Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 24 de septiembre de 2007

HOMILIA Y ORACION


TIEMPO ORDINARIO 2007

Escuchar y compartir la Palabra

Algo normal es que cuando queremos que alguien preste atención digamos: “escuchen, oigan.” A veces tendremos que repetirlo varias veces, pero al fin habremos conseguido la atención.

Pues eso es lo que nos dice el evangelio hoy: “escúcheme bien”. No es el simple oír o poner el oído a palabras, sino el poner atención para entender, para escuchar con toda la persona. Cuando el mensaje de Jesús, “la buena noticia, o evangelio” es escuchado atentamente y creido, entonces podemos compartirlo. Porque no podemos quedarnos con una buena noticia para nosotros mismos, sino que esparcimos la buena noticia.

Si Cristo es la luz y sus palabras son para nosotros luz entonces estamos llmados a hacer todo lo posible para que esa luz sea vista por el mayor número posible de personas. No podemos ser la luz que ilumina, e iluminar a otros con la luz del amor incondicional de Dios, si actuamos como si no hubiéramos oído y esa luz no es importante para nosotros. Por supuesto que esta manera de entender va a llegar a u completa realización cuando venga el Reino de Dios; y la manera de entender equivocada y falsa de aquellos que no tienen tiempo para la fe se mostrará por el vacio que dominará sus vidas. Y esto es la advertencia del evangelio hoy: “al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará incluso lo que cree tener”.

Hoy comenzamos a leer parte del libro de Esdras, escrito hacia el año 300 antes de Cristo y que nos narra el regreso a la patria de los exilados de Babilonia. Ciro decreta la libertad de los judíos que vuelven a reconstruir la nación y el templo. Y vemos en el libro de Esdras las bases de esa reconstrucción: la ley, el sacerdocio y el templo, signo de la presencia divina y la garantía de la esperanza para el futuro. Los primeros versículso (1-4) nos muestra que la vuelta es interpretada como cum-plimiento de la promesa de Dios “para que se cumpla la Palabra de Dios”. El decrero de Ciro expresa el plan providencial de Dios e indica los dos temas centrales: la reconstrucción del templo y la ciudad, devastada por los babilonios en el 586 antes de Cristo.

La pronta decisión de algunos de cumplir el decreto de Ciro es atribuida a la inter-vención del Espíritu de Dios que suscita ánimo y entusiasmo con el proyecto de volver y la reconstrucción del templo (5). El Espíritu infunde generosidad incluso en los otros judíos, que aunque no volvieron, participaron en el proyecto con abun-dantes ayudas económicas.

En el fondo es la experiencia del éxodo, figura central de la fe de Israel. Y se muestra a la vuelta como un “segundo éxodo” y permite confirmar la continuidad de la presencia de Dios que vela por el cumplimiento de las promesas.

En el evangelio Lucas nos ofrece tres dichos que tienen como hilo conductor la Palabra divina. El primer dicho (16) indica a los discípulos que nos tengan “prisionera” a la Palabra por miedo: “No se enciende una lámpara…para taparla”. El miedo se expresa en la afirmación “no se la tapa” y el ponerla en un lugar que no alumbra. El discípulo se hace responsable de esta luz, que está unido al anterior, y aparece de nuevo la advertencia a los discípulos, que por alguna razón mantienen la Palabra encerrada en su corazón, o sólo la comunican a unos pocos, los iniciados: el resultado es que el mensaje queda desatendido.

El tercer dicho (18) aclara los dos anteriores. El anuncio de la Palabra, el hacerla visible, depende antes que nada de la importancia dada por el discípulo a la escucha, a la actitud interior con la que se escucha: “Prestad atención a cómo escucháis”. La escucha tiene que ser adecuada a la importancia de la Palabra de Dios comunicada al discípulo, y que se vuelve ocasión de juicio: “al que no tiene se le quitará incluso lo que cree tener”. Es decisivo escuchar bien, porque sólo así se enriquece el corazón. Si se escucha mal o no se escucha, se pierde una importante oportunidad: no se crece, sino que más bien se va a la perdición de uno mismo.

Se nos pide una escucha sincera. Acompañados por el Espíritu de Dios, podremos hacer frente a las situaciones difíciles y emprender nuevos caminos, como los judíos exilados que, sostenido por la gracia de Dios, dejaronm sus prósperos intereses, para volver a Jerusalén y empezar con generosidad la reconstrucción del pueblo y el templo.

Solo a quien se pone “en religiosa escucha” lo emplea el Señor para sus planes en beneficio de los demás. El Señor y su Palabra son, en efecto, la única causa digna de dedicar todo lo que somos. Si escuchamos con las disposiciones pedidas: escucha integral, constante, obediente y fundada en la vida, experimentaremos la luz del Evangelio y llegaremos a ser testigos eficaces y convincentes, porque no es una doctrina sino la noticia del amor de Dios que llega fácilmente a otros sólo cuando lo hemos experimentado en primera persona.

ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Los que siembran entre lágrimas consechan entre cantares.” (Salmo 126)

ORACION

Señor, luz del mundo, envía tu Espíritu para que abra nuestros oídos e ilumine nuestros corazones. Así podremos compartir, en el amor a la verdd, tu Buena Noticia del Reino a todos los que encontremos hoy. Amén.

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