Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 24 de julio de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO 2007

La familia de Dios

Alguien visitaba Haití y mientras iba a casa de unos amigos, alguien preguntó: ¿Saben ustedes que es lo primero que los padres haitianos enseñan sus hijos? Y la respuesta fue: “Compartir siempre lo que tienen con la gran familia de los vecinos.” El visitante se quedó admirado, pues siendo Haití una de las naciones más pobres en el mundo de la economía, sin embargo el compartir era lo que primero que aprendieran los niños.

Jesús tiene un especial manera de entender la gran familia que todos formamos. Su familia incluye a la gran familia de Dios. Jesús aparentemente ignora a sus madre y parientes, aunque su amor por ellos es incuestionable. De hecho, Jesús enseña a sus discípulos una enseñanza espiritual acerca del reino de los cielos y de lo que es familia en su Reino. Jesús les dice que ellos tendrán una inmensidad de amigos y relaciones familiares en el reino. Cualquiera que hace la voluntad de Dios es un amigo de Dios y un miembro de la familia de Dios.

¿A quién nosotros miramos como familia? Dios nos da innumerables oportunidades de crear y desarrollar relaciones con familias, vecinos, gente que trabaja con nosotros y con comunidades donde sea. Ser cristiano es en realidad ampliar las relaciones de amor, de apoyo y solidaridad. Tenemos la responsabilidad de desarrollar aquellos que viven en pobreza y discriminación.
Nos encontramos hoy con el paso del Mar Rojo en la primera lectura, descripto con acentos poéticos y gloriosos que marca uno de los momentos culminantes de la historia y de la teología de Israel. Y es algo que nunca se borrará de la memoria del pueblo. Acosados por los egipcios se veían perdidos. por un lado el ejército del faraón y por otro el mar, sin oportunidad de escapatoria. Y es precisamente en esa situación desesperada desde el punto de vista humano, donde se hace sentir la mano omnipotente de Dios, su fuerza, su intervención oportuna y gloriosa: los vencedores son vencidos; los condenados a muerte quedan libres; el terror se convierte en maravilla y. Es canto de alegría. Cierto, que este hecho histórico y concreto, ha sido ador-nado con elementos como acontecimiento prodigioso, con una intervención divina también llamativa. Es que los escritores sagrados han usado la teología, la poseía para hacer resaltar la acción de Dios y para fijar de una manera indeleble en la mente del pueblo el hecho de su salvación. El acontecimiento, aunque ciertamente tuvo lugar, sucedió de una manera mucho más sencilla y se vio ayudado por elementos naturales, los lagos amargos, poco profundos, la fuerza del viento, que ha desplazado como sigue sucediendo hoy, parte de las aguas del lago. Los israelitas supieron ver en aquellas circunstancias una intervención providencial de Dios, que les salvó de una muerte segura. Las frases: “salvó el Señor aquel día a Israel del poder de los egipcios…” (30) e “”Israel vio el prodigioso golpe que el Señor había asestado a los egipcios…” (31) y se convertirán en un acto fundamental de fe para el creyente israelita.
El relato del evangelio nos muestra que Jesús se ha alejado, por su ministerio público, del circulo familiar, que podía limitar o condicionar su obra. Ni siquiera le acompañaba su madre. Jesús no había renegado de los suyos; se trataba de que fuera de su ambiente se podía sentir, y ser, totalmente libre. Los lazos familiares pertenecen a un plano subordinado, son relativos, son secundarios. En este sentido debemos comprender las palabras de Jesús: “¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos? Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre, ése es mi hermano, hermana y madre.” Que no son de ninguna manera ofensiva a su madre y parientes, Jesús sitúa a las personas y las cosas en la perspectiva de Dios y sus designios.

Marcos se fija en el detalle de la mirada de Jesús sobre sus discípulos en el momento de hablar de su nueva familia. Sabemos por otro lado que Mateo muestra preferencia por el tema del discipulado, y por eso al subrayar el gesto de la mano de Jesús, “y señalando con sus manos a los discípulos…”, dice cual es la verdadera familia, no ya, la de la carne y la sangre, sino la formada por el Espíritu, que hace semejantes los corazones, que abre a la escucha de la Palabra, a la renuncia a nosotros mismos, a la fidelidad de un seguimiento de Jesús absoluto y gozoso, comparable al mercader de perlas preciosas que adquiere una de gran valor.

Jesús mismo es el primero en observar la renuncia que impone a sus seguidores, renuncia a los sentimientos más naturales, a las tendencias más fuertes, a los impulsos legítimos, cuando ese sacrificio sirva para la difusión de su Reino.

Si vemos la Escritura hoy, se nos presenta con dos páginas importantes: en una se nos muestra el obrar maravilloso de Dios, y la otra, la verdadera familia de Jesús. Solo un Dios que tenga un poder infinito puede cambiar las relaciones humanas de la vida y de la familia y puede exigir, que los vínculos familiares en el Reino, sean diferentes a los que ofrece la naturaleza y la sociedad. Y cambia precisamente estas relaciones sólo cuando alguien ha comprendido y ha experimentado su salvación, esto es, cuando el hombre se siente sumergido en la esfera de Dios, de la acción de su amor. Entonces puede comprender la nueva relación que existe entre él mismo y Dios, entre él mismo y Cristo, entre él y los otros, a los que considera como hermanos.” (tontería 40,20 años aquí…)

Pablo nos recuerda: “sois ciudadanos dentro del pueblo de Dios, sois familia de Dios…” (Efesios 2,19) En vez de dos, tres, seis hermanos, lo propio del corazón cristiano es decir: todos los hombres del mundo son mis hermanos , a los que amo, por los que rezo, a los que confío cada día al Señor a fin de que los bendiga. E intenta mantener con todos relaciones de respeto, amistad, de paz y de apertura. (nadie es mi enemigo…)

ORA Y REFELEXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra : “Mi fuerza y mi canto es el Señor; él me ha salvado.” (Éxodo 15,1)

ORACION

Jesús, enséñanos que el Reino de los cielos no es cuestión de sangre o carne. Deja que el Espíritu Santo transforme nuestros corazones y nuestras mentes y nos ayude a amar generosamente. Que toquemos la vida de los demás con amor y solidaridad, especialmente aquellos que viven en pobreza y en medio de violencias. Amén

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