Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 7 de agosto de 2007

HOMILIA Y ORACION

Tiempo Ordinario 2007

Jesús hace las cosas “imposibles”, posibles.

En julio del año pasado seis noruegos completaron la expedición que llamaron Tangaroa cruzando el océano Pacífico desde el Perú a la Polinesia en una balsa de madera, mientras hacían experimentos marítimos. Con esto repitieron la expedición del 1947 Ton-Tiki, como tributo al líder de aquella expedición. el noruego Thor Heyerdahl. Las dos expediciones probaron que lo que se pensaba imposible sucedió: los antiguos incas de Sud América pudieron haber migrado desde la Polinesia ayudados solamente por las corrientes y los vientos del océano.

Cuando Jesús caminó sobre las aguas del Lago de Galilea, él realizó algo que los discípulos creyeron imposible, por supuesto era imposible sin el poder sobrenatural, como lo probó Pedro cuando lo quiso hacer por sí mismo. Y eso les probó a los discípulos que algo que ellos pensaban imposible después de todo, que el Jesús que ellos conocían no era solamente hombre, sino la encarnación del Dios Creador. Porque solo el Creador podía dominar la natu-raleza. Y pocos días después de esto, Pedro proclamó que Jesús era el Hijo de Dios. Para nosotros nos parece algo de tipo intelectual.

Pero es bueno saber que Jesús demostró su naturaleza divina, pero eso no importa casi nada a los discípulos de hoy. Piensen en algo imposible que se pueda realizar, y lo que creemos imposible sin Dios, muchos cristianos hemos experimentado con la asistencia e intervención de Dios que nada es imposible de realizar para el Señor. A lo mejor no es caminar sobre las aguas, pero no-sotros somos llamados por Dios a realizar “misiones” imposibles y descubrir la frescura de la presencia de Dios activo en el mundo. Para el mundo de hoy le parece imposible que podamos permanecer en paz en medio de los insultos, críticas, juicios y ataques y que se vuelva normal que la gente reaccione con enojo, insultos y venganzas. Y sin embargo, en el poder de Dios, podemos permanecer en paz y tranquilidad como si nada hubiera pasado, o darle gracias a Dios por las enfermedades que padecemos o las situaciones difíciles que nos tocan vivir. Para la sociedad del lujo y del dinero y de la buena vida y el placer, esto es imposible, pero no para Dios y los que confían en Dios.

Tenemos un ejemplo en la primera lectura de Dios de hoy.
El relato envuelve a tres personajes, Moisés y sus hermanos, María y Aaron. Allí Dios se manifiesta protector de Moisés acusado falsamente por mentiras, habladurías e envidia de sus hermanos. Ellos no son capaces de considerar a Moisés en su grandeza, de elegido por Dios, y no tiene nada que ver que su esposa sea una mujer etíope. Quieren ser como él. Pero Dios viene en ayuda de Moisés, lo defiende y realiza un juicio (y el juicio es solemne. Se realza en frente de la tienda de la reunión, lugar de la presencia de Dios, donde Dios está presente en el símbolo de la nube (5,10) El juicio es severo y Dios toma la defensa de Moisés. Moisés es entre los profetas, el profeta por excelencia, el confidente de Dios. Y las palabras de Dios son emotivas y ponen de manifiesto su singular elección de confidente y amigo: “A él le hablo cara a cara, a las claras sin enigmas. Moisés contempla el semblante de Dios…” (8) El castigo de María nos puede parecer excesivo. Pero se trata de un signo. Y de nuevo, la oración confiada de Moisés, que le pide la curación de su hermana, manifiesta la verdad del que habla a Dios con la audacia y confianza de un amigo.

EL evangelio nos muestra de nuevo los momentos de oración y soledad de Jesús: “después de despedir a la muchedumbre, subió al monte a orar y al llegar la noche estaba allí sólo…” (23) Mateo nos presenta la relación orante de Jesús con Padre y al mismo tiempo su naturaleza divina al caminar sobre las aguas. Las palabras e Jesús tranquilizan a los discípulos, llenos de miedo. Y Pedro quiere caminar sobre las aguas como su Maestro. Prueba a hacerlo pero se hunde, el miedo a la muerte hace brotar en él una oración sentida y profunda, una oración que implora su salvación: “Señor, sálvame…” (30) Jesús le reprocha a Pedro su miedo y falta de fe (31) y se presenta a nuestros ojos como el Salvador, a la luz de su manifestación divina.

Jesús es el predilecto, más grande que Moisés, es también un orante, más aún es “lugar” de la oración, la nueva tienda del encuentro donde Dios se hace presente, el nuevo templo que reúne a los hombres con Dios. Cuando yo era adolescente y leía a montones, como todavía lo hago, los escritores espirituales hablaban de Jesús “como el sacramento del encuentro…” Jesús durante la noche se convierte en la tienda del encuentro, misteriosamente iluminada por la columna de nube, por la gloria del Señor. Una gloria que lo envuelve y se hace visible por momentos, como en la Transfiguración, en la que se mani-fiesta a los ojos de los discípulos, en toda su grandeza. El Jesús que camina sobre las aguas es el Dios del éxodo liberador, el Creador que domina a sus creaturas. Y es el Dios que se manifiesta en el realismo del hombre, no de un fantasma, a pesar del estupor que despierta verle caminar sobre las aguas. De ahí que Jesús, ante esta revelación, pida fe en él, confianza en su persona. En la oración de Moisés se manifiesta nuestra oración de intercesión, que nos hace amigos y confidentes. En la oración de Pedro se manifiesta nuestra necesidad de salvación. Jesús siempre extenderá la mano nos cogerá, como a Pedro, en el momento que comenzados a hundirnos y nos reprenderá: “Hombre de poca fe…” y agregará: “porqué has dudado…” y aún teniendo fe, te has inclinado hacia el lado contrario, como dice Orígenes, comentando el evangelio de Mateo.

Pidamos a Dios la sabiduría de Pedro y de generosa intervención como la de Moisés por todas las personas que amamos y queremos que se salven en el cuerpo y en el espíritu: “Oh Dios, sálvalos, por favor…”

ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Señor, sálvame…” (Mateo 14,30)

ORACION:

Oh, Señor y Creador que has llamado las cosas y los hombres a la existencia y nos mantienes en tu mano. Danos el poner y muéstranos tu gracia y protección, cuando las cosas parezcan fuera de nuestras fuerzas. Amén.

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