso llama a un publicano, identificado con Mateo (9) después va a comer a la casa del nuevo llamado (10) y por último, responde a la objeción de los fariseos declarando su misión de salvador (11-13)

Interesante observar, que el nombre Mateo significa “don del Señor…” En Marcos se llama Leví ,no Mateo. El ejercía una profesión de mala fama, además de cobrador de impuestos era un colaborar de los romanos. De ahí el escándalo de los fariseos al ver a Jesús sentado entre pecadores públicos que se le acercan en plan familiar. Jesús les responde como un médico venido a curar a los enfermos. En realidad Dios dice de sí mismo: “Yo, dice Señor, me cuido de ti…” (Éxodo 15,26) ¿Qué enfermedad puede ser más grave que el pecado (Salmo 103,3) que nos aleja de sentirnos hijos amados por Dios? Cuando más pecadores seamos, tanto más se acerca el Señor a nosotros, porque tenemos necesidad de él y viene a buscarnos. “Entended, dice Jesús lo que significa “misericordia quiero y sacrificios.” (Oseas 6,6)

A él debemos volver porque no será el culto exterior, los sacrificios y las expiaciones las que nos curen, sino el descubrimiento de su amor. Su miseri-cordia, en efecto, enviará a Jesús a sacrificarse en la cruz, porque ninguno de nosotros es justo. El único justo ha entregado su vida para que todos nosotros fuéramos sanados.

La lectura de Abram nos muestra al padre de la fe en la que continúa creyendo, más allá de toda experiencia sensible, en la Palabra de Dios. Su adhesión a Dios se vuelve, con el tiempo, cada vez más convencida, audaz, más animada por una certeza inquebrantable. También a Mateo se le dirige una invitación: “Sígueme.” Y también él deja todo y se pone a seguir inmediata-mente a Jesús, renunciando a su propia posición, para seguir a un maestro que no tiene donde reclinar la cabeza. También nosotros nos ponemos en camino cada día, a la voz del Señor que resuena en la Iglesia a través de la Palabra proclamada en la liturgia.

El camino siempre es el mismo: dejarnos a nosotros mismos, dejar nuestras seguridades, para emprender el camino siguiendo la voz de Cristo, que nos llama. Abram acaba siendo dueño no de la tierra sino de un tumba. Mateo está llamado a dar la vida por Jesús, porque el discípulo no es más que el Maestro. ¿Y, nosotros? ¿Somos conscientes que hemos sido llamados a dejarlo todo? Estamos llamados a ser una cosa con él y con el Padre en el Amor que les une.

ORA Y REFELXIONA: repite y vive hoy la Palabra: “Mirad, éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación…” (2 Corintios 6,2) Le podemos poner fecha: hoy.

ORACION
Padre de misericordia, en tu gran amor, tú cuidas nuestras vidas. En Jesús tu Hijo, nos enseñas a ser misericordiosos con todos. Como seguidores de tu Hijo, concédenos crecer en la gracia y la misericordia hasta el día que todos nos juntemos en ti, por la eternidad. Amén.

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