Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 30 de agosto de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO 2007

Estemos preparados para el Señor.

Fay Weldon es una popular novelista inglesa, y muchos de sus libros han terminado en series de televisión. En su autografía ella dice: “Parece que existe un modelo en nuestras vidas, que nada sucede y que nada sucede, y de repente todo sucede…” Todos nos podemos identificar con eso, de vez en cuando todo anda sin rumbo ni dirección y de repente sucede lo que esperamos.

Jesús nos habla hoy, de eso. Cantamos “cada vez que comemos de este pan y bebemos de esta cáliz anunciamos tu muerte hasta que él venga en gloria..” pero no sabemos cuándo. Y ¿si lo supiéramos, qué haríamos? Tal vez, pasaríamos el tiempo preparándonos, haciendo obras buenas. Lo difícil para nosotros es que mientras esperamos que suceda, tenemos que ocupar el tiempo haciendo buenas obras.

Este es el tema del evangelio de hoy, si Dios volviera en cualquier momento, ¿cómo nos encontraría? ¿Nos encontraría en nuestro puesto, como buenos servidoress, haciendo las cosas con alegría?

En la primera lectura nos enteramos que cuando Tito vuelve de “su visita pastoral” a Tesalónica, Pablo conoce el progreso realizado por éstos en el camino de la fe. Ahora puede experimentar su corazón de padre al saber que sus hijos están bien. Pero, tiene un gran deseo: no estará en paz hasta que haya podido ver de nuevo en persona a la comunidad, a reemprender el diálogo con ellos, pues tuvo que abandonar la ciudad, probablemente debido a la hostilidad de los judíos.

Dado que tal amor no procede del hombre, sino que es la presencia misma del Señor en la tierra, la medida de su santidad entre los hombres, Pablo invita a los cristianos de Tesalónica a que se conviertan en imitadores suyos, como él lo es de Cristo: en su caridad serán transformados a su imagen, de día en día hasta que venga el Señor.

El tema de la parábola es la vigilancia, que es un tema muy querido para el evangelio de Mateo, puesto que la comunidad de Mateo advierte con preocupación el retraso de la segunda venida de Cristo, la parusía. Como ocurre con los discípulos de Pablo, la expectativa de una venida inminente de Cristo es contradicha por el transcurrir del tiempo, marcado por los acontecimientos dolorosos que todavía la Iglesia tiene que hacer frente. La comunidad responde creando motivos, los de las parábolas del capítulos 24 y 25, enseñanzas de Jesús, para comunicar el sentido del tiempo que pasa entre la resurrección de Jesús y la venida del Cristo glorioso.

La parábola se dirige al que nombrado sustituido por su amo durante el tiempo en que esté ausente. Es un tiempo de prueba en la relación entre el criado y su Señor. La parábola en momentos sucesivos muestra los dos desenlaces opuestos, ambos posibles y separados por un límite sutilísimo. El criado fiel es calificado también de “sensato” (45) no actúa como si el amo no estuviera, sino que obra como si éste tuviera que volver de un momento a otro. En insensato, son embargo y de pensamiento superficial, el que piensa que podrá contar con un tiempo a su propia disposición en el que podrá disponer de los bienes para su propio disfrute, no aguarda a su amo. Luego viene el momento en que deberá dar cuentas, antes o después, para cada uno (50) entonces tendrá lugar la recompensa o el castigo, sin términos medios y sin oportunidad de apelación: bienaventuranzas para unos, que serán admitidos para el papel de administradores de todos los bienes (47) y desesperación para otros, a quienes el amo les quitará para siempre todo lo creían poseer (51).

Desde que Pablo se puso a sí mismo al servicio del evangelio, su vida se convirtió en puro don para aquellos que le habían sido confiados, los tesalonicenses. Un último detalle: si la tarea de los dos siervos es servir y esperar a que vuelva el amo, el Señor tiene en cambio el derecho de volver a los suyos en cualquier momento. Por eso es preciso que nosotros los servidores estemos preparados. ¿Lo estamos?

Pasan las cosas visibles y vendrán las que esperamos, más bellas que las actuales. Sin embargo tenemos la advertencia del señor de no indagar con curiosidad el momento: “No les corresponde a ustedes saber los tiempos y los momentos que el Padre ha establecido por su propia autoridad.” (Hechos 1,7) Y tampoco hay que tener el atrevimiento de dormirse con una indolente negligencia.

Dice más: “Vigilad, porque el Hijo del Hombre viene en una hora que no esperáis…” (Mateo 24,42,44) Ahora bien, dado que convenía que nosotros conociéramos las señales del fin, y a fin de que esperáramos a Cristo, movidos pro el impulso divino, los apóstoles le preguntan al Señor: “Dinos cuando ocurrirá esto y cuál será la señal de tu venido y del fin del mundo”. (Mateo 23,4) Jesús responde: “cuidad que nadie os engañe.” (24,4) No se trata, pues, de una historia de acontecimientos pasados, sino que es una profecía de los futuros, que a buen seguro acontecerán. Nosotros no profetizamos sino que presentamos las profecías escritas e indicamos las señales que las indican. San Cirilo de Jerusalén dice: “Mira tú cuáles son las que ya se han cumplido y cuáles quedan por cumplirse aún. Y mantente en guardia”.

ORA Y REFELXIONA: repite hoy y vive la Palabra: “Enséñanos, Señor a contar nuestros días para que adquiramos un corazón sensato.” (Salmo 89,12)

ORACION

Señor, Padre celestial, esperamos pro el día en que Cristo vuelva cuando tu gloria brillará en el mundo y habrá paz en la tierra. Haz que nos preparemos en tu Espíritu para que cada momento de nuestras vidas para que nuestro mundo acepte a su Rey, Cristo, tu Hijo. Amén.

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