Una vida nada fácil
Tal vez nunca nos encontremos en la línea de fuego por trabajar por Jesús, pero podemos ser atacados por el ridículo y abusados y que nos hagan vícti-mas de toda clase de calumnias por nuestra fe en él. En nos pidió que fuéra-mos fieles hasta el fin antes que abandonarlo.
Hoy comenzamos a leer el libro del Éxodo, uno de los grandes libros del Antiguo Testamento. Nos describe, en primer lugar, la gran historia de la salvación del pueblo de Israel, arrancados de la esclavitud de Egipto y con el que Dios establece una alianza. El Éxodo es un canto al Dios que salva, un poema dirigido al Dios de Israel, que, tras, oír el llanto de su pueblo, “baja” a liberarlo. Este pueblo una vez liberado, estará al servicio, no del faraón, sino al servicio del Señor (Deuteronomio 4, 20). “Un nuevo rey reina en Egipto, que no conoce a José…” (8) Lo de siempre, teme que el pueblo se haga fuerte y se levante con su pueblo e incluso aliarse con sus enemigos (9) y decreta que se imponga a los hebreos trabajos forzados, con el propósito de agotar sus fuerzas, y los emplea en la construcción de dos ciudades (10) Los egipcios amargaron la vida de los hebreos y los convirtieron en esclavos. Pero cuando más los oprimían más se multiplicaban (12). Viendo que el sistema no funcionaba, piensa el faraón en otro medio cruel e inhumano, destinado a reducir a la impotencia y a la aniquilación del pueblo de Israel, la eliminación de los hijos varones que nacieran (22)
Desde el punto de vista histórico estos acontecimientos tienen lugar en tiempo del Nuevo Imperio, decimonovena dinastía, el siglo 13 antes de Cristo. Sobre todo este fondo de injusticia y sufrimiento se desarrollará la acción salvadora de Dios, tanto más gloriosa cuanto más triste y desesperada era la situación del pueblo.
En el evangelio, leemos hoy, el pasaje más difícil de comprender por la aparente contradicción que presenta. Jesús, que más adelante dirá que debemos aprender de él que “sencillo y humilde corazón…” (11,29) dice ahora que ha venido a traer la discordia y no la paz a la tierra (10,34). ¿Cómo podemos conciliar estas cosas opuestas? ¿En qué sentido podemos interpretar sus palabras? En casos como éste, es el contexto literario el que nos ayuda a entender. ¿Qué es lo que Jesús ha estado enseñando? Lo vemos enseguida, el pasaje es parte de la enseñanza de Jesús de la persecución a causa de la fe en él. Lo hemos leído: “Si alguno se declara en favor mío delante de los hombres, yo también me declararé a su favor delante de mi Padre celestial…” (Mateo 10,32). Esto nos ilumina el camino y nos muestra que la división de las personas no surge por cuestiones temperamentales o luchas personales, sino por su fidelidad o infidelidad a Cristo. Algunos creerán y otros no. En este caso Jesús ha venido a traer la división, es decir, él se convierte en motivo de discordia, entre los creerán y los que rechazarán la fe.
El Evangelio es claro. El Evangelio que predica la paz y la concordia, cuando trata el tema de la verdadera fe en Cristo o de nuestra adhesión a él, trae como resultado la división el contraste, la intolerancia a favor de los que han seguido y han creído en él. Por eso, siempre en la misma línea Jesús se pone por encima de todos los valores más sagrados los valores de la familia. Y añade que, para seguirle es preciso estar dispuesto a cargar la cruz, echar mano de la renuncia, estar dispuesto a dar la propia vida, olvidar la propia conveniencia. Estas exigencias pueden parecer excesivas, a no ser por la verdad que con-tienen y por la excelencia de Aquel que las formuló y las estableció, signo de su autoridad y de supremacía sobre todas las cosas.
Esto nos habla de la importancia de la fe en Cristo y, en especial, de su persona. Esta fe como es considerada por Cristo y por la primera comunidad, está por encima de las cosas más sagradas y mayores de la vida. Sería una fe falsa aquella que, por no romper lo vínculos familiares o amistosos, permane-ciera en un nivel superficial o lo fuera solo de nombre, sin ninguna exigencia. La verdadera fe, para el Evangelio, significa un corte en lo vivo y, si se da el caso, la renuncia a los sentimientos más profundos del corazón, porque lo que cuenta es la opción por Cristo frente a todos los demás valores e ideales de la vida. Esto nos lleva a la adhesión profunda y total a Cristo prefiriéndola a todo y prefiriendo nuestra fe a cualquier otra fe, religión o ideal humano, espe-cialmente en el mundo de hoy entre los poderosos desafíos de la técnica, de las incesantes conquistas, del bienestar y de otras realidades que son, muchas veces, los ídolos de la sociedad moderna. Ser capaz de reafirmar la fe en Cristo y en el Evangelio es una necesidad vital y esencial para el creyente hoy, porque de otro modo esta fe se oxidará y se perderá.
Podemos unir las dos lecturas, en cuanto la semilla del trigo cayó en tierra y murió, salió de él toda la mies de los fieles y los hijos de Israel se multi-plicaron y se volvieron más poderosos, lo mismo, si acogemos la fe de Cristo y hacemos morir el pecado en nosotros, se multiplicarán los sentidos buenos y espirituales en nuestra vida. Por el bautismo hemos acogido al Dios-rey, y si nos dejamos llevar por las acciones del mundo, tenemos que reconocer que se ha levantado otro rey en el corazón, que te obliga a trabajar para él, que impone vigilantes, que empuja con varas a las obras de la tierra para cons-truirle sus ciudades, la codicia de las ganancias y nos hará atormentar a la familia y a la comunidad con las peleas, con el tender insidias a la castidad, engañar a la inocencia, cometer maldades en privado y crueldades en público. Pero tenemos la opción de escuchar a Jesús y a los maestros que él nos dejó, para ver a Dios con el alma, para abandonar por completo al hombre viejo y sus acciones y revestirnos del nuevo que ha sido creado según Dios.
ORA Y REFLEXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el Reino de los cielos…” (Mateo 5,10)
ORACION
Padre, tú te nos revelaste en la persona de Cristo. Te pedimos que tu Espíritu nos modele según la mente de Cristo. Has que seamos fieles testigos de él en las cosas grandes como en las pequeñas a las que tú nos guías. Amén

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