TIEMPO ORDINARIO 2007
El orgullo y alegría de una madre.
Hay un refrán judío que dice: “Que Dios no puede estar en todas partes, por eso inventó a las madres”. Podemos decir que no es muy teológico el dicho, pero hay un elemento de verdad en él.
La familia y sus relaciones eran muy importantes en la sociedad judía en el mundo en que Jesús vivió. Y aunque la mayoría de los derechos legales se le daban al padre, en realidad las madres eran con frecuencia el corazón de la familia. Ellos tenían que tener fortaleza de ánimo para mantener la familia en tiempos de dificultades Con certeza la mayoría de las mujeres que aparecen en el Evangelio nos muestran que tenía firme carácter. Ellas no lo abandonaron cuando la mayoría de los hombres lo hicieron.
En pocas líneas el evangelio nos trae un relato maravilloso. No sabemos quien fue la mujer que en medio de la multitud levantó la voz y le habló a Jesús. Tal vez fue una de las mujeres que le seguían como discípulos. Algunos dicen que las palabras de Jesús son palabras de desaprobación, pero podemos ver que Jesús aprecia lo que la mujer dice, tal vez con una sonrisa y completa la alabanza de la alegría de su madre por aceptar con fidelidad cualquier cosa que el Señor le pidió. Jesús ayudó a la mujer a examinar su propia fe. Sabemos que la alegría de María estuvo acompañada por el sufrimiento. Y nos puede ayudar a entender que Dios nos llama a seguir un camino parecido.
En la priemra lectura nos encontramos al final de la profecía de Joel, que nos presenta “el día del Señor”, el día de choque entre el bien y el mal, entre Israel y los pueblos paganos. Los pueblos paganos son invitados a presentarse al valle de Josafat, “el valle de la Decisión”, dice Joel (14) junto antiquísimo cementerio judío; allí serán segados como mies madura y pisados en el lagar mientras la creación participa del “rugido” del Señor con desconciertos espantosos, semejantes a toda la literatura apolíptica. Bien distinta es la suerte del pueblo de Señor, que conocerá, por fin, el poder del Señor. Dios entregará Jerusalén a sus fieles y les hará justicia de las opresiones y los abusos padecidos. Es un texto apocalíptico, describe el final de los tiempos, a través de un lenguaje comprometedor; y anuncia el castigo de los malvados y la salvación del pueblo (al que el Señor considera como suyo “más el Señor para su pueblo será un refugio” (16). Y no sólo la salvación sino el triunfo de Judá e Israel, con una tierra que volverá a tener su fertilidad, la del paraíso perdido y la tierra del esperado Mesías. Aquí está la esperanza de Israel y el mensaje del profeta.
En el evangelio, se puede ser que la base del relato esté, una vez más el recuerdo de cierto contraste entre la familia de Jesús y sus dicípulos, miembros de la nueva familia de Jesús. Lucas nos quiere mostar que María no solo pertenece a su familia natural, sino también a la nueva familia formada por sus discípulos. Por eso es dichosa, por haber sido la primera en escuchar la Palabra, adhiriéndose a ella (Lucas 1,18) haciéndola fructificar el ciento por uno. María tenía conocimiento de su dicha, “desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lucas 1, 48), y perseveró en la fidelidad en medio de las pruebas, convirtiéndose en la primera discípula y el modelo de todo discípulo. De María se puede hablar tanto en el sentido que la mujer del pueblo habla como en el sentido que Jesús habla. La mujer del pueblo admiradora e Jesús se convierte en admiradora de su madre. ¡Y quién no hubiera querido tener un hijo como Jesús. Y Jesús acentúa la dicha de la escucha y por eso la grandeza de su madre, dichosa por haber escuchado la Palabra y acoger el misterio. Ambos motivos no se excluyen, pero el segundo es imitable, y todos pueden alcanzarlo, no sólo su madre.
María es bienaventurada “porque ha creido en la Palabra”, la ha meditado, la ha concebido en su seno y se ha convertido en madre dando carne a la Palabra. Esto es importante, y el Concilio Vativano II lo recuerda, porque esto se ha descuidado en la devoción mariana, muy piadosa y sincera, pero no suficientemente evangélica.
La Palabra me interpela hoy ¿es María para mí modelo de la escucha de la Palabra? ¿Es la que engendra la Palabra porque ha escuchado con fe esa Palabra? ¿Es digna de admiración antes que nada por haberse consagrado por completo a Crito, perseverando en las pruebas, en la fe inquebrantable en su Hijo tan maravilloso como misterioso? ¿Puedo “engendrar a Cristo” a través de la escucha perseverante de la Palabra?
ORA Y REFLEXIONA: repite con frecuencia hoy y vive la Palabra: “Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lucas I, 48)
ORACION
Santa Madre de Jesús te pedimos por todas las madres, que encuentren alegría en sus hijos aún, en medio de los sufrimientos, y conserven la Palabra de Dios en sus corazones. Amén

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