Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 25 de septiembre de 2009

Septiembre 26, 2009

ZACARIAS 2,5-9

5 Tuve la siguiente visión: Veía a un hombre que llevaba en su mano una lienza para medir. 6 Le pregunté a dónde iba y me contestó: «Voy a medir a Jerusalén, para saber cuánto mide de largo y de ancho.» 7 El ángel que conmigo conversaba se quedó parado mientras que otro ángel le salía al encuentro. 8 El que estaba de pie le dijo: «Corre a decir a este joven que Jerusalén será una ciudad abierta, pues será inmenso el número de habitantes y de animales que habrá en su interior. 9 Pero yo seré para ella como una muralla de fuego que la rodee totalmente, y habitaré en ella para ser su gloria.»

SALMO DE JEREMIAS 31,10-13

10 Que todas las naciones escuchen la palabra de Yavé; proclámenla en las islas lejanas: «El que dispersó a Israel, lo reunirá y lo cuidará como un pastor a su rebaño.»
11 Porque Yavé ha rescatado a Jacob y lo ha librado de las manos del poderoso.
12 Vendrán, cantando de alegría, al cerro de Sión, y acudirán para gozar de los regalos de Yavé, del trigo, vino y aceite, de las ovejas y bueyes. Su alma será como un huerto bien regado, y no volverán más a estar desganados.
13 Entonces la muchacha bailará de alegría, jóvenes y viejos vivirán felices; cambiaré su tristeza en alegría, los consolaré, los haré reír después de sus penas.

LUCAS 9,43-4

Todos quedaron asombrados ante una tal intervención de Dios.
43 Mientras todos quedaban admirados por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: 44 «Escuchen y recuerden lo que ahora les digo: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»
45 Pero ellos no entendieron estas palabras. Algo les impedía comprender lo que significaban, y no se atrevían a pedirle una aclaración.

HOMILIA

Cuando los discípulos oyen el anuncio de la pasión responden con incomprensión y miedo. Es que están pensando en la imagen de Jesús como el caudillo nacionalista y militar, con la intención que es de ellos, no de Jesús, de aniquilar a los enemigos de Jesús. Lejos de ellos la opción de Jesús, una opción de poder por el amor, incapaz de eliminar a sus enemigos, ni siquiera el compromiso de Jesús con los pobres y los débiles. No entienden la cruz, además tienen miedo de preguntarle a Jesús. ¿Miedo de qué? Tal vez de seguir el mismo camino de Jesús a Jerusalén y al lugar de la cruz. No hace mucho Pedro le ha sugerido a Jesús en la Transfiguración de quedarse allí, para evitar así el viaje a Jerusalén. Y esto mueve a muchos cristianos a no ser en momentos de urgencias personales, pero se alejen a unirse y se olviden de él en la abundancia o cuando son llamados a unirse a otros cristianos frente a los falsos profetas, que mueven a la gente con la ilusión del poder, del dinero fácil, o la intolerancia la violencia, o la corrupción y la indiferencia.

Ese problema ya lo tuvo Zacarías, que nos presenta a un hombre con un cordón de medir en la mano. Esto representa la vuelta de los desterrados que empiezan a reconstruir el templo, pero este hombre se convierte en una profecía del tiempo mesiánico, en la que Jerusalén no es simplemente una ciudad como las otras, sino una ciudad muy floreciente, que viene bajo la protección del Señor, gloria de la ciudad, es decir, lo que asegura su verdadero valor.

Aparece el tema de la presencia fiel del Señor en medio de su pueblo, un Dios que habita en medio de la hija de Sión Esa presencia se convierte en causa de atracción de los pueblos y, por consiguiente causa de una experiencia de salvación cuyos confines se vuelve cada vez más bien en una comunidad santa, cuyos límites se dibujan no tanto por motivos étnicos como de fidelidad a la Palabra del Señor. El plan de Dios va, por tanto, mucho más allá de las perspectivas humanas, que son las de una expansión de la ciudad protegida por el Señor.

El evangelio nos ofrece un segundo anuncio de la pasión y viene detrás de la cura del niño epiléptico, así estas palabras suenan más duras, pues, contrastan con el estupor generalizado, difícil de aceptar por los discípulos. Ellos deben aceptar la identidad profunda de Jesús como Hijo del hombre, cuya misión se revelará precisamente a través del sufrimiento y el rechazo que le espera. Debemos enteder el título de Hijo del hombre. Parece tomado del libro de Daniel, y se trata de una figura misteriosa que recibe el poder de Dios y lo ejerce a favor del hombre, al contrario de las bestias, que ejercen un poder que se han arrogado así mismas y quieren hacer reinar un orden bestial, antihumano. Hijo del hombre es, por consiguiente un título contrario al de hijo de la bestia, y no al de Hijo de Dios. Este último es un título pascual que expresa la relación de intimidad total entre el Padre y Jesús.


La predicción de la pasión anuncia el ser entregado en manos de los hombres, que, además de indicar el destino de Jesús, implica también una manifestación paradójica del rostro de Dios. Se trata de la llamada pasiva teológica alusiva al plan divino que se realiza en la “entrega” al plan divino que se realiza en “la entrega” del Hijo. Dicho con otras palabras, Dios en su voluntad inescrutable, deja a Jesús en manos de los impíos, pero esta dramática entrega se convertirá en fuente de salvación para la humanidad.

Lucas agrega que los discípulos no comprendían , porque la perspectiva de la pasión de Jesús choca de manera radical con la lógica mundana. Será necesario que la luz de la Pascua haga caer el velo de sus ojos. (Lucas 24,16.31) El miedo a preguntarle señala la permanencia de una cierta distancia como discípulos, la falta de una comunión plena con el Maestro. Este sigue siendo fundamentalmente incomprendido para ellos.

Los anuncios de la pasión no son simple previsiones. Debe hacernos recordar a los discípulos que el camino de la cruz es un paso obligado del que nadie puede huir, si no queremos ser in fieles a Jesús. Precisamente el desconcertante modo de obrar de Dios en el misterio del Hijo del hombre debería recordarnos que el Reino es la irrupción de una contrahistoria, en la historia de los hombres, historia que parece sometida a la voluntad de los poderosos, de los primeros, que, a buen seguro, no pueden reconocerse como seguidores del Hijo del hombre

Por eso se nos repite con frecuencia a vivir la Palabra, como dice Jeremías 31,11: El Señor rescatará a Jacob y lo librará de una mano más fuerte.

En el mundo que nos rodea se hace una distinción radical entre alegría y sufrimiento.

La muerte, la enfermedad, las miserias humanas… todo esto es menester quitarlo de la vista, porque nos aparta de la felicidad por la que luchamos…. Jesús nos mostró, tanto como su enseñanza como en su vida, que la verdadera alegría se oculta con frecuencia en medio del sufrimiento y que la danza de la vida comienza en el dolor.. Eso es lo que les recuerda a los discípulos de Emaús, que estaban abatidos por su pasión, Qué torpe sois y que tardos para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que Cristo sufriera todo esto para entrar en su gloria? Algo que no hemos pensado, la cruz es el símbolo más poderoso de esta nueva visión. La cruz es un símbolo de muerte y de vida, de sufrimiento y de alegría, de fracaso y de victoria. La cruz es lo que nos muestra el camino.

REZA CON CONFIANZA AL SEÑOR
Ayúdanos, Señor, a permanecer en tu presencia sin temores y sin fatigas, contemplándote a ti, el Hijo amado del Padre, que no te avergüenzas de llamar a los hombres hermanos y sabes compadecerte de nuestras debilidades que han sido probadas en todo para beneficio nuestro.
Adoramos, oh Señor, tu cruz y alabamos y glorificamos tu santa resurrección.
Concédenos que, a través de la contemplación de tu misterio pascual, nos renovemos a semejanza tuya. Y como por nuestro nacimiento habíamos llevado en nosotros la imagen del hombre carnal, haz que por la acción del Espíritu Santo pueda crecer en nosotros la criatura nueva que ha nacido en tu muerte. Amén.































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