Vida comunitaria
Benito nació en Nursia, región de Umbría, hacia el año 480. Después de haber recibido en Roma una adecuada formación, co-menzó a practicar la vida eremítica en Subiaco, donde reunió a algunos discípulos; más tarde se trasladó a Casino. Allífundó el célebre monasterio de Monte Casino y escribió la Regla, cuya difusión le valió el título de patriarca del monaquismo occidental. Murió en 21 de marzo del año 547, pero ya desde finales del siglo VII en muchos lugares comenzó acelebrarse su memoria el día de hoy.
Mientras dos se peleaban en una comunidad un tercero quiso resolver el problema y dijo: “Recuerden , que todos somos hermanos por el bautismo en una fe.” Y uno de los que peleaban comentó; “Eso puedo ser, pero a éste el bautismo no le prendió.”
Creo que esto pasa frecuencia en muchas comunidades, cuando algunos se sienten molesto por actitudes y acciones de otros.
Jesús elige a quienes quiere para que sean sus discípulos. Sin Jesús en medio de ellos tal vez se hubieran hecho violencia uno a otro. Recordemos que Mateo era un colaborador de los romanos y Simón un miembro de los zelotes, la resistencia contra Roma, Pedro fue un impulsivo, y Tomás un pesimista. Juan y Santiago querían los mejores puestos en el nuevo reino. Esto grupo tan dispar sin embargo fueron a traídos a Jesús por su amor por él, y formados en una comunidad por el don del Espíritu Santo.
La comunidad ideal no existirá hasta que lleguemos al cielo, pero Jesús exige que comencemos a construir lo mejor ya desde ahora. Y nos garantizó esto al darnos su Espíritu Santo.
Con esta historia el Antiguo Testamento nos ofrece el último ciclo de la historia de los patriarcas, capítulos 37 al 60, en el que predomina la figura de José. Tiene importancia porque une la historias de los patriarcas con la literatura sapiencial de Israel. La figura de José presentada, siguiendo los cánones clásicos del sabio: es un hábil consejero político, está dotado de inteligencia que le permite escrutar, ver, releer en la trama de la historia “el consejo”, el proyecto de Dios, teme al Señor (42,18) y lleva una vida honesta, marcada por una profunda sensibilidad ética que acompaña a su actitud confiada en el Señor (39,7-20).
Encontramos aquí en el acontecer de la humanidad, una presencia que no recurre a las grandes acciones o teofanías. Dios se revela en el interior del acontecer humano, en las opciones que realizan los hombres, en la maraña, con frecuencia inextricables e incomprensibles de cada persona. José es imagen de todo hombre que, por la fe, sabe que Dios no abandona a su fiel.
En su primer encuentro con sus hermanos no se sirve de su poder para llevar a cabo algún tipo de venganza. Su acción de ve en dos puntos, primero “fingió no conocer a sus hermanos…” y “yo soy un hombre que teme a Dios…”, y segundo, tiende a provocar un examen de conciencia en sus hermanos (42,22) para que se den cuenta que la vida no se puede vivir recurriendo a determinados tipos de violencia o, lo que es peor, asumiendo la violencia como criterio para la obtención de algún beneficio (37,26): “¿Qué sacamos con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte?
De ahí el camino que es preciso realizar para tener lo que es necesario para la vida, el “pan” que nos muestra el relato. Por eso podemos ver en José la figura de Cristo y en imagen del creyente. Es imagen de aquel que, anunciando la misericordia del Padre, muestra que el beneficio de la propia vida consiste en hacer la voluntad del Padre; es imagen del creyente que, en Cristo, verdad del hombre, busca y realiza la fraternidad.
EL evangelio centra la atención pasando del ministerio de Jesús al de sus discípulos. Si recordamos (9,35) la misión de Jesús está sintetizada en tres verbos: instruir, predicar y curar; la de los discípulos está definida por ser llamados (10,1) y ser enviados (10,5). Han sido llamados como discípulos y son enviados como apóstoles para continuar el anuncio y la obra del Maestro,. Su misión es, por consiguiente, participar en la de aquel que es el único Maestro y Señor; y su misma autoridad “es participada.” La vocación, por lo tanto precede a la misión y la hace posible.
Los Doce, los únicos que han sido enviados, representan simbólicamente en la solemne presentación de los nombres, conectada por Mateo con las instrucciones respecto de la misión, el tiempo nuevo y la nueva obra de Dios en la historia de los hombres. Una acción nueva, que sin embargo, no olvida el pasado. En efecto, a los discípulos se les pide que se dirijan “a las ovejas perdidas del pueblo de Israel…” (6) De esta manera la misión de ellos se caracteriza y modela a partir del ministerio de Jesús (15,24). Este particularismo “temporal” de la misión de los Doce (en efecto 28,18-20, cambia la visión a todas las gentes) hace resaltar la continuidad de la obra de Jesús y sus discípulos con la promesa hecha por Dios a los padres, y muestra al mismo tiempo, que la comunidad de los discípulos es el nuevo Israel.
El discípulo, experimenta a diario una llamada que le impulsa en medio de la historia humana a ser sabio, que no es motivo de orgullo, porque está escrito: “Que el sabio no alardee de su sabiduría, que el soldado no alardee de su fuerza, que el rico no alardee de su riqueza; que el que quiera alardear que alardee de esto: de conocerme y comprender que yo soy el Señor, el que implanta en la tierra la fidelidad, el derecho y la justicia…” (Jeremías 9,22ss) Hemos sido enviados a anunciar la necedad de la cruz, la Buena Nueva de la misericordia y el perdón, que nosotros mismo hemos experimentado y en la que se manifiesta que el sentido de todo está en hacer la voluntad del Padre, a imagen de Cristo, primogénito de toda criatura: “Cristo no me ha enviado a bautizar, sino a evangelizar, y esto sin hacer ostentación de elocuencia, para que no se desvirtúe la cruz de Cristo.” (1 Corintios 1,17).
ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Dios con-ducirá a Israel con alegría al resplandor de su gloria…” (Baruc 5,9)
ORACION
Señor Jesús, bendice a los trabajadores que construyen la comunidad en tu nombre. Ayúdanos a trabajar juntos, y envía tu Espíritu de la unidad que resuelva las dificultades en el lazo de la caridad. Amén.

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