En el Antiguo Testamento la historia de Esaú y Jacob es una historia donde ambos quieren la bendición de su padre. La bendición del padre decidía el futuro de la próxima generación. La solemne bendición de Isaac derramaba sobre el hijo bendecido, el poder y la gracia que él había recibido de su padre Abram y las promesas de Dios y se transferían al hijo bendecido, en este caso Jacob. Y una vez que las palabras habían sido pronunciadas no se podían echar atrás. Jacob deseoso de ese poder no mira en los medios para poseerlo.
En Jesucristo, la iglesia y el mundo han recibido la bendición e Dios. El papa imparte su bendición sobre todos el mundo, los obispos lo hacen desde su catedrales. Y en nuestro diario contacto podemos transmitir esa bendición, que robustece el alma, y da calor al corazón, da brillo a los ojos, y alegría a la vida. Todos tenemos el poder de bendecir, Usémoslo.
La historia del Antiguo Testamento hoy, es una obra de arte donde se mezclan el humor y la piedad, la astucia y la mezquindad: aspectos que chocan con nuestra sensibilidad, pero también nos permiten entrever, más allá de toda previsión humana, el designio de Dios. Isaac representa el paso entre Abram a Jacob, por eso el autor se detiene en el momento final de su vida. Rebeca, se muestra injusta con el hijo mayor, pero pone aún con mayor claridad la “justicia de Dios.” En efecto, Yavhé ama a todos, pero no a todos del mismo modo, y hasta cuando los hombres desarrollan un juego deshonesto los unos con los otros, poniéndose zancadillas, significado del nombre de Jacob, Dios, por su parte, sigue el puro juego de la gracia, cuya desarrollo no está atada ni condicionada por la naturaleza. La gracia es gratuita y no puede ser merecida por los hombres, es producto de las decisiones de Dios no, de las nuestras. Jacob aparece, pues, como alguien que rompe e invierte la costumbre oriental de la precedencia del hijo mayor sobre el menor, quitándole a Esaú la bendición que le pertenece. Por tres veces miente, sin embargo el Señor usa esta mentira para llevar adelante su proyecto. Jacob lo pagará amargamente con viente años de alejamiento y servidumbre en la casa de su Labán. También la bendición aquí, tiene un valor casi mágico, una vez arrebatada por Jacob, dará testimonio del misterio y gratuidad de los dones de Dios. El pueblo elegido, a lo largo de la historia, verá más en Jacob-Israel que en Abram, su destino plagado de luces y sombras, tejido de santidad y de pecado, de bendición y de lucha incesante. En la casa de Mateo, además de publicanos hay fariseos. Estos últimos se muestran escandalizados por el comportamiento de Jesús, porque come, signo de comunión de vida, con los publicanos y pecadores. La polémica se enciende con un grupo de discípulos, no menos identificados, del Bautista. Estos, como su maestro llevan una vida de austeridad y penitencia y se muestran sorprendidos de que los discípulos de Jesús no ayune.
Jesús defiende a los suyos, que, en este momento, son “los hijos de las bodas, es decir, los invitados a estar con el esposo, a gozar de su voz (Juan 3,29) porque Jesús está con ellos. Ya llegará el momento en que el esposo “será arrebatado de la tierra de los vivos.” (Isaías 53,8) y entonces vendrá el tiempo del ayuno. Luego vienen dos ejemplos en los que se subraya que la alegría de las bodas, no pueden mezclarse con las antiguas prácticas de penitencia. La venida de Cristo contiene una novedad absoluta. Los tiempos se han cumplido, las cosas de antes han pasado para dejar paso a los cielos nuevos y a la tierra nueva, mientras que los de antes se han enrollado como vestido viejo e inservible sobre el que no se puede poner ningún remiendo. Con todo lo antiguo no ha sido abolido, sino recuperado, porque los odres nuevos están hechos para contener vino nuevo, pero el vino envejecido también es bueno. La realidad nueva, significada por la presencia de Jesús, el Emanuel, el Dios con su pueblo, es el tesoro que lo hace todo precioso.
El relato del Génesis es desconcertante. Sin embargo, Dios, el Santo, “pasa” a través de intrigas y de las bajezas humanas. A pesar de tanta miseria, un día florecerá de la humanidad el Brote, manará la Fuente del agua viva, nos nacerá el Salvador, el Dios con nosotros y en nosotros. La novedad y posibilidad para cada uno de vivir eternamente con Dios. Por consiguiente en vez de lamentarnos por el día de ayer, que agregó peso a la carga, acojamos con admiración y gratitud el día de hoy, la novedad de vida, el perdón de Dios que nos transfigura en sus hijos. Su amor es más poderoso que los pecados de los hombres. Necesitamos hacer ayuno y penitencia, pues así apresuramos la venida del Esposo y la fiesta que supone estar siempre con él.
ORA Y REFLEXIONA, repite y vive la Palabra: “Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual...” (Efesios 1,3)
ORACION
Señor y Dios nuestro, en Jesucristo, tu Hijo nos has llenado de bendiciones. En el bautismo recibimos el don de tu Espíritu. Haz que este poder crezca en nosotros y que nuestras vidas lleven tus bendiciones cada día los que nos rodean. Amén.

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