Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 9 de julio de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO 2007

Amor y deleite.

Todos aman a las persona amorosas, dicen. Y en una de las escenas de la película “Cantando bajo la lluvia,” Gene Kelly mojado hasta los huesos, y bajo un paraguas canta y danza bajo la lluvia. El está enamorado y canta: “Qué hermoso sentimiento, soy feliz e nuevo.” Todos entendemos la razón de su danza y su canción. La alegría es contagiosa y podemos sonreír con él. Hay canciones a montones que cantan al amor romántico, pero no muchas canciones que cantan al amor de Dios. Y sin embargo sabemos que Dios es la fuente de todo amor verdadero y de toda alegría.

Las historias de la resurrección de una niña y la curación de una mujer es la más corta versión en los evangelios. Lucas y Marcos dan muchos más detalles de ambas historias. Por ellos sabemos que el oficial de la sinagoga es Jairo y que la niña tiene unos 12 años. Y que la mujer ha gastado toda su fortuna en médicos y remedios y en vez de sentirse mejor se siente peor. Y si hubiéramos estado en la casa de Jairo hubiéramos asistido a la fiesta que la madre y Jairo celebraron para expresar su alegría y gratitud con Jesús. Si hubiéramos vuelto con la mujer a su vecindario hubiéramos visto a la mujer curada contarles a sus vecinos que estaba curada. Para Jairo y la mujer su fe se hizo perfecta por el amor y se volvió en alegría.

Jesús nos pidió que amaráramos a los demás como él nos ha amado. Y si esto nos hace sentir diferente de lo normal, tenemos que recordar que cuando amamos, esa es la manera cómo debemos sentirnos.

En la primera lectura el sueño de Jacob pretende celebrar el santuario de Betel asociándolo al patriarca Jacob e insertando el templo en la historia. Con la salida de Bersebá comienza la historia de Jacob, su peregrinación, que es difícil de anticipar, pero hay algo seguro, que está custodiada siempre, por la presencia de Dios, que se revela y le ofrece esperanza sobre el futuro (12-15) Aparecen contrapuestos los motivos de la huída de Jacob y las palabras de protección pronunciadas por Dios (15)

El compromiso de Dios, de una manera solemne Dios convierte la fuga de Jacob donde reposa en la presencia de Dios, que cumple cuanto ha dicho. Dios acompañará a Jacob incluso en los tristes momentos en el que huyó a la casa de Labán (31,1-21) y se revelará de nuevo, como presencia amiga y llena de bendición a su regreso a Betel (35,1-15)
Hay elementos que se refieren al culto, que es el centro del relato. Primero la palabra “lugar”. No hay nada en el texto que diga que se trata de un lugar sagrado, se trata simplemente de un lugar para pasar la noche.

Como Moisés en la zarza que ardía (Éxodo 3,5) Jacob experimenta que la presencia divina va delante de la conciencia del hombre: es Yavhé que elige el espacio de su presencia, el lugar de su revelación. La escalara expresa el conocimiento de la fe, a través de la cual es posible “ver” al Dios trascendente, que se hace presente para dialogar con el hombre y volver a comunicarle su bendición. Como a Abram Dios le promete a Jacob tierra y descendencia. La oración final de Jacob (20-22) indica la única respuesta posible del hombre de fe, que experimenta “terror” frente al misterio de una presencia santa y terrible, una presencia que encuentra morada en el espacio del hombre y, al mismo tiempo, une el cielo y la tierra.

Las dos historias del evangelio, fueron escritas para ser leídas para entender las razones de los milagros de Jesús. Se encuentra entre los capítulos 8 y 9 donde se narran diez milagros realizados por Jesús.

El centro es la curación de la mujer el que indica que la fe consiste en “tocar” al Señor de la vida. Tocar es una forma de conocer, la oportunidad dada al hombre de encontrar al Señor y de entrar en comunión con él a través de la humanidad de una presencia donde habita la “plenitud” de la divinidad (Colosenses 1,19). Frente a la posibilidad de “perder la vida” a que está sometido todo ser humano, la única salvación de que dispone es el Señor: “con sólo tocar su vestido quedaré curada-salvada… Animo, hija tu fe te ha salvado.” A la mujer que le toca por detrás Jesús le habla cara acara: “Jesús se volvió y le dijo…” (22) La fe por lo tanto hace pasar de la muerte a la vida, como atestigua la historia de la hija de Jairo. En la niña muerta se manifiesta una vida joven, una vida que imaginamos naturalmente proyectada a un futuro y sin embargo, ya inerte, marcada por la trágica inmovilidad de la muerte.

La actitud del padre, atestiguada por la petición de la presencia del Señor, (18) motiva la solicitud del Señor de que “toque” la vida de su fiel y la muerte deje de ser una experiencia hacia la nada, en la que el Hijo unigénito se inclina sobre la humanidad marcada por el límite, nos libera del miedo y de la angustia de la muerte y nos abre a la esperanza de la resurrección.

Con la simplicidad de dos breves relatos, Mateo, señala al mismo tiempo la proximidad de Dios a su pueblo, nos explica que en el diálogo con Jesús, podemos experimentar ya la salvación, porque creemos en su Palabra antes de que el signo nos dé la evidencia. El don de su presencia sólo puede ser percibido en la fe, porque no se puede ofrecer ningún don a quien no lo acoge.

El compromiso que Dios adquirió con Abram y ratificó a Jacob, encuentra pleno cumplimiento en Jesús: en Cristo todas las promesas de Dios se han convertido en un “amén” (2 Corintios 1,20). Siguiendo al Hijo todo hombre que se ha hecho su discípulo, será custodiado durante la peregrinación de su propia vida, caminará hacia la patria de su deseo y gustará para siempre su presencia. Cada uno le verá cara a cara: “Si alguno quiere servirme que me siga, y donde yo esté estará también mi siervo…” (Juan 12,26).

ORA Y REFLEXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Cristo ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio…” (2 Timoteo 1,10)

ORACION

Señor, de verdad que creemos a medias. Ayuda nuestra incredulidad, para que como Abram podamos, dar para ti, frutos de buenas obras. Amén

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