Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 14 de julio de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO 2007
¡Ojo, peligro!


En el 2003 una compañía de helados de Inglaterra introdujo un helado llamado “los siete pecados capitales” y cada sabor llevaba el nombre de cada uno de los pecados capitales. Y el anuncio era: “Tantos pecados y tan poco tiempo…” No faltaron los que se opusieron al nombre del helado, y otros, más inteligentes pensaron que era mejor ignorarlo. El fabricante de los helados explicó que era sólo una manera de anunciar el producto y que los críticos no tenían sentido del humor.


Cuando alguien nos pide que consideremos el pecado como una broma podemos escuchar las campanas de alarma detrás de las palabras. Pero un predicar dijo que hay esperanza en alguien que reconoce haber hecho algo mal y sabe que lo está haciendo mal. Su conciencia no está tranquila, pero hay personas que no pueden reconocerlo. Esto y ya es otra historia. La conciencia se ha vuelto endurecida y es difícil despertarla.


En la historia de C.S. Lewis, Cartas de Screwtape, el viejo demonio Screwtape le dice a un demonio más joven: “El enemigo, que es por supuesto Jesús, dice “Míoporque él ha hecho todas las cosas.” Y Satanás tiene la esperanza de decir “mío” a través de conquistar a los seres humanos.


Pecado es alejarse de Dios. Y Jesús les advierte a sus discípulos de las consecuencias. Los discípulos se alarman por sus palabras, pero Jesús los anima a no tener miedo y confiar en él. Cuando nos sentimos amenazados del poder del mal, podemos animarnos sabiendo que Jesús ha vencido el mal y el amor que nos ofrece es mucho más fuerte que el cualquier mal.


La historia del Génesis termina con la petición de Jacob de ser sepultado junto a sus padres en Canaán y también en la historia se contraponen el miedo de los hermanos a la posible represalia de José después de la muerte de su padre y la reacción de José en la que se confirma el perdón, junto a la con-ciencia de que, aun siendo hombre poderoso, nunca podría sustituir a Dios, el único a quien pertenece el juicio y la vida. ¿Estamos escuchando?


En el regreso de los restos de Jacob, se preanuncia el camino de regreso del pueblo de Israel tras el doloroso paréntesis de la opresión egipcia. Y en las palabras de José: “Dios vendrá a buscarlos y los llevará a la tierra que prometió a Abram, Isaac y Jacob…” se evoca el compromiso, alianza que Dios asumió con los padres y que da sentido a la esperanza del pueblo. Esta esperanza encuentra en la “visita” de Dios a su pueblo, que será para el pueblo la salvación definitiva, la posesión de los bienes prometidos, esperados y anhelados. Se trata de una visita que abrirá una nueva fase de la historia e inundará de alegría a la tierra, y que se cumplirá definitivamente en Jesús quien tendrá el poder de para dirigir los pasos de todo hombre “por el camino de la paz…” y hará un pueblo único encaminado hacia la patria de su deseo: Dios Padre.


Por eso en el evangelio, Mateo recuerda las líneas esenciales entre las que el discípulo “permanece” en su vocación. Y Mateo lo hace a través de algunas situaciones que caracterizan la vida de los enviados. En primer lugar ser “como” el Maestro (25), de encontrar en él, el único motivo y modelo de nuestra propia misión; de tener, como él, fe en el Padre, de abandonarnos con confianza a su voluntad. La adhesión al Señor crucificado y la confianza en la providencia divina, constituyen la base de la relación de vida que libera al discípulo de todo miedo, Jesús repite tres veces “no temáis…” (26,28,31) por la decisión de optar por el Evangelio. El valor de anunciar públicamente y con franqueza la presencia de Dios que trae en Jesús la paz y hace estallar, no obstante, las contradicciones que habitan en el corazón humano y en las estructuras de vida que el ser humano ha creado, todo esto da la medida de la libertad del discípulo y de su adhesión a Jesús.


El discípulo sabe que esto no es un camino de rosas, o marcado por las componendas en las que desaparecen por hábiles cálculos, los conflictos y las divisiones. Estas podrían llegar incluso a las relaciones familiares, por sólo es posible anunciar el Evangelio en la medida en que vivimos el seguimiento y la adhesión a Cristo de una manera radical: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí… no es digno de mí…”


Anunciar el Evangelio es “confesar a Jesús entre los hombres…” una actitud contraria a la Pedro, que en noche del arresto renegó del Maestro, jurando que no lo conocía. El don de la comunión con Jesús, ofrecido por Jesús a sus discípulos, “los eligió apara que estuvieran con él…” (Marcos 3,12) es algo que no debemos olvidar, ni siquiera frente al peligro de perder la vida. De esta solidaridad con el Hijo del Hombre, un don que viene de lo alto, depende el juicio sobre la vida del discípulo: “Si alguno se declara a mi favor delante de los hombres, yo me declararé a su favor delante del Padre, pero a quien me niegue delante de los hombres, yo también, lo negaré delante de mi Padre Celestial…” (32)


En su misión de anunciar a Jesucristo y su Evangelio, el discípulo participa de la fuerza de la Palabra que salida de la boca de Dios (Isaías 55,11) se difunde como testimonio del Señor Jesús hasta los últimos confines de la tierra (Hechos 1,8)


Se trata de una compañía que nos libera del miedo a la muerte, que nos impulsa a mirar más allá de ella y es que Cristo ha destruido la muerte y ha triunfado la vida. La misión del discípulo que en virtud del bautismo, “sepultados… y resucitados con él…” allí comienza la certeza de que está acompañado por la presencia providente del Padre. El custodia a su fiel (Abram, Isaac, Jacob, José y cada uno de nosotros…)


ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “No temáis, pequeño rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino…” (Lucas 12,32)

ORACION
Padre, mantennos alertas, para que no seamos engañados por las palabras suaves que cubre el pecado y la tentación. Haz que tengamos nuestras raíces firmes en tu Palabra, Jesucristo. Amén

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