Fiesta de la Transfiguración del Señor: Nuestra luz transformate
Pensemos un momento en cosas que cambian y se vuelven diferentes. Un gusano que se transforma en mariposa, una semilla que se vuelve un árbol. Pero también sucede con las personas. En un día como hoy murió un dramaturgo inglés, Ben Johnson. El no fue siempre un escritor comenzó sien- do un albañil. Las personas que lo conocieron hubieran dicho que se había transformado en otra persona.
Los discípulos estaban acostumbrados a ver a Jesús como hombre, comie-ron con él, caminaron con él, vieron sus acciones de curar a los enfermos y de enseñar al pueblo. Ellos sabían que él era “diferente” y alguien lleno de dones especiales. Pero ellos no entendieron “el cómo” él era diferente, hasta la transfiguración. Un poco antes Pedro le había dicho: “Tú eres el Hijo del Dios vivo” sin darse cuenta tal vez de lo que había dicho, pero una semana después se le mostró quién era Jesús. Jesús se transfiguró, brillando en él toda su gloria, como la luz más pura que uno pueda imaginar. Su conversación con Moisés y Elías le abre los ojos a Pedro, a Juan y Santiago a ver la santidad de Jesús, con los santos del cielo, personas de generaciones distintas pero compartiendo juntos. Pedro nunca olvidó la experiencia.
Y esto nos recuerda, en momentos de dudas, que los apóstoles experi-mentaron en forma física que Jesús era mucho más que alguien que curaba y enseñaba. Y también nos recuerda que nosotros podemos y debemos cambiar también. Nuestro llamado es volvernos como Jesús y reflejar su gloria a otros. Por supuesto, que no podemos reflejar toda su naturaleza divina, pero podemos brillar por él ahora, antes de que seamos completamente transfor-mados en el cielo.
Algo claro hoy y que tenemos que tenerlo presente: la transfiguración prepara en el evangelio a los apóstoles para entrar en la compresión del misterio de la muerte y resurrección de Jesús. En el año litúrgico esta sucede y tiene lugar justo cuarenta días antes de la fiesta de la Exaltación de la Cruz.
La profecía de Daniel nos revela el designio de Dios sobre la historia. La visión la sucesión de los grandes imperios y sus violentos dominadores, pero todo eso se interrumpe, a Daniel se le ha concedido contemplar los aconteci-miento desde el punto de vista del Señor. Aparece el juez omnipotente que conoce, valora y juzga definitivamente la obra de los hombres, pero es alguien que interviene desde el cielo para rescatarlo, los reinos y poderíos terrenos se oponen al reino que el “Anciano” confía este misterioso “Hijo del Hombre” que viene sobre las nubes. El autor indica que este personaje es hombre, aunque de origen divino. No se trata del Mesías davídico esperado para restaurar el reino de Israel, sino de su transfiguración sobrenatural, que inaugurará el reino, que aunque está presente en el tiempo “no es de este mundo” (Juan 18,36). Triunfará sobre los imperios mundanos, llevando a la historia al cumplimiento del plan de Dios. Entonces “los santos del Altísimo” participarán comple-mente de la soberanía de Dios. Jesús se identifica con esta figura bíblica, especialmente en la hora de su juicio ante el Sanedrín.
Pedro y sus compañeros han contemplado la grandeza de Jesús y por eso se reconocen como portadores de una gracia mayor que la de los profetas, pueden confirmar, por la experiencia personal, la veracidad de las profecías a las que Jesús da cumplimiento. La palabra del Antiguo Testamento no ha ago-tado su tarea de “lámpara que alumbra en la oscuridad”, seguirá anunciando a los creyentes que avanzan en medio de la oscuridad hasta el día sin ocaso de la venida e Cristo (19) En este camino la figura radiante de Jesús transfigurado, que los apóstoles nos atestiguan, sostiene nuestra fe y enciende el deseo de nuestra esperanza “el lucero de la mañana” que se alza ya en el corazón de quien vela.
Según Lucas la transfiguración se realiza cuando Jesús se retira a orar, como sucederá en otro momento importante de su misión, el Getsemaní. Lucas presenta la transfiguración como preanuncio de la pasión, pero supone el primer resplandor de la gloria divina del Hijo, el Siervo de Yavé, para la salva-ción de los hombres.
En la oración aparece la identidad sobrenatural de Jesús y, la gloria que habita en él de vuelve espacio para la comunicación con las figuras gloriosas de la historia del pueblo de Israel. Moisés y Elías se identifican con Jesús en su fidelidad absoluto a Dios. Hablan con Jesús de ”su éxodo” que se realizará en Jerusalén. La luz que irradia de la transfiguración, representa para Jesús una claridad interior de su camino y esta luz cubre a los apóstoles espectadores atónitos del suceso. Mientras Moisés y Elías se separan de Jesús, Pedro quiere detenerse en el tiempo (33). La nube que “los cubrió” es la presencia de Dios, desde allí los discípulos reciben una luz más brillante aún: la voz divina que proclama la identidad de Jesús, “el elegido”. Con la invitación a escucharle desaparecen Moisés y Elías, queda Jesús solo, la Palabra única y que les invita a reemprender el camino.
La luz de la transfiguración viene a romper nuestras tinieblas, pero depende de nosotros acoger la invitación a retirarnos a un lugar apartado con Jesús, es decir aceptar la fatiga que supone dar los pasos que nos alejen de la vida agitada y que nos invitan a aligerarnos de los fardos pesados e inútiles. La última palabra es este Hijo predilecto, escuchémoslo mientras nos indica el camino de la vida: la vida resucitada que nos ha sido dada; mientras nos invita a bajar a los hermanos. Entonces el lucero de la mañana se alzará en nuestros corazones, iluminando nuestra mirada interior, que nos hará vislumbrar, en medio de la oscuridad de los acontecimientos, en el rostro de cada persona a Dios “todo en todos…” que es la eterna meta de nuestra peregrinación en el tiempo.
ORA Y REFELXIONA: repite hoy a manudo y vive la Palabra: “En tu luz vemos la luz”. (Salmo 35,10)
ORACION
Gracias Señor, por las transfiguración que experimentaron los discípulos y nos la revelaron. Gracias por manifestar tu verdadera naturaleza divina. Y gracias por recordarnos que nosotros hemos cambiado, también. Ayúdanos a crecer cada día a tu imagen. Amen

No hay comentarios.:
Publicar un comentario