TIEMPO ORDINARIO; DOMINGO VIGESIMO OCTAVO
Una fe que no es fruto de nuestro esfuerzo, sino don recibido de Dios para todos.
Nosotros decimos y oímos con frecuencia la palabra “gracias". El día de Acción de Gracias, al menos en ese país, es el más popular de los días festivos nacionales; pero pocos reconocen el sentido religiosodel mismo. El domingo pasado la parábola del amo y el siervo nos recordó que somos servidores de Dios y no tenemos por qué esperar que Dios esté agradecido por lo que nos pide hacer. Pero mientras Dios no tiene la obligación de darnos las gracias, nosotros tenemos la obligación de darle gracias a Dios. Las lecturas de hoy nos pueden ayudar a entender mejor el sentido bíblico de dar gracias.
La palarba hebrea “hodah’ que traducimos generalmente por “dar gracias” quiere decir “confesar públicamente”. En la Bilbia, dar gracias quiere decir, confesar públicamente que en este momento Dios está haciendo algo. El momento puede ser la creación del mundo, o el éxodo de Egipto. Puede ser que he sido rescatado de un peligro o de una enfermedad. El dar gracias en la Biblia está dirigido a Dios y envuelve un profesión pública que es profun-damente religiosa.
La curación de Naamán el sirio de la lepra que nos se nos rela en el 2 Libro de los Reyes 5, es un buen ejemplo de la manera cómo la Biblia entiende la acción de gracias. Habiendo sido curado por Dios Naamán hace una confesión pública y reconcoe que el Dios de Israel trabaja a través del profeta Eliseo. Naamán hace una profesión pública: “Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra, excepto en Israel.” Y prometi ofrecer sacrificios sólo a Yavé. Lo mismo el salmo 98 es una pública celebración de las acciones poderosas de Dios en la creación, en el éxodo de Egipto, e invita al pueblo de Dios a unirse a toda la creación a dar testimonio público, acción de gracias a Dios.
El concepto de acción de gracias de la Biblia, como testimonio público de Dios se ve bien claro en la historia de Lucas de la curación de los 10 leprosos. La curación tiene lugar mientras Jesús se dirige a Jerusalén. Las persoan que sufrían de lepra separadas de la comunidad social y religiosamente, se acercan a Jesús gritando: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros.” Cuando Jesús les manda a mostrarse a los sacerdotes, que de acuerdo a Levítico 13-14 son los encargados de constatar y verificar la curación y que pueden volver a la vida normal, ellos se marchan y esto supone una gran fe, porque no hubo ninguna acción o palabra de parte de Jesús. Ellos creyeron en el poder de Jesús de curar y mientras iban de camino los diez fueron curados.
Todo está bien y termina bien. Pues no. Sólo uno de los curados vuelve y da un testimonio público acerca de la curación. Y el que vuelve es uno que los oyentes judíos no hubieran esperado, porque era un samaritano, uno cuya identidad como judío estaba en duda. Entonces es cuando Jesús pregunta: “¿No ha vuelto nadie a no ser este extranjero a dar gracias a Dios?"
Los medios, como todos sabemos, reducen la fiesta de Acción de gracias a un partido de fútbol, un pavo y unas escenas familiares sentimentales. Estas cosas están bien en sí mismas, que tienden a oscurecer el sentido religioso y espiritual que tiene la fiesta. En el sentido bíblico, el dar gracias comienza con el reconocimeinto de la acción de Dios en el nuestro mundo y a favor de nuestro mundo. Al agradecer a Dios proclamamos públicamente que Dios es nuestro creador, nuestro redentor y el que nos sostiene, que nosotros somos siervos de Dios y lo que Dios ha hecho por nosotros como personas y como comunidad. La palabra “eucaristía” signfiica “acción de gracias”. Cuando celebramos la Eucaristía proclammos las grandes obras de Dios a favor nuestro, especialmente en la vida de Jesús, en su muerte y resurrección. “Acuérdate de Jesucristo, dice Pablo, resucitado de entre los muertos”.
El texto de la Carta Segunda a Timoteo que hemos leído hoy, nos pinta a Pablo preso por el Evangelio. Apesar de las circunstancias Pablo afirma “que la palabra de Dios no está encadenada”. Y considera su situación presente como una oportunidad apostólica. El había podido estar en contacto con visitantes y pude escribir cartas a las comunidades que él había fundado. Pablo estaba convencido que su experiencia del Señor resucitado ha hecho posible su ministerio, el cual era en realidad dar testimonio público de lo que Dios había hecho en él por Cristo. Su “buena noticia o evangelio” lo resume en formula de fe: “Acuérdate de Jescristo, resucitado de entre los muertos…” fue una acción de gracias en el sentido bíblico, de ser testigo de lo que Dios ha hecho en él que lo ha transformado. El hecho de que Pablo comience todas sus cartas con un acción de gracias, no es solamente algo tradicional en las cartas. No, no importa cuales sean als circunstanias en que Pablo se encuentre (2 Corintios 11,23-30 hace una larga lista de los sufrimientos por el evangelio) él comienza casi todas sus cartas con palabras como la de la Carta a los Romanos 1,8: “Doy gracias a mi Dios por Jesucristo por todos ustedes.”
Esto es lo que hace el samaritano curado de su lepra: da testimonio público del don que Dios le ha hecho por Jesús aunque es un extranjero. El dice “que Dios escucha a todo el que lo invoca”. Y esta es la razón porque Lucas nos relata el milagro. Hace el samaritano una confesión pública por el favor recibido. Los otros nueve fueron al templo, este samaritano vuelve a Jesús, reconoce en Jesús mismo la fuente de la salvación. Y Jesús y reconoce este acto de fe: “Vete en paz, tu fe te ha salvado…” Jesús añade a la curación física la declaración de al salvación de este hombre.
¿Qué es la fe para mi? Es egran interrogante que tenemos que hacernos hoy.
ORA Y REFELXIONA: repite hoy con frecuencia y vive la Palabra: “Acuérdate de Jescristo, resucitado de entre los muertos”.
Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamentenos nos preceda y acompañe, de manera que estemos dis-puestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén

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