Hermanos: En todo momento los tenemos presentes en nuestras oraciones y damos gracias sin cesar a Dios por ustedes, pues constantemente los recordamos ante Dios, nuestro Padre, su fe que produce frutos, su amor que sabe actuar, su espera de Cristo Jesús, nuestro Señor, que no se desanima.
No olvidamos, hermanos amados por Dios, en qué circunstancias fueron llamados.
El Evangelio que les llevamos no se quedó sólo en pa labras, sino que hubo milagros y Espíritu Santo, dejándoles plena convicción. Y tampoco han olvidado cómo nos comportamos entre ustedes A su vez ustedes se hicieron imitadores nuestros y del mismo Señor cuando, al recibir la palabra, probaron la alegría del Espíritu Santo en medio de fuertes oposiciones. De este modo pasaron a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
De hecho, a partir de ustedes la palabra del Señor se difundió en Macedonia y Acaya, y más allá aún. Su fe en Dios se comenta en tantos lugares que no necesitamos decir más al respecto.
Todos hablan del impacto de nuestra visita y de cómo se pasaron de los ídolos a Dios. Pues empezaron a servir al Dios vivo y verdadero, esperando que venga del cielo el que nos libera del juicio que se acerca: éste es Jesús, su Hijo, al que resucitó de entre los muertos.
Salmo 149 1-6, 9
¡Aleluya!
Canten al Señor un canto nuevo: su alabanza en la asamblea de los santos.
Alégrese Israel de quien lo hizo, festejen a su rey, hijos de Sión.
Su nombre alaben en medio de danzas, el arpa y el tambor toquen para él.
Pues el Señor se siente bien con su pueblo, con su salvación reviste a los humildes.
De júbilo triunfante rebosan sus fieles, de sus esteras gritan de alegría;
en su garganta están los elogios de Dios y en su mano, la espada de dos filos,
para aplicarles la sentencia escrita: eso es un honor para todos los suyos.
Mateo 23,13-22
En aquel tiempo habló Jesús diciendo: ¡ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes cierran a la gente el Reino de los Cielos. No entran ustedes, ni dejan entrar a los que querrían hacerlo.
¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! 15 Ustedes recorren mar y tierra para ganar un pagano y, cuando se ha convertido, lo transforman en un hijo del demonio, mucho peor que ustedes.
¡Ay de ustedes, que son guías ciegos! Ustedes dicen: “Jurar por el Templo no obliga, pero jurar por el tesoro del Templo, sí”. ¡Torpes y ciegos! ¿Qué vale más, el oro mismo o el Templo que hace del oro una cosa sagrada? Ustedes dicen: “Si alguno jura por el altar, no queda obligado; pero si jura por las ofrendas puestas sobre el altar, queda obligado”. ¡Ciegos! ¿Qué vale más, lo que se ofrece sobre el altar o el altar, que hace santa la ofrenda?
El que jura por el altar, jura por el altar y por lo que se pone sobre él. El que jura por el Templo, jura por él y por Dios que habita en el Templo.
El que jura por el Cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él.

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