TIEMPO ORDINARIO 2007
Decisión por "el más fuerte".
Un presentador de música clásica hizo notar que el compositor francés Camille Saint-Saens compuso música a los tres años y que Mozart compuso a los cinco años su primer concierto para piano… y terminó diciendo, pero su música parecía como de loro.
Eso es lo que pasa con muchos de nosotros, los seres humanos, cuando nos resentimos porque otros tienen talentos que nosotros no tenemos. En vez de alegarnos de que Dios haya sido tan generoso, nos sentimos envidiosos y tratamos de encontrar por allí defectos y faltas. Jesús enfrenta esta actitud en la gente por su poder de echar a los demonios. Es tonto decir que él echa demonios en nombre del mismo Satanás. Si él echa a los demonios tendrían que aceptar que el Reino de Dios ha llegado a ellos. El el peligro para ellos es que se han quedado atrás, el Reino los ha sobrepasado. Estamos siempre tentados a ver faltas porque nos sentimos menos por talentos de los demás. Puede ser tonto pensamos que así nos sentimos mejor, pero hemos perdido de vista que el Reino se mueve en medio de nosotros.
En la priemra lectura del Joel, nos encontramos que una plaga de langostas ha invadido Israel, revelándose como una autética catástrofe, pues ha dejado destrucción y muerte. Ha desaparecido la alegría de los rostros de los lavadores que han visto desaparecer como el humo sus cosechas. Pero también ha desaparecido la alegría del rostro de los sacerdotes, “porque se han quedado sin ofrendas ni libaciones en el templo del Señor” (13) Es un luto nacional. Es necesario reunir una gran asamblea penitencial, porque las langostas son también un anuncio: es un aviso de la proximidad del “día del Señor”, “día de tiniebla y oscuridad” (2,2) un día en que la naturaleza también tomará parte. La invasión devastadora que por su número oscurece el cielo, se convierte en un signo del día en que el Señor vendrá a juzgar a los impíos. Y esto invita a la reflexión, a la oración, a la conversión y a la penitencia. Será un acontecimiento que srprenderá a todos por sus proporciones y sus consecuencias.
Usando este fenómeno natural, Joel proyecta su mirada sobre un aconrtecimiento único, definitivo, para el que es preciso prepararse con la penitencia a partir de la pentiencia de los sacerdotes, “sacerdotes, vestíos de sayal, lamentaos, dad gritos, ministros del altar” (1,13) Joel es un profeta ligado al templo y predica la penitencia, y ésta comienza con los que moran en el templo, para extenderla luego “a todos los habitantes de la tierra” (1,14).
En el evangelio Jesús combate contra dos enemigos, los demonios y “algunos”, para Mateo son los fariseos, que le acusan con una violencia inaudita: es cierto Jesús es un exorcista pero, recibe sus poderes del mismo demonio. Jesús responde con dos argumentos: no es posible que el demonio se expulse a sí mismo porque su dominio se hundiría. Además los fariseos enseñaban especiales exorcismos a sus discípulos ¿también están endemoniados ellos? Más bien deberían reconocer, al ver las obras de liberación realizadas por Jesús, que aquí actúa el poder de Dios y que por consiguiente ya ha llegado el Reino de Dios con su poder curador y liberador.
El otro gran adversario, que domina el pasaje es el demonio, “el fuerte” que se siente seguro hasta la legada de Jesús, pero Jesús es más fuerte que él. Entre Jesús y el demonio se ha declarado la guerra, que exige al discípulo tomar partido, elegir el campo: “el que no está conmigo está contra mi” (23). No es posible la neutralidad, pues la lucha de Jesús es la lucha del discípulo. Y esta lucha es escatólogica, es decir, tiene que ver con el destino final, dado “que el que no recoge conmigo desparrama” (23) Pero una vez que el discípulo se ha decidido por “el más fuerte”, no por ello debe sentirse seguro, debe vigilar porque la envidia del demonio lanza ataques cada vez más poderosos. El discípulo ha sido advertido: estar de parte de Cristo significa participar en su victoria, pero también en el combate contra el mal y el Maligno, que no se da por vencido con facilidad, quiere arrastrar a la ruina a la mayor cantidad de discípulos. La lucha entre Cristo y el demonio continúa así en el corazón del discípulo. Este no se pueden sustraer a la lucha.
Unamos las dos lecturas y veamos el mensaje para nosotros hoy. Para vencer la plaga, el demonio, el mal, las armas son las mismas: oración intensa, recordar continuamente la Palabra del Señor y sus promesas; penitencia, una gran humildad que nos haga poner toda la confianza en el Señor, vigilancia para no ser sosprendos. El enemigo puede ser fuerte, pero tenemos un arma que viene del Espíritu. Cristo se une a nuestro comabte, para que también nosotros podamos hacer retroceder el mal que se propaga por el mundo, y hacernos partícipes de su victoria. El combate puede parecer duro y lo es. Pero el texto nos invita a reflexionar sobre todo lo que está en juego, en la grandeza de la victoria de Cristo, en la manera de decidirnos de una manera abierta de estar de su parte, y de que esta lucha es parte esencial del discípulo de Cristo.
ORA Y REFELEXIONA: repite con frecuencia y vive la Palabra: “Vigilad y orad para no car en la tentación” (Marcos 16,38)
ORACION:
Señor Jesús deja que neustros corazones abracen tu Evangelio para que todas neustras palabras y obras vengan de ti y nos dirigen a ti. Amén.

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