En la dirección recta
Un turista hispano llegó a ver a sus parientes en New Jersey y estos lo llevaron un día a Atlantic City. Parte del viaje era ir al casino; y él trató algunas de las máquinas, bien llamadas, traga monedas. El jugó algunas monedas y uno de sus parientes le dijo: Se ve que no eres un gran jugador. Pero él respondió: Mejor vamos a comer. Fueron a un restaurant y luego volvieron a la sal de juego. Y al entrar desde la escalera él vio la cantidad de máquinas y gente jugando y comentó: Parecen un colonia de hormigas. Y afuera hacía un día precioso y decidió pasar un par de horas caminando por la playa. El no estaba juzgando a los jugadores y pero sintió que eso no era para él. No quería perder la paz de su corazón.
En el evangelio se nos dice que Jesús se compadeció de la gente, su corazón estaba con ellos. Parecían que andaban desorientados sin que hubiera alguien que les mostrara el camino en sus vidas. Y deseó que ellos pudieran conocer y compartir el amor de Dios.
Tal vez nosotros, como discípulos de Cristo no tengamos que tratar con multitudes, pero nos encontramos diariamente con personas, tal vez desa-nimadas, desconsoladas, con familias con problemas, con corazones destro-zados por los problemas. La bondad que les mostramos y el tiempo que empleados con ellos son un signo seguro de la compasión y el amor de Jesús.
En la primera lectura nos hemos salteado toda una vida de Jacob en Harán y nos encontramos con Jacob volviendo a la casa paterna. El episodio de la lucha de Jacob con Dios necesita ser entendido en toda su significado. Luego de su acuerdo con Labán (31,43-54) y encontrándose ahora cerca de la tierra de sus padres envía mensajeros a Esaú “para encontrar gracia a sus ojos…” (36,2). La respuesta es la llegada de Esaú con 400 hombres (7) situación que sumerge a Jacob en terror y angustia por la espera. En esa situación de angustia, Jacob se abre a la oración: “Sálvame de la mano de mi hermano Esaú…” (10-13). A pesar de todo se abre Jacob a la esperanza, no se trata aún de una certeza, de una presencia cercana que custodia a su fiel Ya no es el Jacob de antes.
La lucha nocturna asume el significado de anticipación de la victoria de Jacob sobre todas las fuerzas hostiles, incluso su angustia, es la confirmación de que la esperanza es cierta, de que Dios nunca falta a sus promesas; por consiguiente no ha de tener miedo, sino confianza, la actitud de quien ha recibido la promesa divina. La interpretación del nombre “Israel” que será el, nombre de Jacob ahora, “porque has luchado contra Dios y contra los hombres y has vencido…” habla de un pasado victorioso contra las fuerzas hostiles: Yavhé ha cuidado a Jacob de Esaú y de Labán. Jacob-Israel del mismo modo que Abram tiene consigo la bendición divina, por eso puede esperar con confianza, incluso en momentos de angustia, cuando el miedo a perder lo que es don de Dios le atenaza el corazón y busca respuestas en estrategias inteligentes (32,14-22)
La lucha de esa noche supone para Jacob la entrada en el misterio divino: “He visto a Dios cara a cara y he quedado con vida…” (31) Es un misterio encontrado en una lucha dramática donde se pregunta, se ruega, se confía en las manos de su antagonista. Jacob se ve obligado a revelar su propio nombre, mientras que su antagonista esconde su identidad. Jacob debe medirse con un Dios presente y, al mismo tiempo misterioso, oscuro. Pero al final “obliga” a Dios a bendecirle, a acoger su oración, a apuntar para él después de una noche de angustia, un nuevo día de salvación para un “hombre nuevo”: “Pues ya no te llamarás Jacob, sino Israel.” (29)
La curación del endemoniado, se une con un resumen de la actividad de Jesús de predicación y curación. Es importante porque concluye un serie de milagros realizados por Jesús y está inmediatamente antes de la curación de dos ciegos. L importante de este texto de hoy es que nuestro muestra a Jesús que nos pide a los discípulos la capacidad de “entre-ver” la historia con los ojos del Hijo, es libertad en la palabra que comunica el sentido dado a nuestra vida. Todo lo que dice y hace el Señor nos abre a la luz de la vida y al don de contar lo que hemos visto y oído: su amor maternal, podemos decir, que levanta a cuantos están “echados en tierra, destrozados, divididos, sin rumbo, extraviados; es la buena noticia del un señorío que se pone al servicio y se hace cargo de la historia: “Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando… anunciado la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias…”
Jesús pide a sus discípulos que tomen parte es esa historia de com-pasión, en la cual se realiza el juicio amoroso de Dios sobre el acontecer humano. La oración que les confía “rogad por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a su mies…” le invita al discípulo pensar su propia misión en términos exclusivos de eficacia en relación con la cantidad de la mies. Es necesario entrar en comunión con Jesús en la oración a fin de aprender a ser hijos capaces de continuar la misión de Jesús. Por eso los ciegos ven, los mudos hablan, los dudosos son consolados, y como dice Lucas 1,68: “Dios ha visitado y redimido a su pueblo…” en el cántico de Zacarías.
ORA Y REFLEXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “El Espíritu del Señor está sobre mí: me ha enviado a llevar la alegre noticia a los pobres…” (Isaías 61,1)
ORACION
Padre, dueño de la cosecha, envíanos como trabajadores a trabajar por tu Reino. Danos decisión y perseverancia a toda tarea que nos des. Amén

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