Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 26 de septiembre de 2007

HOMILIA Y ORACION

Tiempo ordinario 2007

Misioneros de Cristo en neustro mundo

Hay una antigua carta escrita por el Papa Gregorio Magno a San Agustín de Caterbuty en Inglaterra, donde le propone ordenar 12 obispos para el sur del país y otros 12 para el norte. Obispos que tenían que seguir el ejemplo de los 12 apóstols, enviados a predicar la palabra de Dios y llevar a la santidad al pueblo. Jesús dio a personas ordinarias poderes extraordinarios, el actuar y hablar en su nombre. Y también que debían enfrentar el mismo rechazo que él experimentó, y que no debían confiar en nada ni andie, a no ser, Dios; donde fueran aceptados debían compartir al Buena Nueva, pero no imponerla donde no fueran aceptados.

Esa misma misión se nos ha dado a todos. No tenemos que ser obispos o misioneros en el sentido tradicional, enviados a pueblos para convertirlos al evangelio, pero sin embargo ser misioneros. Nuestro campo de misión son los hogares, el vecindario, el lugar de trabajo, la parroquia, donde estamos y a donde vamos. Debemos llevar la misma noticia del amor y del perdón. También ofrecer la sanación total de la persona, cuidar de ellos, sostener a los heridos, a los débiles y a los que sufren. No debemos llevar nada para la misión, ni gran conocimiento, ni poder, ni títulos. Pero tenemso que depender de Dios, enfrentando el rechazo de aquellos que no entienden, es decir, a quienes ustedes y yo hemos sido enviados.

De esto nos hablan las dos lecturas de hoy y el salmo, pero hay que entender el mensaje. El libro ede Esdras nos ofrece las personas que unen a él para apoyar su trabajo de restauración, son los que se estremecen ante la Palabra de Dios (4) Su oración tiene un claro tono penitencial, como una confesión de los pecados, o mejor una especie de predicación en forma de oración. Esdras, con vestidos penitenciales, con el manto de luto, inicia su súplica, pasando de la primera persona al plural, para unir con él a la comunidad pecadora. Se presenta la historia de Israel como una historia de infidelidad (7) pero se afirma su benevolencia expresada en “que nos ha mostrado su misericordia: “un resto”, un refugio estable”, “ha iluminado nuestros ojos”, “ha aliviado nuestra esclavitud.” Se enfatiza la bondad de Dios, su asistencia, pero hay todo un signo de liberación, a través de la historia del éxodo que se lee de “manera providencial” es decir, guiado por la mano de Dios. Les recuerda que Dios les concedió el favor de los reyes personas (9) que permitieron la vuelta y la reconstrucción de las ruinas de Jerusalen y el templo. Al final la experiencia de la misericordia ha superado la experiencia del castigo, y el sentimiento de estar protegidos por el Señor hace alegre y consolador incluso este momento de luto y penitencia. No se trata de convencer a Dios para que perdone sino de reconocer los signos del perdón ya en acción.

En el evangelio, la misión de los doce se basa en el proyecto de Jesús de reunir al pueblo de Israel en torno al anuncio de la salvación, que envuelve a los doce, aquí, y luego a los setenta y díscipulos (Lucas 10,1ss) enviándolos a Galilea. No les habla del contenido de la predicación sino sobre el estilo de vida del apóstol: desde el equpaje que deben llevar, al comportamiento que tiene que seguir en el lugar donde les den hospedaje. La misión de los doce prolanga la misión de Jesús. El poder que les da consiste en liberar a las personas de las fuerzas que intentan mantenerlas esclavas (enfermedades y demonios) y en anunciarles la proximidad del Reino de Dios. Les pide adaptarse a las circunstancias, la pobreza de medios, para que puedan actuar de forma rápida. En la pobreza tendrán la asistencia divina, por eso deben mostar una disponibilidad generosa y la voluntad de confiarse únicamente al anuncio de la Palabra. “Cuando entréis en una casas, quedaos allí hasta que os marchéis de aquel lugar…” (4) la palabra de la predicación suscita, en quien la acoge, disponibilidad y apertura y crea un ambiente de auténtica fraternidad que el misionero será el primero en gozar. “No ir de casa en casa”, implica la desau-torización de un obsesión proselitista o también no perder el tiempo en la búsqueda de lugares más confortables. Según Lucas no les faltará los rechazos y oposiciones, y para los que rechazan no se trata de un juicio sino de una advertencia, un ponerse en guardia. El enviado tiene que hacerles comprender la grave situación y el riesgo que corren cuando se cierran a la buena noticia. (5)

Algo que olvidamos es que la misión nos pide, la disponibilidad para participar no sólo en la misión de Cristo sino también en su destino de ser rechazado y perseguido. Los signos que debemos ver son los de acogida, fraternidad y solidaridad y también la comunión final con el Maestro.

Como dice Esdras, nosotros, en la Buena Noticia hemos encontrado refugio, consuelo, curación, liberación y fuerza

ORA Y REFLEXIONA: repite hoy con frecuencia y vive la Palabra: las palabras de Tobías en el salmo: “Exaltad con vuestra vida al Rey de los siglos) Tobías 13,7).


ORACION

Espíritu Santo de Dios, permanece con nosotros en neustra misión diaria, fortalece neustra fe, e inspíranos el ardiente fuego del amor de Dios por el mundo. Que seamos dignos signos de Dios y apóstoels efectivos del Reino de Dios. Por Cristo, el Señor, oramos. Amén

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