NEHEMIAS 8,1/4,5/6,7/12

4 El escriba Esdras estaba en una tarima de madera construida para esa ocasión. Matitías, Sema, Anaías, Urías, Hilquías y Maaseías estaban cerca de él a su derecha. Pedaías, Micael, Malquías, Jasum, Jasbadana, Zecarías y Mesulam estaban a su izquierda.
5 Esdras dominaba a todo el mundo; abrió el libro ante todo el pueblo, y cuando lo abrió, todos se pusieron de pie. 6 Entonces Esdras bendijo a Yavé, el Gran Dios, y todo el pueblo respondió con las manos en alto: «¡Amén! ¡Amén!» Luego se inclinaron y se postraron delante de Yavé con el rostro en tierra. 7 Josué, Bani, Serebías, Yamín, Acub, Sabtay, Hodías, Maaseías, Quelita, Azarías, Yozabad, Janán «¡Vayan y coman buena carne y tomen bebida agradable, pero guarden una parte para el que nada tiene preparado y llévensela, porque hoy es un día santo para nuestro Señor!» 11 Los levitas consolaban al pueblo diciéndole: «¡Que no se oigan estos lamentos! ¡Este es un día santo, no lloren más!» y Pelaías, que eran levitas, explicaban la Ley al pueblo, mientras éste permanecía de pie.
8 Esdras leyó el libro de la Ley de Dios, e iba traduciendo y explicando el sentido para que c«¡Vayan y coman buena carne y tomen bebida agradable, pero guarden una parte para el que nada tiene preparado y llévensela, porque hoy es un día santo para nuestro Señor!» 11 Los levitas consolaban al pueblo diciéndole: «¡Que no se oigan estos lamentos! ¡Este es un día santo, no lloren más!»

es remedio para el alma,
toda declaración del Señor es cierta
y da al sencillo la sabiduría.
9 Las ordenanzas del Señor son rectas
y para el corazón son alegría.
Los mandamientos del Señor son claros
y son luz para los ojos.
10 El temor del Señor es un diamante,
que dura para siempre;
los juicios del Señor son verdad,
y todos por igual se verifican.
11 Son más preciosos que el oro,
valen más que montones de oro fino;
más que la miel es su dulzura.

1 Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y dos discípulos y los envió de dos en dos, delante de él, a todas las ciudades y lugares adonde debía ir.
Les dijo: «La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha. 3 Vayan, pero sepan que los envío como corderos en medio de lobos.
4 No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos.
5 Al entrar en cualquier casa, bendíganla antes diciendo: La paz sea en esta casa. 6 Si en ella vive un hombre de paz, recibirá la paz que ustedes le traen; de lo contrario, la bendición volverá a ustedes.
7 Mientras se queden en esa casa, coman y beban lo que les ofrezcan, porque el obrero merece su salario.
8 No vayan de casa en casa. Cuan do entren en una ciudad y sean bien recibidos, coman lo que les sirvan,
9 sanen a los enfermos y digan a su gente: El Reino de Dios ha venido a ustedes.
10 Pero si entran en una ciudad y no quieren recibirles, vayan a sus plazas y digan: 11 Nos sacudimos y les dejamos hasta el polvo de su ciudad que se ha pegado a nuestros pies. Con todo, sépanlo bien: el Reino de Dios ha venido a ustedes. 12 Yo les aseguro que, en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad.
HOMILIA
Como siguiendo el ejemplo de los setenta y dos consejeros que el Espíritu suscitó en el desierto para consolidar la obra de Moisés (Nm 11,16-30), los nuevos Setenta y Dos nombrados por Jesús se aprestan para encarar la ardua tarea de anunciar la Buena Noticia a los pobres (Lc 4,16ss).
La misión es difícil y Jesús no les oculta ni minimiza los grandes peligros( v. 3). La primera gran dificultad es la enormidad del desafío. Las tareas son colosales, pero los que se comprometen a realizarlas son muy pocos (v.2). La comunidad de seguidores, por grande que sea, es insignificante con respecto al campo de trabajo. Sólo la originalidad, el empeño y la firmeza de convicciones les pueden sostener. La segunda dificultad se refiere a las dificultades culturales o ambientales. Jesús sabe que su propuesta va en contra de la corriente. Los valores del reino desafían los seudovalores imperantes en la sociedad y pueden generar agudos conflictos. El reto de la comunidad cristiana es enorme, y para abordarlo se necesita la astucia de las serpientes y la sencillez de la paloma.
Como siguiendo el ejemplo de los setenta y dos consejeros que el Espíritu suscitó en el desierto para consolidar la obra de Moisés (Nm 11,16-30), los nuevos Setenta y Dos nombrados por Jesús se aprestan para encarar la ardua tarea de anunciar la Buena Noticia a los pobres (Lc 4,16ss).
La misión es difícil y Jesús no les oculta ni minimiza los grandes peligros( v. 3). La primera gran dificultad es la enormidad del desafío. Las tareas son colosales, pero los que se comprometen a realizarlas son muy pocos (v.2). La comunidad de seguidores, por grande que sea, es insignificante con respecto al campo de trabajo. Sólo la originalidad, el empeño y la firmeza de convicciones les pueden sostener. La segunda dificultad se refiere a las dificultades culturales o ambientales. Jesús sabe que su propuesta va en contra de la corriente. Los valores del reino desafían los seudovalores imperantes en la sociedad y pueden generar agudos conflictos. El reto de la comunidad cristiana es enorme, y para abordarlo se necesita la astucia de las serpientes y la sencillez de la paloma.
La pregunta que se nos ocurre ¿no nos hemos dado cuenta que debemos ser astutos como serpientes y sencillos como las palomas? Tal vez nos suene interesante la comparación ¿pero que significa en realidad esa afirmación? ¿Tenemos la actitud del pueblo que escuchó a Esdras? Que nos dice Nehemías, enviado por el rey de Persia para colaborar con Esdras, el sacerdote. Hoy se nos dice que “todo el pueblo hombres y mujeres y cuantos tenían uso de razón escuchaban con atención del libro de la ley…desde la mañana al mediodía.” Cuando vamos a la iglesia ¿escuchamos de la misma manera? Nehemías y Esdras convocan la pueblo para que escuchen la Palabra de Dios, es decir, la ley de Moisés. Se lee como en la sinagoga, que va a inspirar la manera cómo nosotros escuchamos la Palabra. Se indica bien claro el día de la reunión el primero del séptimo mes, que es la fiesta del año civil (Levítico 23,24 y siguientes, Números 29,1-6) La comunidad que se reúne declara así su voluntad de fundamentar la vida cotidiana en el nuevo año que comienza con la decisión que implica la vida civil, basada precisamente en la Palabra, el Libro de la Ley. El pueblo se postra en adoración, levanta las manos al cielo en señal de oración cuando Esdras trae el libro a presencia de todos.. Los levitas explican la lectura, equivalente a la homilía que está presente en el rito de la sinagoga. El relato expresa además los efectos de la Palabra escuchada de modo religioso y adorador.
El evangelio nos muestra al Señor que designó a otros setenta y dos discípulos y los envía. Y la orden es clara “en marcha” mirad que os envío." Les expresa algo que los discípulos aprendieron por experiencia “como corderos en medio de lobos”. Lo que quiere decir el Señor es que los envía dotados de paciencia, de mansedumbre, capaces de aceptar el rechazo y la persecución.
Deben superar la tentación de intereses personales mezclados con los intereses del Reino. Hay una paradoja, les dice que no usen el envío para visitar a parientes y conocidos, esa no es la prioridad del Reino. Su advertencia de que deben vestir tiene una exhortación a que sean libres, sobrios, a que no antepongan los medios al fin. No llevéis bolsa, ni alforjas ni sandalias, y no saludéis a nadie por el camino. Les recuerda que el enviado se crea una comunidad, una reciprocidad, que es el origen de la vida de la comunidad. Tanto si lo aceptan o rechazan, el Reino de Dios vndrá a nosotros. “Sabed de todas formas que está llegando el Reino de Dios.”.
Nehemías nos enseña sobre los frutos de la Palabra, el primero es la conversión, es decir, un deseo ferviente y decidido de cambiar de vida y hacerla más conforme con las exigencias divinas expresadas en el libro. Este indica el llanto de todo el pueblo: “todo el pueblo lloraba al oir las palabras de la ley.” Esto crea la comunidad, “mandad su porción a los que no ha preparado nada porque este día ha sido consagrado a nuestro Dios.”
No se trata de que la Palabra de Dios tenga una eficacia casi mágica; se trata más bien de uan fecundidad que, a veces nos compromete a una acogida libre, consciente y laboriosa. Cuado la semilla de la Palabra cae en un terreno preparado para recibirla, entonces arraiga, germina y da fruto, tanto en la vida personal como en la comunidad y, sobre todo se convierte en fuerza de evangelización, en impulso para la misión, en sintonía profunda con el corazón de aquel Dios que quiere enviar muchos obreros a su mies.
Por eso tenemos que repetir la Palabra de hoy, la leemos en Nehemías 8,3: “Haz, Señor, que prestemos atención a tu Palabra.” Aveces cuando escuchamos la Palabra de Dios pasa como pasan las emociones. Cuando vamos al hospital, nos decimos, “Deberíamos venir con más frecuencia. Luego al doblar la primera esquina, ya nos hemos convertido en otro. Lo que debe suceder es que la gente que está a nuestro lado, se encuentre consolada. La preocupación es que el Señor entre en nuestro espíritu, porque su Palabra nos provoca y nos alinea con la lógica humana.
ORACION
Hoy, Señor Dios mío, te voy a rezar con las palabras que tú mismo me has dado para dirigirme a ti: Te alabo con el salmista por el don precioso e incomparable de tu Palabra:
Tu Palabra es antorcha para mis pasos y luz para mis sendas.Lo he jurado y lo haré: cumpliré tus justos mandamientos. Lo he jurado y lo haré: cumpliré tus justos mandamientos. Estoy hundido en la miseria, Señor, dame vida según tu Palabra. Acepta, Señor, mi ofrenda, enséñame tus mandamientos. Mi vida está siempre en peligro, mas no olvido tu ley. Aunque los malvados me tiendan una trampa, no me apartaré de tus decretos. Tus preceptos son para siempre mi herencia y la alegría de mi corazón. Inclino mi corazón a ejecutar tus normas, mi recompensa será eterna, Amén.
