Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 1 de octubre de 2007

LECTURAS

Lecturas: Zacarias 8-18

Una palabra de Yavé de los Ejércitos me fue dirigida: 2 «He querido a Sión hasta los celos y por ella he llegado hasta enojarme con sus enemigos. He vuelto a Sión, pues quiero residir en Jerusalén. Esta será llamada Ciudad fiel, y el cerro de Yavé de los Ejércitos, Cerro Santo.» Así habla Yavé de los Ejércitos: «Los ancianos y las viejas volverán a sentarse en las plazas de Jerusalén, apoyándose en su bastón por el peso de los años.Las calles de la ciudad se llenarán de niños y niñas, que andarán corriendo por ellas.» Y pregunta Yavé: «Si esto ahora les parece imposible a los que han quedado de este pueblo, ¿tendré yo también que pensar que no es posible? Pues bien, dice Yavé, yo voy a salvar a mi pueblo que se encuentra tanto al oriente como al poniente. Los voy a juntar para que vivan en Jerusalén. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, guardándonos mutuamente fidelidad y respeto.

Salmo 101,16-22

Entonces los pueblos respetarán tu nombre,
y todos los reyes de la tierra, tu gloria;
cuando el Señor reconstruya a Sión y se manifieste en su gloria,
cuando atienda la oración del despojado y no se haga sordo a su plegaria.
Escríbanlo para la nueva generación: un pueblo recreado alabará al Señor.
Pues se inclinó de lo alto de su santuario,
desde los cielos miró el Señor a la tierra
para escuchar el gemido del cautivo y liberar a los condenados a muerte,
para que resuene en Sión el nombre del Señor y su alabanza, en Jerusalén.


Lucas 9,46-50

En aquel tiempo a los discípulos se les ocurrió preguntarse cuál de ellos era el más importante. Jesús, que conocía sus pensamientos, tomó a un niño, lo puso a su lado 48 y les dijo: «El que recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El más pequeño entre todos ustedes, ése es realmente gran de.» En ese momento Juan tomó la palabra y le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para echar fuera demonios, y le dijimos que no lo hiciera, pues no te sigue junto a nosotros.» Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, pues el que no está contra ustedes está con ustedes.»

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