Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 22 de agosto de 2007

LECTURAS

LECTURAS: Isaías 9,1-8

El pueblo que caminaba en la noche divisó una luz grande;
habitaban el oscuro país de la muerte,
pero fueron iluminados.
Tú los has bendecido y multiplicado,
los has colmado de alegría.
Es una fiesta ante ti como en un día de siega,
es la alegría de los que reparten el botín.
Pues el yugo que soportaban
y la vara sobre sus espaldas,
el látigo de su capataz,
tú los quiebras como en el día de Madián.
Los zapatos que hacían retumbar la tierra
y los mantos manchados de sangre
van a ser quemados: el fuego los devorará.
Porque un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado;
y proclaman su nombre:
«Consejero admirable,
Dios fuerte, Padre que no muere,
príncipe de la Paz.»
El imperio crece con él
y la prosperidad no tiene límites,
para el trono de David y para su reino:
El lo establece y lo afianza
por el derecho y la justicia,
desde ahora y para siempre.
Sí, así será, por el amor celoso de Yavé Sabaot.


Salmo de Lucas 1,46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque se fijó en su humilde esclava,
y desde ahora todas las generaciones me llamarán feliz.
El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí:
Santo es su Nombre!
Muestra su misericordia siglo tras siglo
a todos aquellos que viven en su presencia.
Dio un golpe con todo su poder:
deshizo a los soberbios y sus planes.
Derribó a los poderosos de sus tronos
y exaltó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su siervo,
se acordó de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
a Abraham y a sus descendientes para siempre.

Lucas 1,39-47

Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. 40 Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo
y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! 43 ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? 44 Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. 45 ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!»
María dijo entonces:
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,

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