TIEMPO ORDINARIO 2007: Fiesta de los Angeles Custorios
Alguien que nos cuida
La fiesta de hoy es la afirmación de estos seres puramente espirituales y dotados de inteligencia y voluntad que son servidores y mensajeros de Dios y contemplan el rostro de Dios, como dice el evangelio, son “poderosos ejecutores de sus órdenes "(Salmo 103,20) y Dios les confía el cuidado de la humanidad. El pueblo de Dios desde el Antiguo Testamento ha sentido esta protección. Ya nos dice el libro del Exodo: “Yo enviaré delante de ti mi ángel, para que te guarde en el camino y te introduza en la tierra que yo te he preparado.” Por eso los llamamos “guardianes”, condujeron al pueblo a la tierra prometida de Dios y hoy nos guardan en el camino de la tierra proemtida, el cielo. Y el texto nos ofrece una promesa: “si le obedeces siempre y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos… porque mi ángel irá delante de ti y te guiará a la tierra de la promesa.” El evangelio nos habla de cuidar de los demás y nos da una razón “sus ángeles contemplan continuamente el rostro de Dios…” (10).
En la priemra lectura vemos cómo el pueblo tiene una actitud penitencial, es consciente del pecado que había causado el exilio y la destrucción de la Ciudad Santa. Pero al mismo tiempo hay un riesgo en que esta actitud penitencial nos haga olvidar de la alegría de la salvación. Aunque no debemos dejar de lado la actitud penitencial el profeta les abre a la alegría, el júbilo, a la fiesta que debe caracterizar la espiritualidad de la comunidad. Y ¿cuáles son las razones de todo esto, además del retorno a su tierra? La perspectiva de una reunión universal precisamente en Jerusalén. Los pueblos reconocerán, dice Zacarías a los judíos como los maestros que les enseñarán los caminos del Señor (23) “queremos ir con vosotros porque hemos oído que Dios está con vosotros”. Serán como los ángeles guardianas de todos los pueblos. Por eso el profeta vuelve a llamar, a los hijos de Israel, a la exigenciad e una auténtica alianza que esté basada en la presencia del Señor, en la certeza profunda de ser “el Dios fiel”, el “Dios con nosotros” (23).
En el evangelio, Jesús nos invita y enseña a contemplar la realidad de un modo penetrante y conforme con su enseñanza. La lógica humana tiene sed de grandezas y de prestigio, está atada a las apariencias y desprecia lo que no se muestra como bella apariencia. La lógica del Reino de los cielos va en dirección opuesta y para acogerla hay que cambiar de mentalidad, o sea convertirse. Es verdaderamente grande quien es sencillo, inocente y carece de pretenciones; quien se confía con gratitud al cuidado y al amor del Otro. Estos “pequeños” son los privilegiados de Dios: sus ángeles guardinas, de apariencia invisible, ven siempre el rostro de Dios y están próximos a él. Dado que el Padre rodea a estos pequeños de ángeles, los discípulos se deberán obstenerse de despreciar a los pequeños e intentar más bien ser como ellos.
Al comienzo de octubre la Iglesia nos hace celebrar en la liturgia la memoria de los ángeles custodios-guardianes como para recordar al hombre perdido y desanimado que no está solo en su camino. Yo aprendí desde pequeño la bendición “que Dios te bendiga y tu ángel te proteja…” Existe una creación visible que podemos contemplar con los ojos de nuestra cara, hay una creación invisible que podemos percibir con los sentidos espirituales, mediante la fe, la oración y la iluminación interior que nos viene de Dios. ¿Qué son pues los ángeles? Son, en primer lugar “un signo luminmoso de la Divina Providencia” para nosotros, un signo de la bondad paternal de Dios, que no deja que le falte a sus hijos nada de cuanto es necesario, están a nuestra disposición para guiarnos a la casa del Padre. Vienen del cielo para llevarnos al cielo y hacernos pregustar, ya desde ahora, algo de las realidades celestiales. Su presencia es evidente, su ayuda imprevista e inesperada que recibimos en una situación de peligro; o de una intuición fulminante que nos permite darnos cuenta del error, de un olvido. Ellos nos proteguen de peligros que ni nos damos cuenta. Sobre todo del peligro de volvernos impíos, de no escuchar al Señor y de no obedecer su Palabra, nos sugieren simpre pensamientos rectos y humildes y buenas actitudes del corazón. También nos mueven a imitarlos y ofrecernos unos a otros el servicio semejante al de ellos, el hacernos buena compañía, guardianes de los demás a lo largo del camino de la vida, para llegar juntos a contemplar el rostros de Dios. Lo que dice el profeta hoy: “Vamos a invocar al Señor todopoderoso y a pedir su protección.” (Zacarías 8, 21). Ellos velan sobre nosotros, lo dice Jesús: “contemplan sin cesar el rostro de Dios.” Y en eso está la promesa de Jesús a Natanael: “Verás el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajar sobre el Hijo del Hombre” (Juan 1,51) y sobre nosotros que somos los hijos de Dios. Su promesa se ha cumplido en nosotros.
ORA Y REFELXIONA: Repite a menudo hoy, la oración de la tradición cristiana: “Angel de mi guarda no me desampares de noche ni de día.”
ORACION
Señor, la presencia de tu ángel de la guardia es el signo de tu amor y protección y la fuente de mi fuerza. Que examine mi vida y tenga el ánimo de encontrar en mí la total confianza en ti y que me abra a la escuchar tu voz, y la de tu ángel que me has dado para guiarme y protegerme. Amén.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario