TIEMPO ORDINARIO 2007
El segundo punto de vista acerca de la fe nos dice hoy: el justo, es dcire, el discípulos de Jesús, ustedes y yo, vive por la fe. Mientras que muchos creían que el destino del mundo y del pueblo dependea de los grande poderes ploticos del tiempo, Asiria y Babilonia, Habacuc mensajero “del Dios y Señor de la historia” lanza un mensaje inaudito: Yavé es quien es el que gobierna de verdad el rumbo de los acontecimientos de los pueblos y la historia. Si bien a veces Dios parece estar ausente, cuando esos acontecimeintos son dolorosos para los pequeños, como en el caso del reino de Israel el Señor interviene. “La visión no fallará” (3).
Tener fe es ir más allá de las posibiliades humanas. El peligro es que el angustiado caerá en manos del poderoso y si es pobre caerá en la angustia. Dios no acepta eso, quien se para y se apoya en el Señor, quien tenga fe hallará que es posible vivir enmedio de los conflictos de la historia, como le ocurrió a Israel entre el siglo VI y Vl.
“Si tuvieras fe como un grano de mostaza” dice Jesús. Jesús actúa como un profeta que invita al hombre, a ti y ami, a confiar a tener fe en medio de situaciones fuera de nuestro control. El evangelio tiene dos momentos de diálogo sobre la fe: 1) los discípuos piden que se les aumente la fe, quizás movidos por las dificultades del seguimiento de Cristo.
La respuesat del Señor está basada en cosas extrañas y contradictorias. En lo pequeño, lo despreciado por el mundo, es la expresión de la fe “como un grano de moztaza” Ella, una fuerza impenzable más allá de lo natural y lo lógico, el dar una orden al árbol y éste irse al mar.
EL otro momento es la parábola del siervo y su amo. La parabolá no tiene una explicción fácil, el amo aparece duro con su siervo. El personaje central aquí no es el amo sino, el siervo. La dureza del amo está puesta para afirmarla urgencia de las actitudes humanas en el momento de la prueba. La fe no es distración de las responsabilidades, sino que debe traducirse en realismo frente a las exigencias de Dios y de la historia, de neustra vida diaria. La fe verdadera no es espera de recompenza sino que pone el amor como actitud que fundamenta las acciones y los afanes de la vida. Esta es la fe que salva: la que es activa, pero al mimso tiempo movida por el amor del Señor, antes que por el temor o por cualquier otro tipo de interés.
En la primera lectura encontramos un mismo movimiento de búsqueda por parte del hombre y de respuesta de parte de Dios. En ambos casos nos deja perplejo la que Dios responde. Podemos recordar las palabras de Isaías: “vuestros pensamientos no son mis pensamientos, vuestros caminos no son mis caminos.” (Isaías 55,8). De todos modos se le pide al hombre una sola actitud: la fe, una fe total, plena e incondicionada, una fe que se fía de Dios porque él ha salido de su silencio pronunciando la Palabra que se ha hecho carne que ha venido a habitar en la región de nuestra pobreza, de nuestro sufrir.
¿Por qué falla nuestra fe? No hemos tenido un encuentro real, concreto con el Señor, no lo conocemos, como tal vez conocemos mejor a nuestro amigo o a nuestro vecino, que ha Dios. De ahí el ruego de los discípulos: “auméntanos la fe.”
La comunidad cristiana se define como la comunidad de los discípulos que “tienen fe” es decir que son “fieles.”
Preguntémonos hoy: ¿cuál es el sentido y la fuerza real de la fe? ¿Produce en nosotros esperanza? ¿Somos optimistas, personas de fe, aunque los acontecimientos parecieran decirnos que el mal y la mentira triunfan? ¿Apreciamos la fe de los sencillos, o los ridiculizamos? Y si la fe es relación con Dios ¿vivimos esa fe como servicio y amor desinterezado por nuestro prójimo? Y esto en nuestra familia, trabajo, vecindario y comunidad cristiana.
Tenemos que preguntarnos como dice Pablo hoy si somos capaces de transmitir “esa hermosa tradición” de la fe, de generación en generación que hace posible vivir una vida plenamente humana, rica, buena, porque habita en ella la fe de Cristo, que con su muerte y resurrección ha llenado de sentido nuestro vivir y nuestro morir.
ORA Y REFLEXIONA: repite hoy con frecuencia y vive la Palabra: “Creo pero ayuda mi poca fe.” (Marcos 9,24)
ORACION
Como los discípulos también nosotros, Señor Jesús, hemos de pedirte hoy en medio del camino, aumenta, por tu amor, nuestra fe. Quédate con nosoros y concédenos la fortaleza y el conocimiento de nuestra fe, la fe pequeña, que parece a veces ser aún más pequeña. La fe que nadie puede quitarnos porque viene de ti. Amén.

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