Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 5 de septiembre de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO 2007

Encontrando tiempo

Todas las personas parecen ocupadas estos días. Cuando las personas se retiran parecen que están más ocupadas aún, y muchos no saben como manejar sus vidas mientras están trabajando. Como dice un poema antiguo que habla del hombre que cada mañana se arrodilla y dice sus oraciones, pero no muy largas, porque está muy ocupado. Y por consiguiente, no pone atención en los demás, su vida está demasiado ocupada. Y luego en un sueño se encuentra en la presencia de Dios, que tiene en sus manos el Libro de la Vida: Dios miró en su libro y dijo: / No puedo encontrar tu nombre, /una vez quise escribir tu nombre, /pero no encontré tiempo para hacerlo."
El evangelio de hoy nos presenta a un Jesús que siempre encuentra tiempo. Ya sea para atender a una persona enferma, como la suegra de Simón, o la gran multitud que le trajo” amigos que sufrían distintas clases de enfermedades….” Jesús siempre tuvo tiempo para responder a sus necesidades. Se habrá sentido cansado al final del día, pero se nos dice que “bien temprano se fue a un lugar solitario…” él quería, necesitaba, pasar tiempo con su Padre, en oración.

En un mundo apurado como nos hemos creado, en la vida moderna, es fácil acortar el tiempo para la oración, aún para alejarnos un poco de nuestra vida ordinaria. Jesús nos invita a seguir su ejemplo: encontrar tiempo para la oración en nuestra vida, como decía un aviso en la puerta de un iglesia: “Si estás muy ocupado para rezar, estás demasiado ocupado.” Si no siembras oportunidades, cosecharás un mundo de excusas.

Hoy, comenzamos a leer la Carta de Pablo a los Colosenses Colosas era una ciudad comercial y estaba formada por cristianos provenientes del paganismo, aunque incluía muchos judíos. Y esto es parte de la razón por la que Pablo les escribe esta carta: los cristianos están amenazados en la autenticidad de su fe por la actitud de tipo sincretista, en que unen tanto el paganismo como el judaísmo y su cristianismo es una mezcla de cosas. Y se mezclan las prácticas de la circuncisión, un conocimeitno basado en los elementos del mundo y prácticas supersticiosas. Recordemos que no fue una comunidad fundada por Pablo y que él nunca visitó. Epafras, compañero de Pablo, es el fundador de la comunidad, pero Pablo se preocupa por ellos y comienza la carta con una formula de agradecimiento (3-8): “,Doy gracias a Dios, rogamos por ustedes al conocer la fe de ustedes en Cristo Jesús, y el amor de creyentes.” Esto es el centro de la carta: la fe, la caridad y la esperanza de los Colosenses; la escucha de la Palabra, que es el origen de su llegada a la verdad, obra de los ministros en la difusión del evangelio. En el centro se encuentra Jesucristo, junto a “Dios, Padre y Espíritu”. La salvación tiene origen en la voluntad del Padre, se realiza en la persona de Cristo y se comunica a través del anuncio del Evangelio que conduce a los creyente a la verdad y la gracia. Estas virtudes que, hoy llamamos “teologales”, son reflejo del rostro de Dios y de la presencia del Espíritu.

El evangelio relata una “jornada de Jesús en Cafarnaún…” después de la sina-goga va a la casa de sus primeros discípuos. También entre sus amigos tiene que ejercer su autoridad sobre el mal. La fiebre era consideraba antiguamente como manifestación del maligno, porque volvía al persona débil. Aquí hay un recuerdo histórico, la suegra de Pedro, de seguro anciana ya, ha consumido su vida en el cuidado de su casa y familia. Ahora curada, empieza a servir al Señor y a los suyos. La vida del joven o anciano que ha encontrado a Cristo está destinada de manera inevitable, a cambiar, realizándose en relación a él.

Las palabras de Lucas: “al ponerse el sol le llevaron a Jesús enfdrmos de todo tipo… y él poniendo las manos sobre ellos, los curaba…” (40) con esto Lucas nos indica la plena manifestación del Reino de Dios. Por otro lado, la oscuridad y la noche funcionan como símbolos del dominio del mal, dominio que envuelve al hombre en las tinieblas mientra no llega, la luz del nuevo día, el enviado de Dios. Que está el Reino de Dios lo confirman las expresiones de los demonios: Tú eres el Hijo de Dios… Lo reconocen a Jesús como “Hijo de Dios” y como “Cristo.”
Por Cristo es como los hombres llegan a la plena vedad sobre Dios, dice Pablo a los colosenses. No es un conocimiento misterioso, no, es Jesús la presencia misericordiosa del Padre, dice Lucas. Por eso numerosos anunciadores, algu-nos conocidos, otros anónimos: son los que piden a Jesús por la suegra de Pedro (4,38) Epafras y sus colaborades anunciar a los colosenses la Buena Noticia (Colosencises 1,8). No solamente ellos han profesado su fe en Jesús, con gestos y palabras y la han vivido, también la han compartido se han convertido en mediadores de salvación para algún pariente, vecino, amigo, conciudado, pobre, es decir: para el prójimo. Este es el trabajo de evangelización que queremos hacer aquí, en septiembre el ems de la Biblia.

ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia hoy y vive la Palabra: “Me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres…” (Lucas 4,18).

ORACION
Oh Dios y Señor, al ver a tu Hijo dirigirse a un lugar tranquilo y solitario para estar en conversación contigo, haz que nosotros sigamos su ejemplo y dediquemos tiempo cada día para estar contigo en oración, alabando tu nombre y tu gloria. Amén.

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