TIEMPO ORDINARIO 2007
Den lugar para el arrepentemiento
Aveces nos admira ver en las palabras de las personas los aentimientos o actitudes que esconden. Hay algo de esto en la primera lectura de hoy, Jonás está tocado por el placer de esperar el destino de Nínive y se ha sentado a esperarlo. Hemos leído acerca de no querer cumplir la misión que el Señor le hado y querer huir de su presencia cuando es llamado a predicar el arrepentimiento a los ninivitas. Pero traído de nuevo por el Señor va a Nínive, y para su pesar los ninivitas escuchan su predicación y se arrepienten. Se enoja porque los ninivtas se han arrepentido y tal vez está esperando que los ninivitas cambien su decisión de arrepentimiento y espera su destrucción y se desea la muerte porque el árbol que le protegía del calor se ha secado. La historia de Jonás fue escrito para recordar al pueblo de Israel a no conisderarse “los justos”, limitando así la misericordia de Dios y no buscar la venganza. Y para hacerles ver esto la historia se sitúa en Ninive, la capital del peor enemigo de Israel. Una de las características de la honestidad de nuestra oración es alegrarnos y estar agradecidos por lo que los han vuelto y han sido perdonados.
Si hay algo de pesar por eso tenemos que recordar a Jonás.
La teología, es decir, la manera cómo Dios lee nuestras acciones y la historia llegan a su conclusión con el libro de Jonás. Tiene razón de no querer ir a Nínive porque sabe que “el Señor es clemente y compasivo, paciente y misericoridioso, que se arrepiente del mal” (2). Jonás conoce muy bien estas cualidades de Dios, pero no está de acuerdo con él. Sus ideas, que son las del medio en que vive, no son las de Dios. Y en vez de alegrarse y unirse a Dios, le evita y le responde con una actitud de rechazo. Pero, Yavé es misericordioso con el mismo profeta, que rechaza sus caminos, y quiere también ser misericorioso con los quieran imponerle sus propios caminos. Dios quiere convertir también a Jonáas, y por eso recurre a todas las atucias pedagógicas de su dominio sobre la naturaleza (8-10). El libro termina con una pregunta que supone un desafío para la gente del tiempo del autor y para todos los oyentes futuros: “¿Y no voy a tener compasión de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que aún nos distiguen el bien del mal? (11) ¿Acaso Dios no es libre? O ¿debe actuar como piensa Jonáas, siguiendo las estrechas limitaciones de la justicia humana? ¿Puede Dios sentirse insensible ante el hombre que él mismo ha creado, aunque éste viva lejos de él? ¿No habrá que pasar de los pequeños sufrimeintos personales, como el ricino que se seca en la historia de Jonás, al conocimiento de los acontecimientos de más importancia para toda la humandid, amada por Dios y que también debe ser objeto de un amor misericordiosa de parte del creyente.
El evangelio continúa con el tema. No basta hacer y escuchar, también es necesario orar y hacerlo de una manera justa, a partir de la visión justa de Dios. Jesús al enseñarnos a orar, nos enseña que el Dios al que nos dirijmos en un “papá” que da su Reino a quien lo pide con confianza. La versión de Lucas del Padrenuestro es más breve que la de Mateo, aunque la Iglesia ha adaptado la de Mateo en su liturgia. Pero ambas tienen una inspiración única, ambas invocan la glorificación del Padre a través de la venida del Reino a la historia. Ambas piden el alimento suficiente para cada día y el perdón de las culpas. Las peticiones son necesarias porque el hombre se encuentra expuesto a diario a la tentación, es decir, al peligro del fracaso definitivo o escatológico, es decir, de al final de perder el gran don insustituible del Reino.
La oración nos muertra el sentido de Dios, del hombre, de la bondad infinita del Padre, la limitación de la criatura, necesitada desde el alimento al perdón: aparece el don del Reino, la dificultad de aceptarlo en la vida diaria, el amor divino que se inclina sobre la pobre condición humana y las nieblas de la vida cotidiana. Aparece en el Padrenuestro, todo el camino del hombre, el don de Dios y la tarea, la grandeza y miseria del hombre llamado a ser hijo y hermano, pero al mismo tiempo tentado a responder de manera negativa. Pero nada puede cambiar el comienzo, sencillo y alentador, inolvidable de la oración sin comparación: que Dios es Padre nuestro, abba, papá.
Como Jonás a veces nos queremos alejar de la lógica de Dios, pero él sigue a nuestra lado y perdona a todos a la menor señal de arrepentimiento. Sigue queriendo que le oremos como Padre, quiere que le pidamos perdón y ayuda en los momentos de prueba, quiere quie no nos cansemos de recordarles a todos que es misericoridoso y está dispuesto al perdón. Parece preocupado de hacernos entender que comprende nuestra debilidad, que desea ser amado y no temido y que siempre está dispuesto a darnos una mano, todas las veces que hagamos ademán de volver a él. Y ¿si en vez de desanimarnos y angustiarnos nos pusiéramos a decir, poco a poco, mirando al cielo: Padrenuestro…?
ORACION
Padre nuestro, enséñanos a ser agradecidos por todo lo que nos das. Enséñanos a estar contentos cuando vemos que das cosas buenas a otros. Por Cristo, te rogamos. Amén

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