Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 13 de septiembre de 2007

HOMILIAS Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO 2007

La genersoidd de Dios

Algunas familias son bendecidas con un largo número de hijos. Y lo extraordinario es que cuando la familia vive normalmente y los padres no está absorbidos por el trabajo, cada uno de los hijos recibe el mismo amor. El amor no es como rebanadas de queso donde porque más personas comparten alcanzan para menos. No, el amor se multi-plica para que cada uno encuentre lo que necesita. Así es Dios, y así es como actua-mos cuando somos lo que debemos ser.

Si dejamos de lado las calculadoras y abrimos el corazón posiblemente podamos enten-der el evangelio de hoy. Nuestro instinto no está con eso de “amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. Al que te golpea en una mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido.” El hecho es que si podemos aprender a “ser compasivos como el Padre es compasivo” la vida y el amor comienzan a tener sentido. Si nos abrimos a los otros, no como amenazas o personas a quien criticar, de repende la vida brilla de manera distinta.

Somos invitados hoy, a abrirnos al amor, a imitar la ilimitada generosidad de Dios. Y si lo tratamos, nos vamos a admirar al darnos cuenta que en realidad trabaja. El amor aumenta en la medida en que lo damos. En vez de disminuir al darlo, el amor crece en la medida de la demanda que se nos hace de él.

Veamos esto en acción en las lecturas que la Iglesia nos ofrece hoy. Jesús y Pablo nos dice que nos despojemos del hombre viejo y nos revistamos del hombre nuevo en nuestra conducta cotidiana y nos nos ofrece una descripción de ese hombre nuevo. Nos presenta todas esas virtudes que son reflejo de una sola, el amor. Los cristianos tienen que reproducir los ejemplos de Cristo: de este modo el cuerpo de Cristo, formado por los cristianos, vivirá en paz..

El cuerpo de Cristo se manifiesta sobre todo en las asambleas cristianas, donde circula abundante la Palabra de Cristo, a la que debe hacer eco la palabra de los fieles, en un clima de alegría, de reconocimeinto, de gratitud. Pablo tiene en la mente las comunidades en que los ánimos de las pequeñas comunidades se “fundían “en salmos, himnos y cánticos inspirados” donde las palabras de adoctrinamiento y de amonestación representaban un importante elemento de edificación, es decir, de continuo crecimiento. “Hacedlo todo en el nombre de Jesús…” (17) Cristo es el ambiente, el espacio en el que se desarrolla la existencia cristiana, animado por el Espíritu de Jesús, convirtiendo así la propia vida en una continúa acción de gracias a Dios por la extraordinaria novedad abierta por el mundo donde vivimos.En el evangelio Jesús continúa edificando, desarrollando la vida de sus discípulos. Tras el desprendimiento de los bienes sigue ahota el desprendimiento de uno mismo para estar en condiciones de hacer mejor al mundo. Jesús llega a lo concreto: tú eres el que debe cambiar, tú y tus sentimientos, tú y tus actitudes, tú y tu modo de situarte frente a los otros. Tú y no tu enemigo, tú y tu corazón, que debe ser libre para amar a todos.

El texto parece se presenta para ser memorizado, son como tres estrofas, la primera orienta a hacer el bien, bendecir, incluso a orar por los que hacen lo contrario. (27-31). La segunda es preciso superar el principio de reciprocidad (“si aman a los que los aman…¿qué mérito tenéis?”) (32-35) y la tercera nos proyecta a la recompensa eterna (“dad y Dios os dará…”) (37).

El simple sentido común no acepta eso. El principio básico de Jesús es que puede amar sólo aquel que se siente amado. Y puede amar de una manera extraordinaria sólo aquel que se siente amado por Dios de un modo extraordianrio, que tratemos a los otros como nosotros somos tratados por el Padre en el Reino.

Si unimos las dos lecturas, Jesús y Pablo nos dicen que una persona renovada y liberada es libre para amar, y por consiguiente de construir, edificar, el milagro de la fraternidad. La renovación interior, el hombre nuevo, tiene su verdad en la renovación de las relaciones humanas en la fraternidad. Esto es un amor que es una “cualidad-virturd-poder” que caracteriza mi relación con los demás.
Una de las virtudes despreciada por la sociedad y muchos cristianos hoy, es la paciencia. Para los impulsados por la productividad y la competencia puede parecer una pérdida de tiempo. San Gregorio Margno decía: “que la paciencia nos vale la gloria del martirio.” El que es paciente es el que aporta la ayuda necesaria en cada momento y a cada persona. “Si aman a los que los aman ¿qué mérito tenéis”.

ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Amen a sus enemigos y hagan el bien a los que los odian” (Lucas 6,27)

ORACION

Señor, enséñanos, haznos a tu imagen, para que vivamos el amor como tú los vives. Haz que nuestro amor alcance a todos aquellos que tú amas, a la humanidad que tú amas. Amén.

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