Fiesta de San Francisco de Asís
Paz y bien
En cuatro líneas podemos contar la vida de San Fraicsco de Asís. Nació en Asís el año 1182; después de una juventud frívola, se convirtió, renunció a los bienes paternos y se entregó de lleno a Dios. Abrazó la pobreza y vivió una vida evangélica, predicando a todos el amor de Dios. Dio a sus seguidores unas sabias normas, que luego fueron aprobadas por la Santa Sede. Inició también, con Santa Clara, una nueva orden de monjas y un grupo de penitentes que vivían en el mundo, la Tercera Orden, y predicó entre los infieles. Murió el año 1226 y es canonizado en 1228.
Este pasaje que acabamos de leer de la Carta a los Gálatas es una síntesis de la Carta, Pablo declara la recitutd de su obrar; tras haber desenmascarado la hipocresía de los que sostenían la necesidad de que los cristianos practicaran la circunsición y observaran la ley judía: “pues lo que importa no es estar cir-cuncidado o no, sino el ser una criatura nueva” (12ss). Pablo no busca gloria mundana: vive en comunión con Jesús crucificado, cuyo amar ha hecho desaparecer en él la ambición, el orgullo, el egoísmo. Por eso la cruz es el motivo de su orgullo (14).
Jesús crucficado ha dado comienzo a un estilo de vida totalmente nuevo con respeto al Antiguo Testamento, que se funda no en la Ley sino en el Espíritu: esta novedad de vida (2 Corintios 5,17), y no la circunción, es lo que nos hace participar en la salvación (15). El cristiano al acoger la práctica del amor misericordioso de Dios puede gozar en la plentiud de los bienes meciánicos que Israel reconocía contenidos en la paz (16).
Consciente de este don tan grande, Pablo no quiere oír hablar de otras doctrinas: él pertence exclusivamente a Jesuscristo y esto lo demuestra en los sufrimientos soportdos siguiendo el ejemplo de Cristo para serle fiel (17): “llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús” (17). Y a los gálatas, a quien considera “hermanos” les desea el mismo don: “que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con ustedes, hermanos. Amén” (18).Todo esto es lo que vemos en la vida de San Francisco de Asís.
En el evangelio, en este texto se encuentra el corazón, el centro de la declaración de la relación única que une a Jesús con el Padre, es conocido por el Padre y al que conoce como nadie (27). Jesús es el revelador de este don recíproco y ha venido al mundo para dar a conocer el amor del Padre y la posibilidad de vivir en comunión con él, y reconoce en una oración de bendición que sólo los pequeños, es decir, de los que no presumen de sí mismos ni exigen autosuficiencias, comprenden tal revelación. Por eso los que se cierran en su propio “saber” se excluyen de ella: “porque has escondido estas cosas a los sabios…” (25).
Los “pequeños”, despreciados por la mezquina soberbia de las jerarquía farisaica y oprimidos por la miniciosa moral a que habían reducido la Torá, encuentran alivio y respiro y la vida nueva en las palabras y gestos de Jesús “venid a mi los que estáis fatigados y agobiados y yo os aliviaré” (28). El evangelio de Jesús es la alegre noticia de la liberación de toda esclavitud: se trata de una ley que no es pesada (30) puesto que implica compartir la misma vida de amor de Dios. Cualquiera que la acoja encuentra en Jesús el ejemplo que debe seguir en la obediencia libre, en la atención cordial, en la fidelidad a la verdad, huyendo de todo tipo de violencia e imposición “cargad con mi yugo y aprended de mí” (29)
Unamos las dos leturas en la vida de Francisco. Lo grande de Francisco es que respondió a la llamada de Jesús: se hizo “pequeño”, el menor, humilde y pobre, satisfecho sólo con Dios. Descubrió que viviendo el Evangelio sin rebajas, nos hace criaturas nuevas, personas resucitadas y por consiguiente, auténticos servidores de los hermanos, de todos los hermanos. En Francisco esta humanidad redimida, formada por las exigencias y por la ternura del amor a Dios y a los demás, se volvió visible en los signos de la crucifixión. Como Pablo pudo decir: “llevo en mi cuerpo las señas de Cristo”. Y el mismo Francisco se convirtió en la bendición viva del Padre, puesto que no se apropió de nada, vivió “con la hermana pobreza” y siendo el pequeño, el menor, todo se le devolvió a Dios reconociéndole como el Dador de todo bien.
El mismo Francisco dijo: “Donde hay caridad y sabiduría, no hay temor ni ignorancia. Donde hay paciencia y humildad, no hay ira ni desasociego. Donde hay quietud y meditación, no hay preocupación ni disipación. Donde hay temor de Dios que guarda la entrada (Lucas 11,21) no hay enemigo que tenga modo de entrar en la casa. Donde hay misericorida y discreción, no hay superficilaidad ni endureciento”.
Francisdco hace oración lo que Pablo les dice a los Gálatas y rezó así: “Te ruego, oh Señor, que la ardiente y dulce fuerza de tu amor arrebate mi mente de todas las cosas que hay bajo el cielo, para que muera yo de amor por tu amor, como tú te dignaste morir por amor a mi amor.”
ORA Y REFELXIONA: repite las palabras de invocación San Francisco de Asís: “¿Quién eres tú, oh dulcísimo Dios mío? ¿Quién soy yo vílisimo gusano e inútil siervo tuyo?”
El Señor te bendiga
y te guarde.
Te muestre su rostro y
tenga piedad de ti.
Te dirija su mirada y
te de la paz
El Señor
te bendiga.

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