Luminosos en el Espíritu
Cuando el científico y sacerdote presbiteriano Joseph Priestley descubrió el oxígeno en 1773 él no sabía que lo era este nuevo gas. El escribió: “una candela brilla con admirable fuerza con este gas… un pedazo de madera se quema como hierro brillante” . Y cuando encerró un ratón en un espacio lleno de este gas para respirar, éste pareció tener una nueva vida.
Cuando Moisés recibió de Dios los mandamientos, fue el equivalente espiritual del puro oxígeno. El bajó de la montaña con una luz radiante. El haber estado en la presencia de Dios tuvo un efecto transformante en su persona. El estar en la presencia de Dios puede crear un brillo especial que nosotros tal vez no nos demás cuenta, pero los demás, sí. En verdad el pasar tiempo con Dios es tan importante y valiosos que, como Jesús lo explica en la parábola, vale la pena dar todo lo que uno tiene.
El oxígeno es esencial para la vida física, lo mismo el pasar tiempo en la presencia de Dios es esencial para el crecimiento y la salud espiritual. Priestley descubrió como resultado de pacientes experimentos el oxígeno sin saber lo que era. Lo mismo hay algo experimental acerca de la vida cristiana Una persona que se encuentra con Dios, puede que no tenga un temperamento diferente o que cambien las circunstancias de su vida. Al fin de cuenta Dios nos trata como individuos ni como clones. Lo importante es encontrar tiempo para simplemente estar con Dios. Esto puede hacer una gran diferencia en nuestras vidas e iluminarnos con un brillo espiritual y ayudarnos a mantener nuestras citas con él.
Sabemos que el fragmento del Éxodo, que hemos leído hoy fue escrito después del exilio de Babilonia, en el siglo VI-V antes de Cristo, y pertenece a la tradición sacerdotal y concluye el tema de la lejanía/proximidad de Dios (33,24) “Cada vez que Moisés entraba en la tienda se quitaba el velo hasta que salía…Y cuando salía comunicaba al pueblo lo que Dios le había ordenado.” El rostro de Moisés era brillante y luminoso. Cuando baja de la montaña con las tablas manifiesta en su persona, sin saberlo, que él es el lugar privilegiado de la revelación de Dios. Al verlo el pueblo no se atreve a acercarse a él por un sagrado respeto y temor (30) Sin embargo Moisés llama a Aaron y a los representantes del pueblo para comunicarles las órdenes de Dios. Se cubre el rostro con un velo cuando se encuentra con el pueblo, se lo quita para dialogar con Dios cuando entra en la tienda. (Eclesiástico 45,2-ss, 50,5-13)
Moisés el gran líder del pueblo, se muestra aquí como el signo revelador de Dios. Lo revela no solo con la luz de su rostro sino también con las tablas de la ley, que contiene la Palabra de Dios. Acercarse a él significa hacer la experiencia de lo divino (31-34). El encarna toda la revelación de Dios: a él se le atribuye la promulgación de la ley y la autoridad de la Palabra de Dios. No es difícil ver evocada en este relato, en el que brilla la luz de Dios en el rostro de Moisés, la figura de Cristo glorioso en la transfiguración, manifestación verdadera del Salvador de los hombres e imagen viva y luminosa del Dios invisible. (Marcos 9,2-8; 2 Corintios 4,6, Hebreos 1,3; Colosenses 1,15)
En el evangelio las dos parábolas, la del tesoro y la perla, ponen de manifiesto el valor infinito del Reino de Dios, anunciado por Jesús, por el que vale la pena vender cualquier cosa. En la primera, el campesino que encuentra el tesoro vende todo y compra el campo. En la segunda un mercader de perlas al encontrar una de gran belleza y rara, vende todo lo que tiene y la compra porque sabe que no hay mayor valor que esa perla..
La enseñanza de Jesús es clara: el Reino de Dios y todo lo que esto significa exige una entrega completa e incondicional. Este Reino no es algo, es alguien, es haber encontrado la persona de Jesús. Pero hay que decidirse con la prontitud y la alegría del que ha comprendido el valor del Reino de Dios. Y la alegría es tan profunda y sentida que hace posible vender cualquier otro bien, con tal de alcanzar el fin deseado, esto es, la posesión del tesoro y de tal piedra preciosa, frente a las cuales cualquier otra cosa pierde valor y no resulta excesivo ningún esfuerzo.
La parábola nos dice: es necesario eliminar cualquier compromiso, si queremos alcanzar el amor como un don de Dios que nos ama en la comunión con él Al hombre le compete la correspondencia y la disponibilidad frente a la iniciativa de Dios.
En el fondo la parábola nos describe al mismo Jesús, podríamos decir, no es “el hombre veleta”, en constante cambio, sino “el hombre-roca”, anclado en un punto estable e inamovible que da sentido a su vida.
Jesús vivió con pasión la “Buena Noticia” se ha cumplido el tiempo y está llegando el Reino de Dios…” A ella dedicó todo lo que era y tenía, con entusiasmo y generosidad incomparable, hasta su propia vida. Quería que Dios a quien invocaba como Abba-Padre, pudiera establecer su soberanía amorosa con todos y cada uno, pudiera ser en verdad el rey del mundo. Así podría desaparecer todo lo que no permite a sus hermanos ser verdaderamente felices. Quería que todos “tuvieran vida, y la tuvieran en abundancia…” (Juan 10,10)
Podemos imaginar que como se dice de Moisés en la primera lectura, también el rostro de Jesús estuviera radiante, precisamente porque en él se mostraba aquella alegría irrefrenable que lo había levado a “vender todo lo que tenía” para “comprar aquel campo", en el que se encontraba ‘su tesoro.’
Pero nosotros, nos dejamos seducir por muchas cosas. Nuestro corazón está en otras cosas, donde no está el tesoro. No buscamos siempre el Reino de Dios, no amamos de una manera suficiente “la vida en abundancia” para todos.
OTRA Y REFLEXIONA: repite con frecuencia y vive la Palabra: “Vosotros que habéis dejado todo por el Evangelio, recibiréis cien veces más y heredaréis la vida eterna.” (Mateo 19,27-29)
ORACION
Señor, tú eres la fuente de seguridad para nuestra vida como la respiración es vital para nuestra vida física. Danos la fuerza de buscar tiempo para estar contigo, para que podamos gozar de tu presencia y llenarnos de tu gracia y comunión. Amén.

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