Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 6 de octubre de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO 2007

Déjame, Señor, escuchar tus palabras

Cuando hay un desastre o un acto de terrorismo, alguien se pregunta ¿Y dónde está Dios que permite estas cosas? O¿Por qué Dios dejó que esto sucediera? Pero a pesar de que no encontramos respuestas a estas preguntas, ni podemos conocer lo que Dios piensa o cómo trabaja, podemos estar seguros de que somos amados com-pleamente por el Señor. Y también podemos decir que muchas de las cosas malas que suceden vienen a través de nuestras propias acciones. Construimos casas, por ejemplo, allí donde pasaron las huracanes, o actuamos cruel y violentamente con otros, por ejemplo en neustars guerrar. Dios nos da libertad y nos provee guía y salvación.

En la primera lectura vemos qué sucede cuando nos apartamos de Dios. Y esto tiene lugar a través de las acciones y fragilidad humanas, pero siempre hay esperanza de redención por el amor de Dios. En el evangelio el mismo Hijo de Dios es la llave de nuestra redención y se nos revela quién es. Lo que los profetas desearon oír y ver ahora se realiza en el Mesías que camina entre nosotros.

Nuestra redención llega por las palabras y acciones de Cristo. Por la predicación de los 72 discípulos aprendemos lo importante que es para nosotros el mensaje de Cristo. No necesitamos preguntarnos dónde está Dios, Cristo nos revela la verdad. Dios nunca nos abandona, no importa lo que hagamos. Dios está con nosotros, aquí y hoy.

Baruc comienza su oráculo de hoy con palabras de consuelo, pero antes de introducir el mensaje de salvación, el autor presenta al pueblo, personificado en la ciudad de Jerusalén, como una viuda, como una mujer desolada, que conoce la causa del castigo de Dios, un castigo debido a los pecados del pueblo, a su olvido del Dios eterno, que es Padre, ignorando, por tanto el poder y la paternidad de Dios.

Reconociendo que la ira de Dios se ha abatido justamente sobre el pueblo, reconoce esto como pedagogía de Dios. Dios no castiga para condenar, sino para salvar. De ahí que el el oráculo se abre a la esperanza del perdón, podrá el puebnlo volver al Señor multipicando su celo en la búsqueda del Señor. Y entonces experimentará una salvación que va más allá de las expectativas humanas.

Jerusalén habla a sus hijos como una madre le habla a sus hijos que se han mostrado malos y desobedientes, pero que podrá corregirlos y reemprender una camino de madurez, un camino positivo. El mensaje es pues, una exhortación a convertirse al Señor y crecer en el celo de su búsqueda. Es necesario dar una respuesta al Señor que le dio su alianza, “las diez palabras”, los mandamientos y que ahora deben multiplicar por diez el celo en la búsqueda de la conversión.

La historia del evangelio nos presenta el regreso de los 72 discípulos después de su misión. Se dirigen a Jesús como el “Señor”, “hasta los demonios se someten en tu nombre”. (17) Y este título es la confesión pascual de la Iglesia, porque ven que ante la difusión de la Palarba retirarse el poder del demonio.

Lo que sigue, intriga, Jesús dice que mientras los discípulos cumplían su misión, él ha visto caer a Satanás como un rayo del cielo. Por eso la comunidad sabiendo que el poder de Satanás ha sido derrotado precisamente por la predicación de la Palabra, no debe desanimarse por los obstáculos y dificultades: “nada os podrá dañar” (19). Sin embargo deben vivir en la vigilancia, el verdadero entusiasmo brotará de la conciencia de lo gratuito que es la salvación: “alegraos más bien de que sus nombre estén escritos en el cielo” (20). Y luego viene un himno de júbilo (21) donde Jesús reconoce la verdad de su propia misión de Hijo, incluso a través de la fe de los pequeños, o sea, de aquellos, que aun siendo marginados, por los hombres de religión, han acogido con gratitud y humildad la predicación de los 72 discípulos. Jesús reconoce y celebra la fuerza del Espíritu Santo. Se alegra “por el conocimeinto” o sea por el amor que le profesa el Padre, y a continuación le alaba pro el conocimeinto que le ha sido dado del rostro y del corazón del Padre, cuyos inefales secretos introduce a sus propios amigos, esto es, a los que aceptan el evangelio “nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (22). Y en esto consiste la verdadera bienaventuranza de los discípulos, que viven ahora en el tiempo de la plenitud, marcada por la salvación que Israel había esperado durante siglos en la persona de los profetas y reyes (23ss) “Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven… los profetas y reyes desearon oírlo y verlo, pero no vieron y oyeron lo que ustedes ven y oyen”.

Unam las dos lecturas: el Padre se manifeista a través de los pequeños que acogen con gratitud y humildad la predicción de la Iglesia “todo me ha sido entregado por el Padre….” Y esta Iglesia, la comunidad cristiana, se vuelve un rostro familiar, el de una madre que colma de ternura a sus hijos y los educa con amorosa paciencia: “el mismo Dios que os mandó esto se acordará de ustedes…”

ORA Y REFELXIONA: repite, medita y vive la Palabra, lo que dice Baruc hoy: “Valor, hijos, clamad a Dios. (Baruc 4,27)

ORACION

Señor Todopoderoso, me has dado todo lo que tengo y me has llamado a comaprtir mi amor conm todos. Ayúdame a mostrar a todos el amor que tú me has mostrado. Amén

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