Un hombre que se dedicaba a demoler de edificios comentaba que cada vez que echaba abajo un edificio se sentía triste por los trabajadores que había levantado ese edifico que él ahora echaba abajo, y que había trabajado tan duramente para levantarlo.
Tal vez porque ellos no tenían respeto por otras personas, a no ser por su importancia, los líderes religiosos de Israel rehusaron aún tratar de entender lo que Jesús hacía. Por la obra de Jesús podían ver la amenaza del poder de Jesús.. Su orgullo no les hizo aceptar las buenas obras de Jesús como signo de la presencia de la bondad de Dios, y trataron de destruir esa bondad. Jesús vino para edificar y restaurar la vida, pero ellos se pusieron de acuerdo para destruir la obra y la misma persona de Jesús.
El orgullo pude obrar de maneras impredecibles. Una persona puede resentirse porque sus obras son superadas por otra persona. No puede admitir que Dios le haya dado a otra persona una mejor capacidad. Los celos y el orgullo destruyen en lo interior a las personas. Tal vez eso fue como los fariseos reaccionaron ante Jesús.
La primera lectura nos relata la primera etapa de la salida de Israel de Egipto, de la ciudad de Ramsés a Sucot. Nos dice el número de los israelitas “seiscientos mil lo que iban a pie…” o sea sin contar a los niños. El número parece, evidentemente exagerado; a buen seguro fueron muchos menos, pero el estilo oriental le gusta exagerar para aumentar la importancia del hecho y de las personas.
Se alude a los panes ácimos, se da la razón que no tuvieron tiempo de fermentar el pan por el apuro de la salida. Se habla de los años pasados en Egipto “cuatrocientos treinta”. Y podemos dar crédito a este número. Habrían salido a mediados del siglo XIII y llegado a Canaán hacia el 1200 antes de Cristo, esto según los estudiosos, en el paso de la edad del Bronce a la del Hierro.
De todos modos, lo que nos quiere indicar el autor, es que el acontecimiento del Éxodo, fue , sobre todo, una acción de Dios “Aquella noche, el Señor veló para sacarlos de Egipto…” (42) Se recalca la obra de Dios, como en todas las descripciones anteriores, pero se afirma en seguida: “Esa misma noche será noche de vela en honor del Señor para los israelitas durante todas sus generaciones…” como acto de agradecimiento y de alabanza por todo cuanto Yavhé había hecho por el pueblo.
El evangelio nos muestra la creciente animosidad de los enemigos de Jesús, concretamente, los fariseos. A pesar de los continuos milagros y de doctrina de Jesús, no solamente no escucharon su Palabra y cerraron los ojos ante los prodigios realizados, sino que hasta determinan su misma muerte. Se reúnen en consejo para quitarla de en medio (14).
Jesús se da cuenta del peligro, se va a otra parte. También él toma sus medidas de precaución recomendando a sus discípulos que no divulguen su actividad. Todavía no ha llegado su hora. En eso se muestra siempre obediente a la voluntad de su Padre, que ha fijado para él los tiempos de su actividad y de su muerte.
Mateo cita uno de los cantos de Isaías sobre el Siervo de Yahvé, sobre la humildad y paciencia del Siervo, encarnado, aplicado a Jesús de una manera magnifica. De este Siervo se dice que fue elegido precisamente por Dios, que es su predilecto, aquel en que encuentra sus complacencias. Dios ha puesto su Espíritu sobre él. Esto alude a la excelencia de su persona y la riqueza de su vida, colmada de virtudes y carismas. A continuación muestra su actitud habitual frente a la dura realidad, no tiene una reacción violenta, no discute ni levanta la voz. Más aún, salva todo lo que todavía puede tener una remota esperanza de salvación o recuperación. “No romperá la caña cascada, ni apagará la mecha que apenas arde hasta que haga triunfar la justicia.” (20)
También el canto del Siervo anuncia la humildad, que será uno de los rasgos distintivos de Jesús, su nota característica, será el aspecto que nos pedirá que le imitemos: “aprended de mi que son manso y humilde de corazón…” (Mateo 11,29)
Parece como que Mateo nos hace parar un momento para ver como en Jesús se cumplen todo el ideal de la Palabra de Dios, y todas las realidades de la historia de los hombres con sus esperanzas más profundas.
Cristo es el anunciado en las profecías, en las promesas y en las figuras del Antiguo Testamento y da cumplimiento a todo el mensaje con su venida y su misión: ”Todas las promesas de Dios se han cumplido en él…” concluye Pablo (2 corintios1,20) Y Pablo insiste: “la ley tiene cumplimiento en Cristo…” (Romanos 10,4). Además Jesús “es nuestra esperanza…” (Timoteo 1,1), esperanza de la vida eterna que hará al hombre perfecto, completo en su realidad humana y divina, como hijo de Adán e Hijo de Dios, en la plenitud de la gloria. Jesús es también el ejemplo, el modelo, “el camino, la verdad y la vida…” del hombre que camina sobre la tierra. Quien cree en él “debe comportarse como él se comportó…” (1 Juan 2,6), mostrando al mundo con su vida, que él vive y reproduce “la imagen de Hijo de Dios, llamado a ser el primogénito entre muchos hermanos…” (Romanos 8,29)
Cristo es la síntesis, el punto culminante, la obra maestra de Dios, aparecido en la historia para entregarnos una Palabra de vida y abrirnos horizontes ilimitados, hacia los que podemos caminar, revestidos de una nueva existencia, nuevos recursos y nuevas fuerzas que da al ser humano, convertido, gracias a él, en hijo de Dios.
ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive la Palabra: “Alabad al Señor porque es bueno: en nuestra humillación se acordó de nosotros.” (Salmo 135,23)
ORACION
Padre, te pedimos la sabiduría de reconocer los dones y gracias que has dado a otros. También, te pedimos un corazón generoso para alegrarnos con los bienes con que los has enriquecido. Amén.

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