Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos de Yavé y sirvieron a los Baales. Abandonaron a Yavé, al Dios de sus padres que los había sacado del país de Egipto y siguieron a otros dioses. Se postraron ante los dioses de los pueblos que los rodeaban, y atrajeron sobre ellos la cólera de Yavé. En cuanto abandonaron a Yavé para servir a los Baales y a las Astartés, estalló la cólera de Yavé contra Israel. Los entregó en manos de salteadores que los despojaron, los vendió a sus enemigos de todo el contorno: ya no oponían más resistencia a sus enemigos. Cada vez que iban a la guerra, la mano de Yavé se alzaba en su contra para su desgracia, tal como Yavé se lo había dicho y jurado: estaban en una situación desastrosa.
Entonces Yavé les dio jueces que los salvaron de las manos de los que los asaltaban. Pero tampoco escucharon a sus jueces. Se prostituyeron siguiendo a otros dioses y se postraron ante ellos. Bien pronto se apartaron del camino por donde habían andado sus padres cuando éstos hacían caso a los mandamientos de Yavé. Ellos, en cambio, hicieron todo lo contrario.
Cuando Yavé les envió jueces, Yavé estaba con el juez, y durante toda la vida del juez los libraba de las manos de sus enemigos. Pues Yavé tenía piedad de ellos cuando escuchaba sus lamentos bajo la opresión y la persecución. 19 Pero apenas moría el juez, volvían a hacer el mal, peor que sus padres. Seguían tras otros dioses, los servían y se postraban ante ellos. No que rían renunciar a sus malas acciones y se empecinaban en su camino.
Salmo 105, 34-44
No acabaron con los pueblos que el Señor les había ordenado; se mezclaron con los paganos y aprendieron sus modos de comportarse.
Sirvieron a los ídolos, que fueron una trampa para ellos; sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios
Derramaron la sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, sacrificados a los ídolos de Canaán, y el país quedó manchado de sangre.
Se mancharon con esas acciones, se prostituyeron con tales prácticas.
La cólera del Señor se encendió contra su pueblo y tuvo horror de su propia gente.
Los entregó en manos de los paganos y los que los odiaban los dominaron.
Los oprimieron sus enemigos, a su yugo debieron doblegarse.
¡Cuántas veces no los liberó! Pero ellos, rebeldes a sus consejos, se sumían en su culpa.
Mas apenas los veía en la miseria y escuchaba sus clamores
Mateo 19,16-20
Un hombre joven se le acercó y le dijo: «Maestro, ¿qué es lo bueno que debo hacer para conseguir la vida eterna?» 17 Jesús contestó: «¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos.»
El joven dijo: «¿Cuáles?» Jesús respondió: «No matar, no cometer adulterio, no hurtar, no levantar falso testimonio, honrar al padre y a la madre y amar al prójimo como a sí mismo.»
El joven le dijo: «Todo esto lo he guardado, ¿qué más me falta?»
Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, vende todo lo que posees y reparte el dinero entre los pobres, para que tengas un tesoro en el Cielo. Después ven y sígueme.»
Cuando el joven oyó esta respuesta, se marchó triste, porque era un gran terrateniente.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario