Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 8 de agosto de 2007

HOMILIA Y ORACION

Tiempo Ordinario 2007

Dios no tiene favoritos

Estamos acostumbrados a escuchar, basta abrir lo diarios, encender la TV y escuchar las noticias, extremistas que desprecian a un grupo cultural o racial. Pero personas que luchan por la justicia racial buscan la integración, no el poder. Martin Luther King soñó con el día “en que los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos se sentarían en la mesa de la fraternidad.” Mandela en Sud África soñó con lo mismo.

Ambos siguieron el ejemplo de Cristo que dio el primer paso para integrar a creyentes judíos y no-judíos. Al principio nos parece que Jesús comparte los mismos prejuicios. Parece ignorar a la mujer sirio-fenicia que le pide que le cure a su hija. Implícitamente se refiere a ella como “perro”, término usado por los judíos con personas de otras razas. Pero en realidad está haciendo crecer en ella la fe y al mismo tiempo enseñando a los discípulos en términos que ellos pudieran entender. Y podemos ver en la respuesta de la mujer que ella entendió que Dios se revelaba en una manera nueva en Jesús, y que Dios cuidaba de todos los pueblos.

Como cristianos eso es lo que creemos, lo cual no hace entristecernos las actitudes y acciones extremistas de tantos, hoy. Pero Dios siempre está buscando nuestro corazón tal vez, más de lo que nosotros le permitimos. Tal vez no despreciamos a los demás por su raza o cultura. Pero los consideramos menos por su manera de vestir o hablar o por su escala social. O podemos pensar menos de ellos por el simple hecho que nos irritan. Estas personas se convierten “en perros” para nosotros. Pero sin embargo, también ellos pueden comer en la mesa de Cristo. Pensar esto nos puede hacer darles la bienvenida y aceptarlos con amor, también.

La manera como el leccionario nos presenta este texto del Libro de los Números de forma fragmentaria nos invita a una lectura personal de toda la historia. Se trata de un relato compuesto por distintas tradiciones que pre-sentan algunas contradicciones. Pero podemos observar cuatro momentos: el envío de los representantes de las doce tribus de Israel por parte de Moisés para que exploren la tierra y la realización del mandato; la vuelta de los exploradores con frutos de la tierra prometida y el relato; el miedo del pueblo a causa de los aspectos negativos y exagerados relacionados con los habitantes de Canaán y sus ciudades, hombres fuertes, ciudades fortificadas, cosas que desaniman al puebla a seguir adelante; el lamento del pueblo y la nostalgia de la tierra de Egipto con su consiguiente falta de confianza en Dios y en sus promesas.

Pero en medio de las contradicciones, Moisés permanece fiel a Dios y señala al pueblo la tierra prometida y sus frutos y proclama las palabras claves de este relato que no están incluida en la lectura, que son una exhortación a la confianza basada en la fidelidad a Dios: “El Señor está de nuestra parte; él nos hará entrar en ella y nos la dará; es una tierra que mana leche y miel. No os rebeléis contra el Señor ni temáis a los habitantes de esa tierra pues serán para nosotros pan comido. Ellos se han quedado sin defensa y con nosotros está el Señor; no los te-máis….” (Números 14,8ss). Estas palabras manifiestan la confianza y fidelidad de Moisés y el objetivo de la marcha la tierra “que mana leche y miel…” la forma clásica de describir la tierra prometida.

EL evangelio es el relato del encuentro de Jesús con una mujer que es pagana. Podemos ver tres intensas peticiones de la mujer y tres actitudes de alejamiento por parte de Jesús, actitudes casi incomprensibles para nosotros, a no ser por su carácter pedagógico. A la invocación “Hijo de David, ten piedad de mí…” (22) Jesús no responde. Cuando los discípulos intervienen, responde con un rechazo que acentúa la distancia entre Israel y los demás pueblos (23-24) A la renovada petición de la mujer, que se postra ante Jesús, responde de una manera dura y enigmática: “No está bueno dar el pan de los hijos a los perros…” (26) Pero el amor materno entiende el duro lenguaje de Jesús y encuentra allí una rendija de esperanza y transforma la objeción de Jesús en una razón ineludible para obligarle a hacer el milagro: “También los perritos comen de las migajas que caen de la misa de sus amos…” (27) Su fe ha quedado probada y ha superado el examen del amor: “¡Mujer, qué grande es tu fe!” (28).
El reino de Dios se dilata con el amor de aquellos que han acogido, acogen y acogerán a Jesús más allá de todo límite humano.

Los dos textos de hoy nos ofrecen la posibilidad de meditar sobre aspectos de la realidad de nuestro Dios y su fidelidad, y de nuestra confianza . Dios es fiel a sus promesas, más aún, a fin de que no esperemos al último momento para ser confirmados en las pruebas por parte de su fidelidad, Dios anticipa en la vida el goce de los bienes prometidos. Del mismo modo que los israelitas pudieron gozar de los frutos de la tierra prometida, gracias a los exploradores que confirmaron la verdad de las promesas de Dios, también con nosotros se muestra el Señor espléndido en sus dones definitivos y nos los hace probar de manera anticipada. Tenemos las primicias y la prenda de nuestra esperanza ya en este mundo. Sin embargo, todavía no hemos llegado a esta meta.

La confianza ilimitada de la cananea que confía en Jesús y desafía con su decidida perseverancia el corazón del Maestro, también supone para nosotros un motivo de ánimo. Dios espera de nosotros que mostremos una gran esperanza en él.

Por eso es preciso pasar por el desierto y morar en él, para recibir la gracia de Dios; es allí donde nos vaciamos y expulsamos de nosotros todo lo que no es Dios, y donde se vacía nuestra casa para darle todo el sitio a Dios. Los judíos, Moisés, Elías, Jesús, Pablo, Domingo de Guzmán se prepararon en el desierto. Es un tiempo de gracia, y los frutos son proporcionados a este caminar en el desierto, aunque no salgamos de nuestra casa y de nuestras responsabilidades de todos los días.

ORA Y REFELXIONA: repite frecuentemente y vive hoy la Palabra: “Pedíd y se os dará, buscad y encontraréis…” (Mateo 7,7)

ORACION
Es difícil, Señor, ver que personas que conocemos y amamos se cierran a tu amor. Ayúdanos a entender sus miedos y danos paciencia y amor para permanecer fieles a ti, por Jesús. Amén.

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