viernes, 14 de septiembre de 2007
HOMILIA Y ORACION
TIEMPO ORDINARIO: FIESTA DE LA SANTA CRUZ
Las sorpresas de Dios.
La fiesta que celebramos nace en Jerusalén. El 13 de septiembre del 335 Constantino su madre Santa Elena que habían mandado construir la Basílica de la Resurrección mostraron al pueblo lo que quedaba de la cruz del Señor. Ya se conoce la fiesta en Roma en el siglo VI donde se muestra al pueblo, para su veneración, “el madero de la cruz”, como signo e instrumento de salvación.
La fiesta celebra una paradoja: “el triunfo en la Cruz” que pone juntas dos ideas que no pertenecen a esta sentencia. La cruz fue un instrumento terrible de tortura; Jesús saludado como el Mesías de Israel y rey del pueblo fue condenado
aparentemente a un desastre. Y pronto los cristianos aprendieron a encontrar el desafío de la cruz de frente. El poder de Dios se hizo visible en la primera lectura cuando el enemigo es levantado en alto, el poder de Dios se manifiesta en la debilidad, “Jesús es levantado en alto”, dice el evangelio, “para que toda lengua proclame a Jesús como Cristo y Señor, para la gloria del Padre” dice el himno de la Carta a los Filipenses. El evangelio une la primera lectura con la experiencia de Jesús en la cruz, y proclama no solo el que es levantado sino también su triunfo.
El mensaje de la celebración litúrgica es claro: la aceptación en nuestras vidas de lo horrible de la cruz y al mismo tiempo el triunfo de Dios, lo celebramos en la manera que vivimos, no importa lo que caiga sobre nosotros.
El libro de los Números, capítulos 20-21, narra las últimas peripecias del pueblo en el desierto antes de entrar en la tierra prometida. El pueblo murmura, porque no tiene lo que desea; se rebela, no soporta el cansancio del camino (2) a causa del hambre, “estamos hartos de este pan liviano” y de la sed (5). Y no reconocen el poder de Dios, ya no tienen fe en Dios y más aún lo consideran como alguien que envenena la vida. Dios manifiesta su juicio con las serpientes venenosas (6). Frente a la experiencia de muerte el pueblo reconoce el pecado cometido alejándose de Dios y pide perdón. Y como la mordedura de la serpiente es letal, su imagen de bronce puesta en alto es ahora motivo de salvación física para todo le que hubiera sido mordido.
El evangelio va a reconocer en la serpiente de bronce la prefiguración profética de levantamiento del Hijo del hombre en la cruz.
El texto que hemos leído en el evangelio es parte de un discurso extenso que responde a la pregunta de Nicodemo y en el que se pone de manifiesta la necesidad de la fe para tener vida eterna y escapar del juicio de la condena. Jesús, el Hijo del hombre (13) procede del Padre, es el que viene de allí, el único que ha visto a Dios y puede comunicar su proyecto de amor, cuyo cumplimiento se cumple perfecta-mente en la entrega del Cristo. Jesús se compara a la serpiente, afirmando su completo cumplimiento de cuanto pasó en el desierto, tendrá lugar cuando sea levantado en alto, en la cruz (14) para la salvación del mundo (17) Todo el que mire con fe, es decir, que crea que Cristo crucificado, es Hijo de Dios, el salvador, tendrá vida eterna.
Al acoger el don del amor del Padre, pasamos de la muerte a la vida. Y aquí en el fondo aparece el canto de Isaías (52,13ss) pues se encuentran aquí dos verbos unidos “levantar” y “glorificar”. Juan quiere presentar la cruz como punto extremo de ignominia y como cumbre de la gloria. Y esto es también el tema de la Carta a los Filipenses. Pablo llama a Cristo “Señor” por el triunfo obtenido sobre su muerte y por su glorificación y su innegable dominio sobre la Iglesia, y por ella sobre la creación. Los dirigentes de la Iglesia participan de este señorío, como servidores suyos y no pueden menos que seguir el camino de Cristo, Dios-hombre, despojado de sus privilegios, vaciamiento que lleva al triunfo, expresado en “por eso Dios lo exaltó…” (cruz-resurrección)
Bien claro: todo lo que entendemos con la palabra “cruz”: dolor, injusticia, persecución, muerte, es incomprensible si lo miramos con ojos humanos, pero si lo miramos con los los ojos de la fe, el sufrimiento no es un fin en sí mismo, sino que se convierte en la participación del misterio de Dios, camino que nos conduce a la salvación
La fiesta nos invita a dar gracias a Dios por el amor del Padre que nos dio a Cristo, signo de su amor por nosotros, despojado de todo que Dio su vida (Filipenses 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que se refleja nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero sentido de la vida, la puerta de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios. Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación.
ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia hoy y vive la Palabra: “El Hijo del Hombre tiene que ser levantado en la cruz, para que todo el que crea en él tenga la vida eterna.” (Juan 3,14-15)
ORACION: Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, hoy celebramos no solamente su muerte sino también su triunfo al resucitar de entre los muertos. Enséñanos que cuando las cosas puedan parecer duras y pesadas, podamos celerbar la victoria de tu Hijo en nuestras vidas. Amén.
Las sorpresas de Dios.
La fiesta que celebramos nace en Jerusalén. El 13 de septiembre del 335 Constantino su madre Santa Elena que habían mandado construir la Basílica de la Resurrección mostraron al pueblo lo que quedaba de la cruz del Señor. Ya se conoce la fiesta en Roma en el siglo VI donde se muestra al pueblo, para su veneración, “el madero de la cruz”, como signo e instrumento de salvación.
La fiesta celebra una paradoja: “el triunfo en la Cruz” que pone juntas dos ideas que no pertenecen a esta sentencia. La cruz fue un instrumento terrible de tortura; Jesús saludado como el Mesías de Israel y rey del pueblo fue condenado
aparentemente a un desastre. Y pronto los cristianos aprendieron a encontrar el desafío de la cruz de frente. El poder de Dios se hizo visible en la primera lectura cuando el enemigo es levantado en alto, el poder de Dios se manifiesta en la debilidad, “Jesús es levantado en alto”, dice el evangelio, “para que toda lengua proclame a Jesús como Cristo y Señor, para la gloria del Padre” dice el himno de la Carta a los Filipenses. El evangelio une la primera lectura con la experiencia de Jesús en la cruz, y proclama no solo el que es levantado sino también su triunfo.
El mensaje de la celebración litúrgica es claro: la aceptación en nuestras vidas de lo horrible de la cruz y al mismo tiempo el triunfo de Dios, lo celebramos en la manera que vivimos, no importa lo que caiga sobre nosotros.
El libro de los Números, capítulos 20-21, narra las últimas peripecias del pueblo en el desierto antes de entrar en la tierra prometida. El pueblo murmura, porque no tiene lo que desea; se rebela, no soporta el cansancio del camino (2) a causa del hambre, “estamos hartos de este pan liviano” y de la sed (5). Y no reconocen el poder de Dios, ya no tienen fe en Dios y más aún lo consideran como alguien que envenena la vida. Dios manifiesta su juicio con las serpientes venenosas (6). Frente a la experiencia de muerte el pueblo reconoce el pecado cometido alejándose de Dios y pide perdón. Y como la mordedura de la serpiente es letal, su imagen de bronce puesta en alto es ahora motivo de salvación física para todo le que hubiera sido mordido.
El evangelio va a reconocer en la serpiente de bronce la prefiguración profética de levantamiento del Hijo del hombre en la cruz.
El texto que hemos leído en el evangelio es parte de un discurso extenso que responde a la pregunta de Nicodemo y en el que se pone de manifiesta la necesidad de la fe para tener vida eterna y escapar del juicio de la condena. Jesús, el Hijo del hombre (13) procede del Padre, es el que viene de allí, el único que ha visto a Dios y puede comunicar su proyecto de amor, cuyo cumplimiento se cumple perfecta-mente en la entrega del Cristo. Jesús se compara a la serpiente, afirmando su completo cumplimiento de cuanto pasó en el desierto, tendrá lugar cuando sea levantado en alto, en la cruz (14) para la salvación del mundo (17) Todo el que mire con fe, es decir, que crea que Cristo crucificado, es Hijo de Dios, el salvador, tendrá vida eterna.
Al acoger el don del amor del Padre, pasamos de la muerte a la vida. Y aquí en el fondo aparece el canto de Isaías (52,13ss) pues se encuentran aquí dos verbos unidos “levantar” y “glorificar”. Juan quiere presentar la cruz como punto extremo de ignominia y como cumbre de la gloria. Y esto es también el tema de la Carta a los Filipenses. Pablo llama a Cristo “Señor” por el triunfo obtenido sobre su muerte y por su glorificación y su innegable dominio sobre la Iglesia, y por ella sobre la creación. Los dirigentes de la Iglesia participan de este señorío, como servidores suyos y no pueden menos que seguir el camino de Cristo, Dios-hombre, despojado de sus privilegios, vaciamiento que lleva al triunfo, expresado en “por eso Dios lo exaltó…” (cruz-resurrección)
Bien claro: todo lo que entendemos con la palabra “cruz”: dolor, injusticia, persecución, muerte, es incomprensible si lo miramos con ojos humanos, pero si lo miramos con los los ojos de la fe, el sufrimiento no es un fin en sí mismo, sino que se convierte en la participación del misterio de Dios, camino que nos conduce a la salvación
La fiesta nos invita a dar gracias a Dios por el amor del Padre que nos dio a Cristo, signo de su amor por nosotros, despojado de todo que Dio su vida (Filipenses 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que se refleja nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero sentido de la vida, la puerta de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios. Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación.
ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia hoy y vive la Palabra: “El Hijo del Hombre tiene que ser levantado en la cruz, para que todo el que crea en él tenga la vida eterna.” (Juan 3,14-15)
ORACION: Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, hoy celebramos no solamente su muerte sino también su triunfo al resucitar de entre los muertos. Enséñanos que cuando las cosas puedan parecer duras y pesadas, podamos celerbar la victoria de tu Hijo en nuestras vidas. Amén.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario