Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 27 de agosto de 2007

HOMILIA Y ORACION

Tiempo Ordinario

Jesús condena la hipocresía.

Hipocresía, grita Milton, en su obra el Paraíso Perdido y dice: “La hipocresía es el único mal que camina invisible, pero no para Dios.
Ser un hipócrita, aparecer ser bueno cuando se actúa, es una tentación terrible que todo el mundo sabe y entiende que está unida a toda experiencia religiosa. Jesús, que puede leer lo que hay en los corazones, no se echa atrás cuando acusa de hipocresía a un grupo de líderes religioso de su tiempo. El suave y tranquilo Jesús dice “ay de ustedes…” que es muy distinto del “dichosos ustedes” de las bienaventuranzas, con que Jesús inaugura su ministerio. Y llegando al final de su predicación él no se queda en silencio en asuntos religiosos. Su querido judaísmo no había podido florecer porque personas lo interpretaron mal. En lugar de ayudar a la gente a abrir sus vidas a Dios, les ponen obstáculos en su camino. En vez de liberar a los conversos para el Reino de Dios los enredan en sus propios sistemas y prejuicios. Sus valores son falsos. Jesús no puede dejar pasar estos abusos del pueblo de su fe.

Los creyentes de Tesalónica, sin embargo, son un modelo de fe. Ellos muestran su fe en acción, trabajan por amor y perseveran en la esperanza. La primera lectura de Pablo nos muestra como él escucha eso de otros testigos, y los alaba y les da gracias. ¿Qué podemos decir las personas de nuestra comunidad y los vecinos de nuestros apartamentos? ¿Son hipócritas que le quitan el gozo y la alegría a la fe a los demás, o son como los tesalonicenses, siervos del Dios viviente y verdadero?

La lectura y la liturgia nos presenta el anuncio del evangelio llevado a cabo por Pablo en Tesalónica, que es la prueba de la presencia y de la acción Espíritu de Jesús resucitado; y se ha manifestado en los signos y prodigios y en la “convicción profunda”; o sea la plenitud de la fe en Cristo con la que Pablo ha hablado y actuado. Es la misma fe que une a Pablo y a los tesalonicenses, una fe que apunta a la meta, Jesús es el objeto “de nuestra esperanza” (3) capaz de orientar el compromiso cotidiano en la comunidad, tanto de Pablo, “sabéis que todo lo que hicimos entre vosotros fue para el bien de ustedes…” (5) y de los mismos tesalonicenses, “por todas partes se ha extendido la fama de la fe de ustedes…” (8)

La Carta a los Tesalonicenses es la más antiguas de las cartas atribuidas a Pablo En ella Pablo anima, elogia y agradece; en alguna ocasión reprende y llama a la observancia de los principios de la fe en Cristo. Está escrita por un único sentimiento, por una misma expectativa: que Cristo venga pronto en su gloria. Y esto no es una verdad abstracta es la certeza basada en la experiencia desconcertante del Espíritu Santo, que se comunica a través de la predicación apostólica. Esto es lo que nos ofrece el texto de hoy (5) “porque el evangelio que os anunciamos no se redujo a meras palabras, sino que estuvo acompa-ñado de la fuerza del Espíritu Santo y de una convicción profunda…” Convi-cción profunda, quiere decir, plenitud de la fe en Cristo. Es la misma que une al apóstol con los destinatarios de la carta, una fe que apunta a la meta, Jesús, el “objetivo de nuestra esperanza…” (3) capaz de orientar el compromiso cotidiano en la comunidad, tanto de Pablo, “sabéis de sobra que todo lo que hicimos entre vosotros fue para vuestro bien…” (5) como de los mismos tesalonicenses, “por todas partes se ha extendido la fama de vuestra fe….” (8) El origen y motor de todo esto es el amor de Dios: en el lenguaje de la elección: “conocemos bien, hermanos amados de Dios, cómo se realizó vuestra elección…”, es decir es una absoluta y libre iniciativa de Dios; se trata de la libertad del amor de Dios, que es absolutamente imprevisible y gratuito. Una amor libre que libera, así es el Cristo esperado, en la gloria de su última venida. (10)

La liturgia no s propone uno de los textos más ásperos del Nuevo Testa-mento y no combina bien con el mensaje de acogida y perdón destinado a todos los hombres, en especial a los enemigos propio del cristianismo de Jesús. Los entendidos nos dicen que “estos ayes…” tenemos que leerlos con el telón de fondo del “sermón del monte.” Y el hecho de que estas palabras han entrado en el anuncio de la Buena Nueva, en el comienzo del capítulo 23, el discurso dirigido a los maestros de la Ley y fariseos, está dirigido “a los discípulos y la muchedumbre…” (23,1) Y que tiene un doble valor, por un lado, es una polémica abierta con la sinagoga que juzga como herética a la comunidad cristiana, pero, al mismo tiempo, una autocrítica que debe apli-carse en el interior de la comunidad.

La hipocresía o falsedad, era en su origen el actor que se pone una máscara, pero se aplica a la verdadera religión que se presenta como tal pero prescinde de Dios, sustituyéndola por una casuística de los “comportamientos que salvan.” ¿De qué se preocupan los hipócritas? De cosas como el templo, el oro, la ofrenda y se olvidan de aquel que habita en el templo, de aquel que está senado en el trono. (21ss)

El Cristo de Pablo y del Evangelio, no es el Cristo que viene a catalogar, separar, clasificar, tal como quisiera la religión de los fariseos y maestros de la Ley. El Dios de Jesucristo cambia todo eso y prefiere estar de una vez por todas, de parte del hombre, hasta hacerse una sola realidad con la criatura, abrazándola en la debilidad de la carne. “Los guías ciegos…” de Mateo no han tenido una verdadera conversión que es fruto del Espíritu del Resucitado. No profieren gritos de liberación, no tienen comunión con “el Dios vivo y verdadero.” (9)

ORA Y REFLEXIONA: repite frecuentemente y vive la Palabra: “Señor tú eres el Dios vivo y verdadero…”

ORACION

Padre lleno de amor, guíanos a una unión íntima con Cristo. Cuando nos sintamos tentados a cubrir nuestras faltas con apariencia de bien, danos la fuerza para resistir el mal y ser auténticos discípulos de Jesús. Danos la alegría de tu Reino y apóstoles de la Buena Noticia. Amén.

No hay comentarios.: