No ignoremos los signos
No es extraño que escuchemos advertencias en los programas de TV. Por ejemplo, que la obesidad aumenta el peligro de enfermedades del corazón. O que el calentamiento de la tierra, pone en peligro nuestra calidad de vida no ser que reduzcamos la emisión de gases de carbón. Pero la mayoría ignora estas advertencias eligiendo no hacer nada.
Podemos ver el cinismo de los fariseos al pedir a Jesús por un signo milagroso. No eran sinceros, no era que querían ver la verdad, porque ya habían sido testigos de los signos de Jesús y que indicaban que el Señor era realmente el Hijo de Dios. Habían decidido no creer en Jesús. No importaba los signos que Jesús pudiera hacer ya tenían sus mentes firmes en no creer. Por eso Jesús rehúsa hacer otro signo.
La dureza de corazón y la falta de visión de los fariseos nos presenta una advertencia a todos aquellos que dicen que siguen a Jesús. Debemos buscar por signos de la amorosa presencia de Dios en nuestras vidas, en los demás y en el mundo a nuestro alrededor. Las prácticas destructivas que ponen en peligro la creación de Dios, tiene que alertarnos de que es tiempo de actuar al prestar atenciónlos signos que Dios nos da.
La primera lectura de hoy nos ofrece otro relato de la salida de Egipto con elementos sicológicos, podríamos decir, magistralmente orquestado. Por un parte vemos el pesar del faraón de haber dejado salir al pueblo, pensando en las ventajas económicas de su trabajo, ya no tenían mano de de obra barata. Y luego la rápida decisión del faraón de perseguir al pueblo con su ejército. El texto apunta al hecho “de que el Señor hizo que el faraón, se obstinara…”(8) Esta era la manera de pensar de la antigua teología israelita: todo lo que acontecía en el mundo y en la vida se pensaba que estaba dispuesto por la voluntad de Dios, por consiguiente, también el propósito del faraón, aparentemente contra el pueblo, formaba parte de designio de salvación, y su objetivo era hacer exaltar el poder y la grandeza de Dios a favor de su pueblo.
Luego viene el terror del pueblo, al ver el ejército egipcio. Se propaga el miedo de caer en sus manos y empiezan las murmuraciones contra Moisés.
Se idealiza el pasado: ya no piensan en la esclavitud, sino en los escasos beneficios de aquella vida absolutamente insoportable. Y crece el deseo de volver atrás, de servir a los egipcios, de volver a ser de nuevo esclavos.
Moisés intenta serenar al pueblo, recordándole lo que Dios había hecho y exhortándolos a la confianza: “No temáis, manteneos firmes y veréis la victoria que os va a dar hoy el Señor…”
Finalmente, es Dios mismo quien entra en acción y ordena a Moisés extender el bastón sobre el mar; ésta será el comienzo del paso del Mar Rojo. Lo primero que ordena es “que emprendan la marcha” (15), es decir, la continuación de la obra ya empezada, basándose en la confianza en Dios, porque ahora, y de una manera extraordinaria se va a revelar el Dios de su salvación.
El evangelio nos presenta una página impresionante de cómo Jesús reacciona frente a la petición de los fariseos, de un milagro. Jesús unía a su enseñanza los milagros, pero los fariseos ni escuchaban su doctrina ni querían considerar sus milagros. Estaban cerrados en su incredulidad, manchados por la sospecha, viciados por la malicia. De ahí la respuesta de Jesús: “generación perversa e infiel…” como hablaban los antiguos profetas. Los ninivitas fueron a escuchar a Jonás, y por eso condenarán a esta generación incrédula, que no ha sido capaz de escuchar al Enviado de Dios (40ss)
El va a ser un milagro pero “será el milagro de Jonás…” que volvió a la vida después de estar encerrado en el vientre del pez. La reinad el sur, es decir, la reina de Sabá, se molestó en ir al encuentro de Salomón y escuchó su sabiduría, y juzgará a los oyentes presentes porque no fueron capaces de escuchar la voz del Señor.
Tanto los ninivitas como la reina de Sabá demostraron tener el corazón abierto y no sofocaron el comienzo de la fe. Sin embargo los oyentes de Jesús han cerrado sus oídos y el corazón a una predicación hecha en su propia casa. Jesús se proclama como superior a Jonás, es decir, a la profecía, y superior a Salomón, es decir, la sabiduría, para hacer resaltar la gravedad de la actitud de rechazo de los fariseos.
Mateo entrelazando la doctrina bíblica y la cristología, es decir, la enseñanza de Cristo, afirma que el Mesías, maestro de novedad y autor de salvación, al mostrarse superior a los más grandes ideales o valores de los hombres (profecía y sabiduría), posee una autoridad única, que le ha sido dada por Dios.
En las dos lecturas encontramos una actitud semejante por parte de la gente: los hombres no se fían de Dios. Tanto en los israelitas y los fariseos existe un olvido voluntario, ante lo que Dios y Jesús han hecho por el pueblo. Es el tema de la ceguera, de la cerrazón voluntaria del corazón frente a la actuación de Dios cuando no se está de acuerdo a las normas establecidas por la mente humana. EL hombre intenta encerrar a Dios, quitarle la libertad y no acepta a no ser aquello que el mismo hombre quiere ver y sentir.
Nosotros nos encontramos en el círculo de los oyentes de Jesús. Debemos preguntarnos ¿somos como los israelitas y los fariseos, o tenemos un corazón sencillo capaz de escuchar, como los pobres de Yavhé, personas de corazón sencillo y sincero? De nuestra repuesta dependerá nuestra fe, confianza y nuestra salación
ORA Y REFLXIONA; REPITE CON FRECUENCIA Y VIVE HO LA Palabra: “Desde lo hondo, grito a ti, Señor.” (Salmo129,1)
ORACION
Señor, que nunca actuemos con indiferencia ante tus señales que nos advierten de la necesidad de cambiar nuestros caminos. Danos la fortaleza de enfrentar la injusticia y danos la sabiduría del Reino de los cielos. Amén

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