Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 27 de julio de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO
El materialismo nos puede sofocar

Una historia común, repetida todos los días. Una persona se levantó a la mañana, se fue de compra y gastó en pocas horas una cantidad de dinero. Luego fue a un restaurant, de los más caros y, sentada allí con todas sus compras se sintió miserable. El materialismo a su alrededor le resultó repugnante. Ella había gastado en una mañana los que millones de personas tienen de entrada por un año.
Hoy encontramos en
el evangelio la explicación de la parábola del sembrador. Y en medio de la parábola hay una advertencia sobre el peligro de las riquezas para los ciudadanos del reino. La semilla es la palabra de Dios que simboliza el crecimiento del reino. Pero la vida espiritual puede ser fácilmente sofocada: el trabajo, la casa, la ropa, los carros, el internet, la ansiedad por el dinero, el materialismo, todo esto sofoca el crecimiento del reino en nuestras vidas de hoy.

Discernir que es lo importante para nosotros y los demás es vital y refleja el cómo nuestra fe cristiana determina las decisiones que hacemos en la vida. Dios siempre está para hablarnos ¿pero qué es lo que hace que la palabra de Dios sea ineficaz en nosotros? El dejar que nuestro corazón se consuma con las cosas materiales y la vida moderna puede alejarnos de los tesoros que duran hasta la eternidad. La palabra de Dios sólo encuentra respuesta en un corazón receptivo.

La primera lectura nos presenta los diez mandamientos. Ya sabemos que encontramos diferentes versiones de ellos en el Antiguo Testamento, debido a las escuelas teológicas que los han redactado o el tiempo en que fueron escritas. Aquí en el Éxodo se encuentra un énfasis en los mandamientos que se refieren a Dios y al culto. Viene de la escuela sacerdotal que pone de relieve el primado de Dios y de su culto.

Los diez mandamiento forman parte de la moral inscrita en el corazón de todo ser humano, la llamada “ley natural”, experimentada y admitida por todas las morales. Es Dios mismo quien ha puesto en el corazón del hombre estos principios, estas tendencias en sentido de bien o mal de nuestras acciones respecto de Dios y del prójimo. Israel tuvo el privilegio de que Dios mismo le enseñara directamente estos mandamientos, revelados en la teofanía del Sinaí, un privilegio, un acto de predilección de Dios hacia el pueblo, pero que supone asimismo una mayor responsabilidad y fidelidad a la hora de cumplirlos.

En el evangelio, Jesús explica la parábola del sembrador, a pedido de los discípulos El entendimiento de la explicación de Jesús ve una experiencia de la vida cristiana y de la predicación de la Palabra de Dios con los diferentes resultados que obtiene. Vemos también la explicación de Jesús acompañada en la práctica de la Iglesia primera que da colorido al texto del evangelio.

La parábola habla de la acogida que brinda a la Palabra el terreno en que el que cae la semilla. Hay cuatro respuestas: tres negativas y una positiva. Las negativas enumeran los obstáculos, las dificultades y los peligros en que se debate el que escucha la Palabra. No basta con escuchar y tampoco basta con acoger de manera gozosa lo que se oye. Se requiere una acogida elaborada, fruto de una profunda comprensión. Entonces es cuando la Palabra de Dios puede dar su fruto.
En esta explicación resalta la libertad del hombre frente a la Palabra de Dios, con toda capacidad de rechazarla o decidirse por otras opciones. También se pone de relieve la fecundidad de la semilla cuando encuentra un terreno bueno y abierto. Cada semilla da su fruto, con diferente porcentaje, el cien, el sesenta o el treinta, una producción deferente, aunque se trata en todos los casos de tierra buena.

Esta parábola, como la de los talentos (Mateo 25) y la de la diferente cantidad de dinero dada a cada siervo (Lucas 19) tiene por objetivo suscitar en nosotros la apertura del corazón que nos permita la acogida gozosa de la Palabra y de la alegría de la cosecha, siempre abundante cuando la tierra es buena.

Para nuestro tiempo la página del libro del Éxodo tal vez sea la página bíblica más necesaria, puesto que nos muestra lo que debemos hacer y las prioridades con las que debemos orar, es decir, dar la verdadera importancia a los tres primeros mandamientos, que están expuestos a la crítica y a los ataques del mundo y los más fáciles de abandonar, descuidándolos e incluso olvidándolos, para acentuar cualquier otro de los preceptos divinos.

El retorno a Dios, a la verdadera fe, a la oración, a la relación con Dios, es hoy mucho más necesario que en otros tiempos. Un mundo paganizado se olvida de Dios y de su servicio; Nosotros debemos revivir estas grandes verdades de nuestra fe, que nos recuerdan los mandamientos. En el año 2000, el Papa Juan Pablo II en el monasterio del Sinaí, el de Santa Catalina, dijo: “Los diez mandamientos no son una imposición arbitraria de un Dios tiránico. Fueron escritos en la piedra, pero antes en el corazón del hombre como ley moral universal. Hoy como siempre, las diez palabras de la Ley proporcionan la única base auténtica para la vida de los individuos, de las sociedades y las naciones… Salvan al hombre de las fuerzas destructoras del egoísmo, del odio y de la mentira. Ponen de manifiesta todas las falsas divinidades que le reducen a la esclavitud: el amor a sí mismo hasta la exclusión de Dios, la avidez del poder y del placer que subvierte el orden de la justicia y degrada nuestra dignidad humana y la del prójimo. Y terminó diciendo: EL viento que todavía sopla del Sinaí nos recuerda que Dios desea ser honrado en sus criaturas y en su crecimiento: el hombre es la gloria de Dios.”

ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra de Dios: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.” (Mateo 22,37)

ORACION:
Señor, ayúdanos a guardar y alimentar la palabra que has sembrado en nuestros corazones. Que rechacemos las tentaciones que nos impiden creer en ti y ser fieles a tus enseñanzas. Ayúdanos a vivir una vida simple y a compartir lo que tenemos con los pobres y necesitados. Amén.

No hay comentarios.: