Lecturas: Zacarias 8-18
Salmo 101,16-22
Entonces los pueblos respetarán tu nombre,
y todos los reyes de la tierra, tu gloria;
cuando el Señor reconstruya a Sión y se manifieste en su gloria,
cuando atienda la oración del despojado y no se haga sordo a su plegaria.
Escríbanlo para la nueva generación: un pueblo recreado alabará al Señor.
Pues se inclinó de lo alto de su santuario,
desde los cielos miró el Señor a la tierra
para escuchar el gemido del cautivo y liberar a los condenados a muerte,
para que resuene en Sión el nombre del Señor y su alabanza, en Jerusalén.
Lucas 9,46-50
En aquel tiempo a los discípulos se les ocurrió preguntarse cuál de ellos era el más importante. Jesús, que conocía sus pensamientos, tomó a un niño, lo puso a su lado 48 y les dijo: «El que recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El más pequeño entre todos ustedes, ése es realmente gran de.» En ese momento Juan tomó la palabra y le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para echar fuera demonios, y le dijimos que no lo hiciera, pues no te sigue junto a nosotros.» Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, pues el que no está contra ustedes está con ustedes.»

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