Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 31 de octubre de 2009

Noviembre Primero, 2009

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS
REVELACION 7,2-4,9-14
Luego vi a otro ángel que subía desde el oriente y llevaba el sello del Dios vivo. Gritó con voz poderosa a los cuatro ángeles autorizados para causar daño a la tierra y al mar:
3 «No hagan daño a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios.»
4 Entonces oí el número de los marcados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de los hijos de Israel:
9 Después de esto vi un gentío inmenso, imposible de contar, de toda nación y raza, pueblo y lengua, que estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos, 10 y gritaban con voz poderosa:
10 «¿Quién salva fuera de nuestro Dios, que se sienta en el trono, y del Cordero?»
11 Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes; se postraron ante el trono rostro en tierra y adoraron a Dios, 12 diciendo:
12 ¡Amén! Alabanza, gloria, sabiduría,
12 acción de gracias, honor,
12 poder y fuerza a nuestro Dios
12 por los siglos de los siglos. Amén.
13 Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: «Esos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde vienen?»

SALMO 24,1-6

1 Del Señor es la tierra y lo que contiene,
1 el mundo y todos sus habitantes;
2 pues él la edifició sobre los mares,
2 y la puso más arriba que las aguas.
3 ¿Quién subirá a la montaña del Señor?
3 ¿Quién estará de pie en su santo recinto?
4 El de manos limpias y de puro corazón,
4 el que no pone su alma en cosas vanas
4 ni jura con engaño.
5 Ese obtendrá la bendición del Señor
5 y la aprobación de Dios, su salvador.
6 Así es la raza de los que Le buscan,
6 de los que buscan tu rostro, ¡Dios de Jacob!

1 JUAN 3,1-3

1 Miren qué amor tan singular nos ha tenido el Padre: que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Por eso el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él.
2 Amados, a pesar de que ya somos hijos de Dios, no se ha manifestado todavía lo que seremos; pero sabemos que cuando él aparezca en su gloria, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es.
3 Y si es esto lo que esperamos de él, querremos ser santos como él es santo.

MATEO 5,1-12

Jesús, al ver toda aquella muchedumbre, subió al monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor. 2 Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo:
3 «Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
4 Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.
5 Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
7 Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.
8 Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios.
9 Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.
10 Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
11 Felices ustedes, cuando por cau sa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de
12 Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vinieron antes de ustedes.

HOMILIA

Apocalipsis 7,2-4.9-14: “Apareció en la visión una muchedumbre inmensa”Salmo 23: Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.1Juan 3,1-3: “Veremos a Dios tal cua l es” Mateo 5,1-12: Las bienaventuranzas.

Se celebra hoy la Solemnidad de Todos los Santos. Qué bueno sería que ella no se redujera sólo a lo que hemos solido llamar “mundo católico”, sino a un mundo verdaderamente «católico», o sea, verdaderamente «universal», que es lo que originalmente significa la palabra. ¿No queremos celebrar en este día a todos los santos que están ya ante Dios? ¿Pues cómo vamos a limitarnos a pensar en «catálogo romano de los santos», de los «canonizados» por la Iglesia católica romana, en esa práctica llevada a cabo sólo desde el siglo XI de «inscribir» oficialmente a los santos de esa Iglesia en ese libro? ¿Será que los santos oficialmente inscritos durante 9 siglos en esta sola Iglesia sean todos los que estarán delante de Dios, o tal vez ellos sean una insignificante, casi invisible minoría entre todas las personas realmente santas ante la presencia de Dios?

Es decir: pocas fiestas como ésta quieren ser «universales»: la festividad de todos los santos... Y por tanto, habría que hacer un esfuerzo por entenderla con una real universalidad. Ésta es una fiesta «ecuménica»: agrupa a todos los santos que han seguido a Jesús. Es más que ecuménica, porque no contempla sólo a los santos cristianos, sino a «todos», todos los que son santos a los ojos de Dios. Ello quiere decir, obviamente, que también incluye a los santos no cristianos... a los santos de otras religiones (debería ser una fiesta inter-religiosa), e incluso a los santos sin pertenencia a ninguna religión.
Una fiesta pues, que podría hacernos reflexionar sobre dos aspectos: el de la santidad (¿qué es, en qué consiste, qué «confesionalidad» tiene esa santidad..., y el del «Dios de todos los santos». Porque muchas personas todavía piensan -sin querer, desde luego- en «un Dios muy católico». Para algunos Dios sería incluso «católico, apostólico y romano». O sea, nuestro. El Dios de nosotros, se quiere decir. Un Dios católico, un Dios como nosotros de hecho. Pudiera ser que... también... un poco hecho «a imagen y semejanza» nuestra.

La actitud universalista, la amplitud del corazón y de la mente hacia la universalidad, a la acogida de todos sin etiquetas particularistas, siempre nos cuestiona la imagen de Dios. Dios no puede ser nuestro Dios, el nuestro, el que piensa como nosotros e intervendría en la historia siempre de acuerdo con nuestros intereses... Dios, si es verdaderamente Dios, ha de ser el dios de todos los santos, el Dios de todos los nombres, el Dios de todas las utopías, el Dios de todas las religiones (incluida la religión de los que con sinceridad y sabiendo lo que hacen optan con buena conciencia por dejar a un lado “las religiones”, aunque no «la religión verdadera» de la que por ejemplo habla Santiago en su carta). Dios no es católico-romano, sino «católico» en el sentido original de la palabra. O sea: Dios está más allá de toda religión concreta. Está «con todo el que ama y practica la justicia, sea de la religión que sea», como dijo Pedro en casa de Cornelio.
La primera lectura bíblica de esta fiesta litúrgica, aun estando redactada en ese lenguaje no sólo poético, sino ultra-metafórico, lo viene a decir claramente: la muchedumbre incontable que estaba delante de Dios era «de toda lengua, pueblo, raza y nación»... En aquel entonces, hablar de «las naciones» implicaba en ello a las religiones, porque cada pueblo-raza-nación era considerado que tenía su propia religión. A Juan le parece contemplar reunidos, en aquella apoteosis, no sólo a los de su propia religión, sino a todos los pueblos, vale decir: a todas las religiones.
Si corregimos así nuestra visión, estaremos más cerca de «ver a Dios tal como es» (segunda lectura), tal como podremos verle allá de los velos carnales del chauvinismo cultural o el tribalismo religioso -que no son muy distintos. Obviamente, esos «ciento cuarenta y cuatro mil» (doce al cuadrado, o sea, «los Doce», o «las Doce ‘tribus’ de Israel», pero elevadas al cuadrado, es decir, totalmente superadas, llevadas fuera de sí hasta disolverse entre «toda lengua, pueblo, raza y nación»), esos ciento cuarenta y cuatro mil, o los entendemos como un símbolo macroecuméncio, o nos retrotraerían al tribalismo religioso.
Las bienaventuranzas comparten la misma visión «macro-ecuménica»: valen para todos los seres humanos. El Dios que en ellas aparece no es «confesional», de una religión, no es «religiosamente tribal». No exige ningún ritual de ninguna religión. Sino el rito de la simple religión humana: la pobreza, la opción por los pobres, la transparencia de corazón, el hambre y sed de justicia, el luchar por la paz, la persecución como efecto de la lucha por la Causa del Reino... Esa «religión humana básica fundamental» es la que Jesús proclama como «código de santidad universal», para todos los santos, los de casa y los de fuera, los del mundo «católico«...
Si a propósito de la festividad de Todos los Santos se nos sugiere el texto de las Bienaventuranzas, es porque ellas son en verdad el camino de la santidad; en y con las Bienaventuranzas como carta de navegación de nuestra vida es posible alcanzar la meta de nuestra santificación, entendida como la lucha constante por lograr en el cada día el máximo de plenitud de la vida según el querer de Dios.
Para la aplicación más parenética de este precedente comentario exegético, recomendamos como la mejor referencia el capítulo V de la Constitución Dogmática de la Iglesia “Lumen Gentum”, del Vaticano II, con su “Universal llamado a la santidad”.
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ORACION

Hoy en la fiesta de la comunidd de los santos, rezamos unos por otros.

Recordamos a la Iglesia de Dios, para que sea la sal de la tierra y la luz del mundo, y dé testimonio de la vida nueva que nos viene por Cristo Jesús. Recordamos a los hombres y mujeres, para que la propuesta del Evangelio nos ayude a encontrar la felicidad auténtica. Recordamos hoy especialmente por nuestros difuntos: amigos y familiares, para que gocen para siempre de la plenitud de la vida con Dios, con ellos estamos reunidos en la fe, la caridad y la esperanza.

No olvidamos a cada uno de nosotros, que vivimso en comuni[on para que, con todos los santos y santas de Dios, avancemos por el camino de la fe para conseguir con ellos la felicidad eterna y trasmitamos el mensaje de la vida que nos encomend[o el Señor. Bendito el Señor porque nos vistió con la dignidad de reunirnos en su nombre con el que es el santo de los santos.

octubre 31,2009

ROMANOS 11,1-2,11-12.25-29
1 Entonces debo preguntar: ¿Es posible que Dios haya rechazado a su pueblo? ¡Por supuesto que no! Yo también soy is raelita, descendiente de Abrahán y de la tribu de Benjamín.
2 No, Dios no ha rechazado a su pueblo, al que de antemano conoció. ¿No se acuerdan de lo que dice la Escritura acerca de Elías, cuando éste acusaba a Israel ante Dios?
De nuevo pregunto: ¿Tropezaron y cayeron para no volver a levantarse? De ninguna manera. A consecuencia de su traspié la salvación ha sido llevada a los paganos, y esto será un desafío para ellos.
12 Si la caída de Israel fue una riqueza para el mundo, y lo que perdieron enriqueció a las naciones paganas, ¡como será cuando Israel alcance su plenitud! 13 A ustedes, que no son judíos, les digo: si yo, apóstol de los no-judíos, pongo tanto empeño en cumplir con mi oficio,
25 Quiero, hermanos, que entiendan este misterio y no se sientan superiores. Una parte de Israel va a quedarse endurecida hasta que el conjunto de las naciones haya entrado;
26 entonces todo Israel se salvará, según dice la Escritura: De Sión saldrá el libertador que limpiará a los hijos de Jacob de todas sus faltas. 27 Y ésta es la alianza que yo haré con ellos después de borrar todos sus pecados.
28 Si los miramos desde el Evangelio, ellos son enemigos, lo que es para el bien de ustedes;pero ateniéndose a la elección, ellos son amados en atención a sus padres.
29 Porque Dios no se arrepiente de su llamado ni de sus dones.

SALMO 94,14-15,17-18
12 ¡Feliz el hombre que corriges, Señor, y al que tú enseñas tu Ley!
13 Le das calma en los días de desgracia, mientras cavan la tumba del malvado.
14 Pues el Señor no rechaza a su pueblo, ni abandona a los suyos.
15 Retornará el poder al que es Justo y con él, a los de recto corazón.
17 Si el Señor no me hubiera socorrido, por poco no habría acabado entre los muertos.
18 Apenas dije: «¡Vacilan mis pies!» tu bondad, Señor, me reafirmó.

LUCAS 14,1,7-11
Un sábado Jesús fue a comer a la casa de uno de los fariseos más importantes, y ellos lo observaban.
7 Jesús notó que los invitados trataban de ocupar los puestos de honor, por lo que les dio esta lección:
8 «Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor lugar. Puede ocurrir que haya sido invitado otro más importante que tú, 9 y el que los invitó a los dos venga y te diga: Deja tu lugar a esta persona. Y con gran vergüenza tendrás que ir a ocupar el último lugar.
10 Al contrario, cuando te inviten, ponte en el último lugar y así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, ven más arriba. Esto será un gran honor para ti ante los demás invitados. 11 Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.»



HOMILIA

Cualquiera se podría tomar este texto como una invitación a formar un manual de urbanidad y buenos modales cristianos; pero ésa no es la intención del evangelio. El problema que Jesús señala no es de modales, sino de valores y actitudes. Los valores son los principios que una persona o grupo asumen como líneas orientadoras de su comportamiento. Los valores modelan nuestras creencias y aspiraciones. Son también exigencias de compromiso y criterios estables en medio de la confusión cotidiana. Las actitudes son disposiciones permanentes que nos permiten encarar con firmeza y convicción las distintas circunstancias de la vida. ¿Qué nos pide hoy el evangelio? Desafiar nuestros hábitos para ir más allá de la elegancia o la estética de las buenas costumbres, comprometernos con los valores que nos propone Jesús mismo, y asumir las actitudes coherentes con esos nuevos valores. El cristianismo no es una religión de ciertas costumbres bien aceptadas socialmente, sino un compromiso de seguir diariamente el camino de Jesucristo de acuerdo con los valores que él nos propone y las actitudes que estos valores nos exigen. ¿Qué sería de nosotros si sólo nos conformáramos con marchar detrás de la procesión de idolatrías con la que cada día nos aliena el ambiente en que nos movemos?
Por eso es importante preguntarnos ante las cosas que dice Pablo ¿habría rechazado Dios a su pueblo. La respuesta no se hace de esperar. El mismo Pablo nos lo dice: De ninguna manera (1) y está dispuesto a ofrecer una serie de pruebas que avalan su certeza absoluta. La primera dice “Yo también soy israelita. Es como decir que él mismo en persona es la demostración evidente de que la fidelidad de Dios a sus promesas. Esto es ciertamente, comprometedor para Pablo aunque es también para él un motivo de santo orgullo y fuente de una gran esperanza. Considerando inmediatamente, la suerte del pueblo elegido, Pablo nos ofrece tres pinceladas nítidas y seguras sobre el destino del pueblo elegido. La defección de Israel, según Pablo, no ha sido total, sino parcial; no es definitiva, sino provisional; no es casual sino providencial. En torno a estos tres motivos se desarrolla el pensamiento del apóstol en esta carta.

Los israelitas, es cierto, tropezaron para caer, aunque no para siempre. Es cierto que Pablo entrevé, y nos deja entrever también a nosotros, una maravillosa posibilidad de la “resurrección” para su amado pueblo. Y sobre esta certeza se basa también nuestra esperanza en vista a una unidad que está delante de nosotros y que pedimos de manera insistente en neustra oración a Dios. Y no sólo esto, sino que “que con su caída ha llegado a la salvación de los paganos (8-11): he aquí el aspecto providencial de un acontecimiento histórico, aunque sea dramático y doloroso, en el que le gusta insistir a Pablo. De este modo nos ofrece una clave de lectura de toda la historia de la salvación sobre todo del futuro que nos espera. Es interesante señalar con Pablo que la conversión de los paganos está destinada a suscitar los celos de los israelitas.

Por último, Pablo afirma que “el endurecimiento de una gran parte de Israel no es definitivo, durará hasta que se convierta el conjunto de los paganos” (25) y de este modo ratifica el mismo concepto y nos abre a la esperanza.
Es lógico que en el evangelio Lucas quiere indicar a su comunidad un modelo exquisitamente evangélico, y por eso reelabora un ejemplo tomado de la vida de Jesús que tiende a desmantelar las intenciones de la gente de su tiempo y pone al desnudo, allí al torno a la mesa sus sentimientos. Las palabras de Jesús asume ante tono un tono ante todo negativo; “no te pongas en el lugar de preferencia…” (8) Lo que pueda pasar en el marco de un banquete común debe ser previsto, al menos por motivos de prudencia cuando no por orgullo personal. Se trata de no caer en el ridículo, además de respetar ciertas reglas de etiqueta. La enseñanza de Jesús asume tamb 2,5,11.ién por ello un todo de sabiduría, antes q1ue evangélica. Ahora bien, en el segundo momento, Jesús se expresa en términos positivos: “Ponte en nlougar menos importante” (10). Se trata de una invitación clara a la humildad: Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (11), un dicho que en inspira en el profeta Ezequiel, 31,21 y luego Lucas lo repetirá varias veces en el evangelio (Lucas, 16,15, Lucas 18,14). Jesús habla, pues, de la humildad, una virtud que hoy no sólo está desentendida, sino casi olvidada por completo, aunque sigue vigente como rasgo característico del verdedero discípulo de Jesús.

Pablo ha refelexionado ampliamente sobre el misterio de su pueblo. El rechazo de una parte de Israel ha supuesto la ocasión para hacer entrar en masa a los paganos en la alianza concluida en un tiempo con Abrahán, con lo que verdaderamente, según la promesa, han sido bendecidas todas las naciones de la tierra y entre ellos estamos todos nosotros. El apóstol sabe que los dones y la llamada de Dios no tiene marcha atrás. La acogida dispensada a los gentiles implica el rechazo de Israel. No sabemos ni cómo ni cuándo tendrá lugar el retronó de aquellos que fueron, y seguirán siendo para siempre, los “elegidos”. Todos estamos invitados al banquete del Reino de los cielos, y la sala del banquete de bodas no es suficientemente estrecha. Puede pertenecernos a todos cómodamente, porque tiene las mismas dimensiones del corazón de Dios. Por importante, por consiguiente, es que nuestro comportamiento sea el indicado por Jesús en la parábola del evangelio. Nosotros, que nos sentimos invitados ahora al banquete, no debemos entrar en plan altanero, con altivez, poniéndonos en el lugar principal, sino con la humildad del que sabe que todo es gracia y don.
Por eso Pablo nos invita a vivir hoy la Palabra: “Todo srael se salvará, pues lo dones y la llamada de Dios son irrevocables.

ORACION

Señor, tu enseñanza es clara, aunque difícil de realizar “Apártate para dejar el sitio a otro: a su tiempo serás buscado. Olvida la ofensa recibida, como si no te la hubieran hecho; a su tiempo serás preciado. Haz un tesoro con los dones que tienes, pero no te gloríes, porque no son tuyos. Permanece en un puesto, sin invadir; a su tiempo serás revalorizado. Estímate, pero no con exceso, para pode emitir juicios imparciales. No acentúes todo lo que haces de bueno, activa de una manera sencilla y silenciosa.. Reconoce tu humana debilidad, para exaltar mi fuerza infinita, De siempre testimonio de la verdad y, a su tiempo, ella triunfará. Oh Señor, escribí mi nombre en la arena, en el desierto junto a las puertas de Jartum, y al día siguiente ya no estaba. Así es la persona humilde, me dices: sabe desaparecer, porque su nombre está escrito en el cielo.

OCTUBRE 31, 2009

PAALBRA DE VIDA

ROMANOS 11,1-2,11-12.25-29

1 Entonces debo preguntar: ¿Es posible que Dios haya rechazado a su pueblo? ¡Por supuesto que no! Yo también soy is raelita, descendiente de Abrahán y de la tribu de Benjamín.
2 No, Dios no ha rechazado a su pueblo, al que de antemano conoció. ¿No se acuerdan de lo que dice la Escritura acerca de Elías, cuando éste acusaba a Israel ante Dios?
De nuevo pregunto: ¿Tropezaron y cayeron para no volver a levantarse? De ninguna manera. A consecuencia de su traspié la salvación ha sido llevada a los paganos, y esto será un desafío para ellos.
12 Si la caída de Israel fue una riqueza para el mundo, y lo que perdieron enriqueció a las naciones paganas, ¡como será cuando Israel alcance su plenitud! 13 A ustedes, que no son judíos, les digo: si yo, apóstol de los no-judíos, pongo tanto empeño en cumplir con mi oficio,
25 Quiero, hermanos, que entiendan este misterio y no se sientan superiores. Una parte de Israel va a quedarse endurecida hasta que el conjunto de las naciones haya entrado;
26 entonces todo Israel se salvará, según dice la Escritura: De Sión saldrá el libertador que limpiará a los hijos de Jacob de todas sus faltas. 27 Y ésta es la alianza que yo haré con ellos después de borrar todos sus pecados.
28 Si los miramos desde el Evangelio, ellos son enemigos, lo que es para el bien de ustedes;pero ateniéndose a la elección, ellos son amados en atención a sus padres.
29 Porque Dios no se arrepiente de su llamado ni de sus dones.

SALMO 94,14-15,17-18


12 ¡Feliz el hombre que corriges, Señor, y al que tú enseñas tu Ley!
13 Le das calma en los días de desgracia, mientras cavan la tumba del malvado.
14 Pues el Señor no rechaza a su pueblo, ni abandona a los suyos.
15 Retornará el poder al que es Justo y con él, a los de recto corazón.
17 Si el Señor no me hubiera socorrido, por poco no habría acabado entre los muertos.
18 Apenas dije: «¡Vacilan mis pies!» tu bondad, Señor, me reafirmó.

LUCAS 14,1,7-11

Un sábado Jesús fue a comer a la casa de uno de los fariseos más importantes, y ellos lo observaban.
7 Jesús notó que los invitados trataban de ocupar los puestos de honor, por lo que les dio esta lección:
8 «Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor lugar. Puede ocurrir que haya sido invitado otro más importante que tú, 9 y el que los invitó a los dos venga y te diga: Deja tu lugar a esta persona. Y con gran vergüenza tendrás que ir a ocupar el último lugar.
10 Al contrario, cuando te inviten, ponte en el último lugar y así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, ven más arriba. Esto será un gran honor para ti ante los demás invitados. 11 Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.»

HOMILIA

Cualquiera se podría tomar este texto como una invitación a formar un manual de urbanidad y buenos modales cristianos; pero ésa no es la intención del evangelio. El problema que Jesús señala no es de modales, sino de valores y actitudes. Los valores son los principios que una persona o grupo asumen como líneas orientadoras de su comportamiento. Los valores modelan nuestras creencias y aspiraciones. Son también exigencias de compromiso y criterios estables en medio de la confusión cotidiana. Las actitudes son disposiciones permanentes que nos permiten encarar con firmeza y convicción las distintas circunstancias de la vida. ¿Qué nos pide hoy el evangelio? Desafiar nuestros hábitos para ir más allá de la elegancia o la estética de las buenas costumbres, comprometernos con los valores que nos propone Jesús mismo, y asumir las actitudes coherentes con esos nuevos valores. El cristianismo no es una religión de ciertas costumbres bien aceptadas socialmente, sino un compromiso de seguir diariamente el camino de Jesucristo de acuerdo con los valores que él nos propone y las actitudes que estos valores nos exigen. ¿Qué sería de nosotros si sólo nos conformáramos con marchar detrás de la procesión de idolatrías con la que cada día nos aliena el ambiente en que nos movemos?

Por eso es importante preguntarnos ante las cosas que dice Pablo ¿habría rechazado Dios a su pueblo. La respuesta no se hace de esperar. El mismo Pablo nos lo dice: De ninguna manera (1) y está dispuesto a ofrecer una serie de pruebas que avalan su certeza absoluta. La primera dice “Yo también soy israelita. Es como decir que él mismo en persona es la demostración evidente de que la fidelidad de Dios a sus promesas. Esto es ciertamente, comprometedor para Pablo aunque es también para él un motivo de santo orgullo y fuente de una gran esperanza. Considerando inmediatamente, la suerte del pueblo elegido, Pablo nos ofrece tres pinceladas nítidas y seguras sobre el destino del pueblo elegido. La defección de Israel, según Pablo, no ha sido total, sino parcial; no es definitiva, sino provisional; no es casual sino providencial. En torno a estos tres motivos se desarrolla el pensamiento del apóstol en esta carta.

Los israelitas, es cierto, tropezaron para caer, aunque no para siempre. Es cierto que Pablo entrevé, y nos deja entrever también a nosotros, una maravillosa posibilidad de la “resurrección” para su amado pueblo. Y sobre esta certeza se basa también nuestra esperanza en vista a una unidad que está delante de nosotros y que pedimos de manera insistente en neustra oración a Dios. Y no sólo esto, sino que “que con su caída ha llegado a la salvación de los paganos2 811): he aquí el aswpecto providencial de un acontecimiento histórico, aunque sea dramático y doloroso, en el que le gusta insistir a Pablo. De este modo nos ofrece una clave de lectura de toda la historia de la salvación sobre todo del futuro que nos espera. Es interesante señalar con Pablo que la conversión de los paganos está destinada a suscitar los celos de los israelitas.

Por último, Pablo afirma que “el endurecimiento de una gran parte de Israel no es definitivo, durará hasta que se convierta el conjunto de los paganos” (25) y de este modo ratifica el mismo concepto y nos abre a la esperanza.
Es lógico que en el evangelio Lucas quiere indicar a su comunidad un modelo exquisitamente evangélico, y por eso reelabora un ejemplo tomado de la vida de Jesús que tiende a desmantelar las intenciones de la gente de su tiempo y pone al desnudo, allí al torno a la mesa sus sentimientos. Las palabras de Jesús asume ante tono un tono ante todo negativo; “no te pongas en el lugar de preferencia…” (8) Lo que pueda pasar en el marco de un banquete común debe ser previsto, al menos por motivos de prudencia cuando no por orgullo personal. Se trata de no caer en el ridículo, además de respetar ciertas reglas de etiqueta. La enseñanza de Jesús asume tamb 2,5,11.ién por ello un todo de sabiduría, antes q1ue evangélica. Ahora bien, en el segundo momento, Jesús se expresa en términos positivos: “Ponte en nlougar menos importante” (10). Se trata de una invitación clara a la humildad: Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (11), un dicho que en inspira en el profeta Ezequiel, 31,21 y luego Lucas lo repetirá varias veces en el evangelio (Lucas, 16,15, Lucas 18,14). Jesús habla, pues, de la humildad, una virtud que hoy no sólo está desentendida, sino casi olvidada por completo, aunque sigue vigente como rasgo característico del verdedero discípulo de Jesús.
Pablo ha refelexionado ampliamente sobre el misterio de su pueblo. El rechazo de una parte de Israel ha supuesto la ocasión para hacer entrar en masa a los paganos en la alianza concluida en un tiempo con Abrahán, con lo que verdaderamente, según la promesa, han sido bendecidas todas las naciones de la tierra y entre ellos estamos todos nosotros. El apóstol sabe que los dones y la llamada de Dios no tiene marcha atrás. La acogida dispensada a los gentiles implica el rechazo de Israel. No sabemos ni cómo ni cuándo tendrá lugar el retronó de aquellos que fueron, y seguirán siendo para siempre, los “elegidos”. Todos estamos invitados al banquete del Reino de los cielos, y la sala del banquete de bodas no es suficientemente estrecha. Puede pertenecernos a todos cómodamente, porque tiene las mismas dimensiones del corazón de Dios. Por importante, por consiguiente, es que nuestro comportamiento sea el indicado por Jesús en la parábola del evangelio. Nosotros, que nos sentimos invitados ahora al banquete, no debemos entrar en plan altanero, con altivez, poniéndonos en el lugar principal, sino con la humildad del que sabe que todo es gracia y don.

Por eso Pablo nos invita a vivir hoy la Palabra: “Todo srael se salvará, pues lo dones y la llamada de Dios son irrevocables.
ORACION

Señor, tu enseñanza es clara, aunque difícil de realizar “Apártate para dejar el sitio a otro: a su tiempo serás buscado. Olvida la ofensa recibida, como si no te la hubieran hecho; a su tiempo serás preciado. Haz un tesoro con los dones que tienes, pero no te gloríes, porque no son tuyos. Permanece en un puesto, sin invadir; a su tiempo serás revalorizado. Estímate, pero no con exceso, para pode emitir juicios imparciales. No acentúes todo lo que haces de bueno, activa de una manera sencilla y silenciosa.. Reconoce tu humana debilidad, para exaltar mi fuerza infinita, De siempre testimonio de la verdad y, a su tiempo, ella triunfará. Oh Señor, escribí mi nombre en la arena, en el desierto junto a las puertas de Jartum, y al día siguiente ya no estaba. Así es la persona humilde, me dices: sabe desaparecer, porque su nombre está escrito en el cielo.

viernes, 30 de octubre de 2009

OCTUBRE 30, 2009

PALABRA DE VIDA
ROMANOS 9,1-5

Quiero hablarles en Cristo; todo será verdad y no miento, tal como mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo. 2 Siento una tristeza muy grande y una pena continua,
3 hasta el punto que de searía ser rechazado y alejado de Cristo en lugar de mis hermanos; me refiero a los de mi raza. 4 Ellos son los israelitas, a quienes Dios adoptó; entre ellos descansa su gloria con las alianzas, el don de la Ley, el culto y las promesas de Dios.
5 Suyos son los grandes antepasados, y Cristo es uno de ellos según la carne, el que como Dios está también por encima de todo. ¡Bendito sea por todos los siglos! Amén.
SALMO 147,12-15,19-20
12 ¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
12 a tu Dios alaba, oh Sión!
13 El refuerza las trancas de tus puertas
13 y bendice a tus hijos en tu seno;
14 guarda en paz tus fronteras,
14 te da del mejor trigo en abundancia.
15 Si a la tierra envía su mensaje,
15 su palabra corre rápidamente;
19 A Jacob le revela su palabra,
19 sus leyes y sus juicios a Israel.
20 Con ningún otro pueblo ha actuado así,
20 ni les dio a conocer sus decisiones.
20 ¡Aleluya!

LUCAS 14,1-6

1 Un sábado Jesús fue a comer a la casa de uno de los fariseos más importantes, y ellos lo observaban.
2 Por casualidad había delante de él un hombre que sufría de hinchazón.
Lc 13,15
3 Jesús preguntó a los maestros de la Ley y a los fariseos: «¿Está permitido por la Ley curar en día sábado o no?» 4 Pero ninguno respondió. Jesús entonces se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió. 5 Después les dijo: «Si a uno de ustedes se le cae su burro o su buey en un pozo en día sábado, ¿acaso no va en seguida a sacarlo?» 6 Y no pudieron contestarle.
HOMILIA
Romanos 9,1-5: “El Espíritu Santo confirma mi testimonio” Salmo 147: Glorifica al Señor, Jerusalén. Luc as 14,1-6: “¿Está permitido sanar en sábado, o no?”
La hidropesía es una anormal acumulación de agua. Mientras el tránsito normal de líquidos favorece nuestra salud, la acumulación la pone en riesgo. El agua que consumimos no se queda ni reposa. Hidrata, tonifica y da vida. Pero si no hace eso, si se estanca, nos ahoga. Eso era lo que pasaba con la interpretación de la Ley en aquel tiempo. La Ley fue puesta como el agua, como fuente de vida. Debía transformar la vida del pueblo, tonificarla y fortalecerla. Por el contrario, el estancamiento conducía a un estado deplorable de conformismo e inmovilidad que amenazaba la existencia misma del pueblo. El hidrópico sanado representa a esa parte del pueblo dispuesta a hacer la terapia del agua que fluye, de la Ley que inspira, de la vida que se transforma. El hidrópico debía vencer las limitaciones de una interpretación demasiado estrecha y fundamentalista de la Ley, para poder ponerse en contacto con la fuente del agua viva. Si con frecuencia estamos dispuestos a acomodar la ley a nuestras necesidades, cuánto más esfuerzo interpretativo debemos hacer para que esa ley no se convierta en un lazo que nos ahogue. Jesús aplica así un principio de interpretación que lleva al ser humano hacia la vida plena, en lugar de detenerlo en los recovecos de las rúbricas y preceptos interminables.
El agua es como entender lo que pasa en nosotros cuando volcamos sobre nuestra vida la enseñanza de Jesús, esta la historia de Pablo al introducirnos en la carta a los Romanos. Nos expone un tema: la drama de Israel en la historia de la salvación. Ahora comenzamos a leer los capítulos 9 al 11 y nos llevará más tarde a la parte exhortativa en los capítulos 12 al 16. No es nada nuevo en Pablo, hemos salido de los capítulos 1 al 8, lo podíamos llamar la parte dogmática de la carta. Pablo parte de un término personal y autográfico. Al comienzo del capítulo 9 nos dice, algo autográfico: “Me invade una gran tristeza y es continuo el dolor de mi corazón (2) Es una clave, aunque no la única de la lectura de los tres capítulos (9 al 11). Pablo no puede olvidar sus orígenes, su pertenencia a su pueblo elegido, su tradición judía. Eso nois hará entender la personalidad y espiritualidad de Pablo, nos dice, “Desearía, incluso, verme yo mismo separado de Cristo como algo maldito para el bien de mis hermanos de raza.” (9,3) Pablo nos dice algo que nos admira, se refiere al pueblo judío al decir, “de ellos, en cuanto hombre, procede Cristo.” (9,5) El mismo amor que une a Pablo a su pueblo lo une a partir de ahora, de una manera definitiva e inseparable, a Jesucristo, su Señor.
Eso nos lleva a entender el evangelio, sucede en el marco de un banquete, donde Lucas nos presenta a Jesús aceptando una invitación para comer, y eso revela un rasgo simpático de Jesús, siempre atento a los otros y deseoso de la compañía de los demás Es un modo con que Lucas pretende subrayar la humanidad de Jesús, captada en una de sus expresiones más delicadas. Esta vez, es Jesús quien provoca a los maestros de la Ley y a los fariseos sobre la licitud o no de curar en sábado. Al querer proceder a curar a un hidrópico. Jesús desea despejar el campo de toda objeción previa. Jesús hace frente a sus adversarios y los derrota, no es el análisis de los artículos de a ley, sobre cuya base hubieran podido responder con “no” seco, sino en campo de la observancia práctica de la ley. Los judíos se quedan callados, permanecen mudos (4)

El silencio es a buen seguro embarazo, pero también indicio de un deseo de revancha, por eso lo repite Lucas dos veces. Pero Jesús supera con elegancia esta situación y laqnza un segundo ataque, provocándoles así: “?Quién de vosotros, si un hijo o un buey cae en un pozo, no lo saca inmediatamente aunque sea en sábado? (5) De este modo Jesús redimensionando el valor del sábado como sábado, ratifica su invitación-mandato a la caridad y a la benevolencia con el prójimo. En el fondo, invita a todo el mundo a encontrar la verdadera libertad en la caridad.

La primera lectura de Pablo hoy, precisamente por el tema que toca, un carácter de extrema actualidad. En efecto, todos nos sentimos fuertemente provocados a considerar la relación entre el cristianismo y judaísmo de un modo tal vez ás apremiante que antes. No es, no debe ser, una moda, sino la respuesta a una exigencia profunda, arriesgada en nuestro credo y en la historia de la salvación. No se trata tampoco de un tema que debamos considerar de una manera abstracta y académica, sino de una relación vital que interesa a nuestras personas y a nuestras comunidades.

Israel sigue siendo hoy como siempre la “raíz santa” (Romanos 11,16) puesta por Dios de una vez para siempre para llevar a cabo su proyecto de salvación a favor de toda la humanidad. En esta raíz que también ha conocido un momento de crisis e infidelidad, Dios pretende injertar cualquier otra rama con el fin de favorecer una mayor abundancia de frutos. Estos frutos son, naturalmente, los dones salvíficos con que el mismo Dios, por medio de Cristo Jesús, quiere asegurar a todos.

Por eso se nos invita a repetir con frecuencia y a vivir hoy la Palabra: (Romanos 9,5) “Cristo está sobre todas las cosas y es Dios bendito por siempre..”

ORACION

Señor Jesús, haz que el dolor de Pablo sea también el nuestro. Tú que puedes presumir de una descendencia directa de David, enséñanos a reconocer, con alegría y gratitud, que en las raíces del cristianismo se encuentra la tradición judía. Ayúdanos a disipar las nubes que todavía nos separan de nuestros hermanos mayores para que en ti podamos encontrarnos en el único redil.
Espíritu Santo, haz que nuestros orígenes comunes venzan toda división. Tú, que eres el Amor y como verdadero amante sabes dar y perdonar, enséñanos a ver en los hermanos cristianos todavía separados a nuestros prójimos más prójimos. Haz que sepamos reconocernos como don recíproco y que consigamos aliviar y curar las heridas que nos hemos infligidos a lo largo de la historia,
Padre, haz que todos nosotros seamos uno. Tú, que eres el creador de todos, ayúdanos a destruir los prejuicios que nos aprisionan y no nos permiten abrirnos a las otras religiones. Haz quw todos seamos capaces de escuchar los mensajes de salvación, de fraternidad y de paz que llegan a nosotros desde todas las partes del mundo.

jueves, 29 de octubre de 2009

OCTUBRE 29, 2009


Romanos 8,31-39
31 ¿Qué más podemos decir? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32 Si ni siquiera se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos va a dar con él todo lo demás?
33 ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios mismo los declara justos.
34 ¿Quién los condenará? ¿Acaso será Cristo, el que murió y, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios intercediendo por nosotros?
35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Acaso las pruebas, la aflicción, la persecución, el hambre, la falta de todo, los peligros o la espada?
36 Como dice la Escritura: Por tu causa nos arrastran continuamente a la muerte, nos tratan como ovejas destinadas al matadero.
37 Pero no; en todo eso saldremos triunfadores gracias a Aquel que nos amó.
38 Yo sé que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni las fuerzas del universo, ni el presente ni el futuro, ni las fuerzas espirituales, 39 ya sean del cielo o de los abismos, ni ninguna otra criatura podrán apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Salmo 109,21-22,26-27
Pero tú, Señor Adonai, actúa para mí en honor a tu nombre, sálvame, pues es tan bueno tu amor.
22 Porque soy pobre y desdichado, herido está mi corazón dentro de mí, 23 me voy como la sombra que declina, como langosta arrastrada por el viento.
24 De tanto ayuno flaquean mis rodillas, y mi cuerpo, sin grasa, ha enflaquecido; 25 soy un pretexto para sus insultos, cuando me ven, menean la cabeza.
26 Señor, mi Dios, ayúdame, sálvame, tú que eres bueno: 27 y que sepan que allí está tu mano, que eres tú, Señor, quien hizo eso.

LUCAS 13,31-35
31 En ese momento unos fariseos llegaron para avisarle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.» 32 Jesús les contestó: «Vayan a de cir a ese zorro: Hoy y mañana ex pulso demonios y realizo curaciones, y al tercer día llegaré a mi término.
33 Pero tengo que seguir mi camino hoy, mañana y pasado mañana, porque no es correcto que un profeta sea asesinado fuera de Jerusalén.
34 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de sus alas, y tú no has querido!
35 Por eso, ustedes se quedarán con su templo! Pues, se lo digo: no me volverán a ver hasta que llegue el tiempo en que ustedes digan: «¡Bendito sea el que viene en Nombre del Señor!»

HOMILIA
Romanos 8,31b-39: “Nada podrá apartarnos del amor de Dios” Sal 108: Sálvame, señor, por tu bondad. Lucas 13,31-35: “La casa de ustedes quedará desierta”
Nuestra vida se mueve entre el hoy, el mañana y el pasado mañana, pero mientras nuestra existencia oscila entre el día de descanso y el del trabajo, la vida de Jesús avanza por el camino de la continua redención. Hoy Jesús lucha contra el mal que se ha encarnado en la existencia humana, en las personas e instituciones que viven sólo para el lucro y la explotación, que no hacen más que dañar el proyecto que Dios tiene para todos sus hijos dispersos por el mundo. Mañana sana los corazones rotos, las esperanzas perdidas, la vida despreciada. Pasado mañana nos redime con el sello inconfundible y definitivo de la Cruz. Por esta razón Jesús no teme a Herodes, ni tampoco es un temerario que arriesgue la vida de los que le siguen. Sin dejarse intimidar, marcha hacia el acontecimiento glorioso en el que la comunidad lo reconozca como enviado de Dios, como Hijo Amado y como Redentor. La salvación acontece en la vida cotidiana. Allí debemos luchar contra el mal que se apodera de nuestras mentes y las enajena. Allí mismo encontramos las terapias alternativas con las que Jesús libera nuestro corazón y rompe las ataduras de nuestra voluntad. Allí acontece el paso de Dios que salva, libera y redime.
Cada día el Señor esparce en nosotros la luz de su vida, que es la salvación de todo hombre y mujer que vive a nuestro alrededor. Por eso Pablo comienza su carta de hoy diciéndonos algo simple pero seguro. Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Tan simple pero al mismo tiempo tan difícil de entender, ´’el es el que decide nuestra vida, nos enseñó, Hágase tu voluntad. Pero preferimos la nuestra. Al terminar el capítulo 8 de la carta a los Romanos, puede ser considerada como un himno de amor de Dios que se ha manifestado en la persona de Jesús. Es imposible que lo hubiera escrito a no ser que tuviera loa experiencia personal y singular de este amor: esa fue la experiencia de Pablo en Damasco, de la que Dios salió vencedor y Pablo vencido. Es alo mismo tiempo una victoria que toca a Cristo y a Pablo.

Todo comienza con el misterio pascual y Pablo lo dice: El que no perdónó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros…” (32) Eso nos recuerdo el sacrificio de Isaac en el Génesis (Génesis 22,1-22). Esta victoria de Dobre sobre Pablo se hace sentir en nuestra vida, por eso Pablo dice hoy, “?Qui´3n nos separará del amor de Cristo (35) y a partir de aquí usar{a la primera persona del plural. De ahí que los frutos del amor de Dios ros con la plena comunión del amor de Dios por nosotros, la victoria de Dios ha comenzado en nuestra vida y se irá perfeccionando a medida que camine hasta su término final.
En un arranque poético Pablo escribe: “Dios, que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas las pruebas.” (37) Vencer holgadamente: ésta es la experiencia del cristiano cuando se confía plenamente en el amor de Dios, que se nos ha manifestado y comunicado en Cristo. En el evangelio sabemos que Jesús va camino a Jerusalén, ante el se perfila la meta del Calvario como lugar donde podrá ofrecerse a sí mismo a Dios en sacrificio de amor por toda la humanidad. Nada puede apresurar o detener la hora en que Cristo consumará su misión. Ni Herodes, a quien Jesús llama zorro; como auténtico profeta Cristo no puede morir fuera e Jerusalén, por lo que debe subir con fidelidad a su misión y por amor a nosotros.
Luego Lucas nos ofrece un doloroso lamento de Cristo sobre Jerusalén, un lamento-profecía abierto a un futuro inmediato, Jesús quisiera hacer de Jerusalén, un signo de reconciliación, paz y unidad, pero ella realiza gestos de violencia y división. La profecía de Jesús tiene dos momentos: uno negativo, en el cual como ya hiciera el profeta Jeremías (Jeremías 12,7): Abandoné mi casa, 7dejé mi propiedad, 7he entregado lo que más quería7 en manos de mis enemigos, predica la ruina de Jerusalén y de sus habi-tantes, a pesar de amarlos intensamente y otro positivo (Salmo 118,26) «¡Bendito sea el que viene 2en el nombre del Señor. Desde la casa del Señor los bendecimos.” Que nos parece aludir a la conversión de Israel al fin de los tiempos.

¡Qué alegría saber que Dios está a nuestro favor! Lo ha hecho de una manera decidida, nos ha dado a su Hijo único, por eso como San Pablo podemos cantar un canto vigoroso a este amor del que nunca nada podrá separarnos jamás. Hablo enumaera una lista de fuerzas hostiles a nuestra unión con Cristo para afirmar que no son capaces de alejarnos del. ¿Es verdad que no hay ninguna situación que nos impida la unión con Cristo? En realidad es preciso admitir que no lo consiguieran nunca las cosas exteriores, pero sí hay alguien que nos pueda alejar de Jesús: nosotros mismos. Dios, en Cristo ha optado por estar siempre con nosotros, pero nosotros somos libresd y, con frecuencia, no queremos estar con él. El evangelio nos habla de gente que le dice a Jesús: “Vete.” Jerusalén no acogió al Salvador.

El rechazo puede adumir en nosotros muchas formas y grados diferentes, porque se trata de responder con amar al amor que se nos ofrece, y nosotros vacilamos a veces entre el sí y el no, calculamos en vez de acoger gratuitamente el don y gozar de él. Tal vez estemos acostumbrados a nuestras tristezas, que nos da miedo la gran alegría de Dios. Meditemos sobre este hermoso texto, repitámonos que Dios está a nuestro favor, que somos “que somos más que vencedores, en virtud de aquel que nos ha amado”, y que nada nos podrá separar del amor de Cristo. Así también cambiará nuestro rostro: mirándole nos volveremos radiantes y también llegará la luz a nuestros hermanos, le llegará el amor.
Por eso, se nos invita con frecuencia a vivir la Palabra, Dios que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas estas pruebas.” (Romanos 8,37). Todos los santos padres nos dicen a una: lo primero que tienes que meteré en la cabeza, de una manera absoluta, es que no debes apoyarte nunca en ti mismo. El combate al que debes hacer frente es extraordinariamente arduo, y tus obras, y tus solas fuerzas humanas son absolutamente insuficientes para desarrollarlo. Si te fías de ti mismo, caerás inmediatamente en tierra y perderás todo deseo de continuar la lucha. Sólo Dios puede darte la victoria que deseas. Todo cristiano debe saber “que donde está el Espíritu Santo del Señor, allí, está la libertad.”
A partir d ahora debes pensar que todo lo que te pasa, sea o no importante, te lo envía Dios para ayudarte en la lucha. Sólo éñ sabe lo que necesitas y lo que te es menester en el momento presente: adversidad o9 properidad, tentación o caída, no hay ningún acontecimiento del que no puedas aprender algo. Porque de este modo crecerá tu confianza en el Señor, a quien has elegido seguir.

ORACION
Señor Jesús, ni el Pedro ni Herodes consiguieron disuadirte de tu misión según la voluntad del Padre; haz que tampoco yo me deje hipnotizar nunca por los muchos títulos y por el tentador.

Señor, tú dijiste siempre sí y sin demora cada vez que el Padre te lo pedía: haz que yo también sea capaz de vivir el presente con empeño y responsabilidad, porque “nada es seguro mañana.”

Señor Jesús, viviste intensamente el espacio temporal de tus treinte tres años: haz que también yo valore bien el tiempo que, de manera inexorable, huye, llevándose consigo estaciones y años.

martes, 27 de octubre de 2009

OCTUBRE 27, 2009

PALABRAS DE VIDA

ROMANOS 8,18-25

18 Estimo que los sufrimientos de la vida presente no se pueden comparar con la Gloria que nos espera y que ha de manifestarse. 19 El universo está inquieto, pues quiere ver lo que verdaderamente son los hijos e hijas de Dios.
20 Pues si la creación está sometida a lo efímero, no es cosa suya, sino de aquel que le impuso este destino. Pero le queda la esperanza;
21 porque el mundo creado también dejará de trabajar para el polvo, y compartirá la libertad y la gloria de los hijos de Dios.
22 Vemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto.
23 Y también nosotros, aunque ya tengamos el Espíritu como un anticipo de lo que hemos de recibir, gemimos en nuestro interior mientras esperamos nuestros derechos de hijos y la redención de nuestro cuerpo.
24 Estamos salvados, pero todo es esperanza. ¿Quieres ver lo que esperas? Ya no sería esperar; porque, ¿quién espera lo que ya tiene a la vista? 25 Esperemos, pues, sin ver, y lo tendremos, si nos mantenemos firmes.

SALMO 126,1-6

1 Cuando el Señor hizo volver
1 a los cautivos de Sión,
1 nos parecía estar soñando;
2 nuestra boca se llenaba de risa
2 y nuestra lengua de gritos de alegría.
2 Entonces entre los paganos se decía:
2 «¡Qué grandes cosas no ha hecho el Señor por ellos!»
3 Sí, grandes cosas ha hecho el Señor por nosotros,
3 rebosábamos de gozo.
4 Haz que vuelvan, Señor, nuestros cautivos,
4 como riachuelos en tierras áridas.
5 Los que siembran entre lágrimas
5 cosecharán entre gritos de alegría.
6 Se van, se van llorando
6 los que siembran la semilla,
6 pero regresarán cantando
6 trayendo sus gavillas.

LUCAS 13,18-21

18 Jesús continuó diciendo: «¿A qué puedo comparar el Reino de Dios? ¿Con qué ejemplo podría ilustrarlo?
19 Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su jardín. Creció y se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se refugiaron en sus ramas.»
20 Y dijo otra vez: «¿Con qué ejemplo podría ilustrar el Reino de Dios? 21 Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina hasta que fermentó toda la masa.»

HOMILIA

El reino es esa diminuta semilla que Dios ha sembrado en el corazón y que permite al ser humano alzarse por encima de su propia animalidad y por sobre los condicionamientos sociales y culturales que pueden reducirlo a lo peor de sí mismo. La semilla de mostaza es diminuta, pero sabrosa. Es capaz de transformar el alimento más insípido. Es también capaz de generar una planta que, sin tener la magnitud de un cedro o un roble, ofrece protección y cobijo a las aves errantes o que están de camino por el cambio de estación. El reino es esa semilla que tiene el poder de transformar nuestras vidas anónimas y alienadas en experiencias de amor y alegría. El reino es capaz de darle sabor al grupo humano más desorganizado e insípido. El reino es, asimismo, el proyecto que acoge y favorece a todos aquéllos que tienen la misericordia de Dios como único amparo. El reino también es comparado con la levadura que transforma la masa. Aunque su porción es diminuta en comparación al tamaño de aquélla, tiene la capacidad de hacerla crecer, madurar y preparar para su cocción. Así, el reino que actúa en las comunidades cristianas puede ser una experiencia diminuta, pero llegar a convertirse en una fuerza de poderosa transformación que prepare a la comunidad humana para una nueva etapa de la historia.

Las parábolas de la semilla y de la levadura tiene un profundo sentido para nosotros porque tanto la semilla como la levadura tienen un significado importante en nuestra vida. Siempre las hemos escuchado en nuestra niñez y en nuestra vida cristiana y se han quedado en medio de nosotros y llenado nuestra vida de un profundo significado. Ayer Pablo nos hablaba de nuestra vida donde nosotros hemos aprendido a ser hijos de Dios y donde Dios adquiere el sentido de un papa cariñoso y hoy nos habla Pablo de lo que esperamos ser y nos lo expresa en dos afirmaciones. Una nos habla de los padecimientos de la vida presente, y en la otra afirmación por la gloria que un día se nos revelará (18). El contraste es evidente y de fácil interpretación. La vida cristiana se desarrolla de hecho entre el “ya” y “el todavía no”, entre el presente que frecuentemente se caracteriza por la penumbra de las dudas y las pruebas del dolor, y un futuro que deja entrever un horizonte de luz y de paz.

No sólo el cristiana, afirma Pablo, sino la creación entera vive y sufre esta impaciente espera de la revelación de lo que serán los hijos ee Dios (19). Por consiguiente, es todo el orden creado el que comparte con la humanidad, con cada persona humana, el misterio pascual de lamuerte-vida, de las tinieblas que constituye ahora la clave con la que podemos descofrificar los misterios de la historia. El hombre, en cuanto creado a imagen y semejanza de Dios, en cuanto señor del orden creado, está llamado a vivir en primera persona, en ocasiones sometido a indecibles sufrimientos, el drama de una expectativa que parece no acabar nunca de un goce que pare3ce no satisfacer nunca del todo. Por eso, es que parece afirmar Pablo cuando escribe: “porque ya estamos salvados, aunque sólo en esperanza” (24) Esto es lo que pretende explicar Pablo cuando escribe: “porque ya estamos salvados, aunque sólo en esperanza” (24). Como la adopción filial (15), también neustra salvación está “ya” adquirida, aunque esperamos “todavía” su plena realización Nuestra tarea, concluye el apóstol consiste en perseverar mientras esperamos.
Según muchos comentaristas, las dos parábolas de hoy, expresan el mismo mensaje: el que desprende del contraste entre el punto de partida, pequeño e insignificante, y el punto de llegada, grande e imponente. Alguno advierte también que el contraste debe de ser considerado de dos puntos de vista diferentes: o bien desde el lado de lo que es pequeño, la semilla (éste sería el punto de vista del Jesús histórico, y en este caso se derivaría una invitación a la confianza, al valor y a la esperanza), o bien desde el lado de lo que es grande, el árbol(y éste será el punto de vista del evangelista , que cuenta la parábola actualizándola para sus destinatarios, o sea, para la comunidad de fieles que ya está un tanto extendida.
Sin embargo nos quede algo por descubrir. En efecto, Lucas, en su relato no insiste propiamente en el contraste entre la semilla pequeña y la planta grande –como aparece en mate3o y Marcos- sino más bien en la idea del crecimiento. Esto significa para Lucas la realización de una profecía, y esta afirmación de Jesús, en la pluma del evangelista, se convierte en el anuncio de un cumplimiento mesiánico. Es perspectiva podría corresponder a la expresión del Evangelio entre los paganos y esto constituiría un maravilloso puente lanzado por Lucas entre las dos partes de su obra, (el Tercer Evangelio y Los Hechos de los Apóstoles). En efecto, con el don del Espíritu santo y con el don de la predicación apostólica, la Palabra de Dios se difundirá por el mundo y se propagará entre los hombres la única fe en el Señor Jesús.

Es de utilidad subrayar que a través de las parábolas, como a través de un espejo, es posible entrever el paso de la situación del ministerio público de Jesús, marcados por unos comienzos sencillos y pobres, a la situación de la Iglesia primitiva, en la cual, con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, la pequeña semilla lanzada por Jesús ha empezado a crecer extendiéndose por el mundo arraigando en el corazón de los hombres.

Entre las dos lecturas de hoy podemos entrever una no débil analogía. En efecto, por una parte Pablo abre l de un futuro que será la plena manifestación del don de Dios: a esto nos sentimos llamados y orientados por la vida cristiana que nos sostiene a lo largo del camino, aunque esta perspectiva no elimina el dolor de la peregrinación terrena. Por otra parte, con las parábolas del grano de mostaza y de la levadura, Jesús nos deja entrever que el Reino de Dios anunciado e inaugurado por él tendrá un crecimiento y unos desarrollos inauditos, humanamente imprevisibles pero, a buen seguro realizables.
Tenemos que ver la expresión Reino de Dios, con la expresión que son introducidas ambas parábolas. Ese Reino ha sido inaugurado por la presencia, por las palabras y las acciones del mismo Hijo cuando entregue a todos y a todos a Dios, su Padre.. La expresión “Reino de Dios” es una realidad escatológica. Lo dice también con claridad el Concilio Vaticano II, cuando afirma, en la constitución dogmática sobre la Iglesia, que “que la Iglesia es germen e inicio del Reino de Dios.” (Luz de las gentes, # 5). Nuestra acción de hoy es repetir con frecuencia y vivir hoy la palabra: “Los padecimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria que un día se nos revelará.” (Romanos 8,18).
ORACION

Oh Señor, sembrar -y esto es algo que nos enseña la experiencia- reuiere atención pra que el terreno sea fértil, vigilancia para que las malas hierbas no ahoguen la semilla, paciencia para el desenlace no es seguro hasta la cosecha. Hacer fermentar la masa también es un trabajo comprometedor, pleno dedelicadeza y de cuidados para que por medio del calor propicio y el tiempo necesario, aumente el volumen de la mala y no quede sin fermentar. Los mismo supone trabajar por tí y para las almas.

Ahora bien, tu mandato, oh Señor, no es más radical: es más preciso que nos convirtamos en semilla y en levadura. Y esto es algo que me hace temblrar, porque debo hacer la parte que me corresponde, pero requiere, sobre todo, entrega total, transformación profunda y muerte para dar comienzo a nuevas vidas.

Oh Señor, dame coraje para no desertar, dame fuerza para perseverar, dame celo pra hacer florecer tu amor en esa parte del mundo en la que no ha fermentado la levadura. Señor, dame esperanza para entrever tu gloria junto a mis hermanos y hermanas.

domingo, 25 de octubre de 2009

LUNES< OCTUBRE 26, 2009

PALABRA DE DIOS

ROMANOS 8,12-17

12 Entonces, hermanos, no vivamos según la carne, pues no le debemos nada. 13 Si viven según la carne, necesariamente morirán; más bien den muerte a las obras del cuerpo mediante el espíritu, y vivirán.
14 Todos aquellos a los que guía el Espíritu de Dios son hijos e hijas de Dios. 15 Entonces no vuelvan al miedo; ustedes no recibieron un espíritu de esclavos, sino el espíritu propio de los hijos, que nos permite gritar: ¡Abba!, o sea: ¡Padre!
16 El Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.
17 Siendo hijos, son también herederos; la herencia de Dios será nuestra y la compartiremos con Cristo. Y si hemos sufrido con él, estaremos con él también en la Gloria.

SALMO 68,2,4-7,20-21

2 Que Dios se pare y sus enemigos se dispersen, que huyan ante él los que lo odian.
3 Como humo al viento, así tú los disipas, como cera en el fuego se deshacen.
4 En presencia de Dios los malos perecen, mientras que los justos se regocijan, y ante Dios saltan y gritan de alegría.
5 Canten a Dios y toquen a su Nombre, abran camino al que cabalga en las nubes, alégrense en Dios y bailen ante él.
6 Padre del huérfano, defensor de las viudas, ese es Dios en su santa morada.
7 Al solitario le da el calor de hogar, deja libre al preso encadenado, a los rebeldes los deja en calabozos.
20 ¡Bendito sea el Señor día tras día! El Dios que salva se encarga de nosotros.
21 Se hizo para nosotros un Dios que libera, con Yahvé, el Señor, escapamos a la muerte.

LUCAS 13,10-17

10 Un sábado Jesús estaba enseñando en una sinagoga. 11 Había allí una mujer que desde hacía dieciocho años estaba poseída por un espíritu que la tenía enferma, y estaba tan encorvada que no podía enderezarse de ninguna manera. 12 Jesús la vio y la llamó. Luego le dijo: «Mujer, quedas libre de tu mal». 13 Y le impuso las manos. Al instante se enderezó y se puso a alabar a Dios.
14 Pero el presidente de la sinagoga se enojó porque Jesús había hecho esta curación en día sábado, y dijo a la gente: «Hay seis días en los que se puede trabajar; vengan, pues, en esos días para que los sanen, pero no en día sábado.»
15 El Señor le replicó: «¡Ustedes son unos falsos! ¿Acaso no desatan del pesebre a su buey o a su burro en día sábado para llevarlo a la fuente?
16 Esta es hija de Abraham, y Satanás la mantenía atada desde hace dieciocho años; ¿no se la debía desatar precisamente en día sábado?»
17 Mientras Jesús hablaba, sus adversarios se sentían avergonzados; en cambio la gente se alegraba por las muchas maravillas que le veían hacer.


HOMILIA

Con frecuencia pensamos en el pecado como en una especie de espantajo para asustar a los niños, o como una realidad ajena que tiene que ver únicamente con la piedad religiosa. Pero el pecado es algo bien distinto, como nos muestra el evangelio. Puede acecharnos en cualquier momento y quebrar nuestra monótona existencia. Puede también agobiarnos hasta encoger nuestro ser. La mujer que acude a Jesús luego de toda una vida de sufrimiento lo hace en un momento en que ve fracturadas sus fuerzas humanas. Como ella, todos podemos pensar que somos capaces de soportar el pecado o incluso de aprender a convivir alegremente con él. Sin embargo, el pecado tiene poder para doblegarnos, para sumirnos en el dolor, la angustia y el sufrimiento. Sólo una actitud de soberana libertad nos puede inducir a buscar la ayuda del único que nos puede liberar; y a romper los cercos mentales, e incluso las grandes doctrinas religiosas que se convierten en obstáculos cuando de redimir a un ser humano se trata. Jesús sale al paso de sus adversarios y contiende con ellos, no para dar muestras de su poder y autoridad, sino para utilizar su capacidad transformadora y hacer de su autoridad una fortaleza para obrar siempre el bien.
Esta es lo que nos explica Pablo hoy, pero él se desarrolla en una nueva línea, pero no debemos dejar de olvidarnos que estamos en el capítulo 8 de la Carta a los Roamnos. No se contenta con decirnos que el creyente en Cristo, mediante el bautismo, vive una vida nueva por el poder del Espíritu santo que habita en nosotros y nos anima, va más allá nos clarifica que esta vid es la es una vida de “hijos de Dios” (16): la filiación divina se caracteriza de una manera decisiva en el cristiano. Es una adopción divina adoptiva, pero real, auténtica que debe ser entendida como participación en la vida de Dios por el medio de Cristo Jesús, el Hijo unigénito del Padre. Como el apóstol, también nosotros estamos invitados en primer lugar a contemplar ese misterio, e misterio de la vida de Dios, vida trinitaria rebosante ydifusiva. Esta vida es el misterio de la vida de Jesús, hijo unigénito del Padre, y es también vida de los creyentes signo y reflejo de la vida de Dios.

Por eso, hijos estamos invitados a comportarnos con Dios con la libertad y la confianza de los hijos, y por eso podemos gritarle “!Abba!” (15) que según el evangelio, es la palabra con que Jesús se dirige al Padre. La traducción exacta no es “padre” sino “papá”, que expresa la ternura, confianza que caracteriza nuestra relación filial con Dios.
“Y si somos hijos, también somos herederos”, (17) esto supone, según Pablo, ser hijos de Dios. En virtud de este don nos convertimos en titulares de otro beneficio, a saber, la plena y definitiva participación en la vida divina.

Lucas nos propone un milagro de Jesús, pero que le proporciona un problema porque los colegas suyos no lo aceptan porque es sábado.
La curada es una mujer a quien el demonio la mantenía enferma desde hace 18 años (11) pero Lucas se complace en acentuar esta especial atención con un miembro de la categoría débil de la sociedad de aquella época. No sólo la cura, sino que la defiende contra los ataques de sus adversarios. Jesús es en realidad el Mesías de los pobres, de los últimos, de los marginados y, en cuanto tal a Lucas le encanta presentarla también en su evangelio. La indignación del jefe de la sinagoga desencadena unja polémica entre él y Jesús. Pero la polémica trae una clarificación, que también nosotros necesitamos en este tiempo. Jesús les dice que no hay que dejarse embaucar por la letra de la ley. Por eso Jesús llama al encargado de la sinagoga “hipócrita”.
Podemos considerar cierta analogía entre las dos lecturas. Por un lado, Pablo invita a vivir según el Espíritu, a superar el espíritu de esclavo, a vivir en libertad y a gritarle “Abba”. Por otro lado, Jesús nos da ejemplso de cómo vivir como hijos, de cómo manifestar nuestra verdadera libertad, de cómo tender a una curación perfecta confiando totalmente en la ayuda de Dios.
Por eso se nos repite a vivir con frecuencia en la Palabra de Dios, y Pablo nos recuerda hoy, “Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.”

El Concilio Vaticano II ha hablado de la libertad, refiriéndola a muchas cosas. Libertad es una palabra mágica Debe ser estudiada con seria y serena diligencia, si no queremos apagar la luz y convertirla en un término de confusión equívoca y peligrosa. El Concilio no ha descubierto o inventado la libertad. Ha reivindicado por la conciencia personal sus derechos inalienables. Ha reivindicado el ejercicio de la libertad en dos direcciones principales: la dirección personal, admitiendo un alto grado de autonomía para todo hombre, reconociendo su dominio a la conciencia, y la dirección social, exigiendo una verdadera y pública libertad religiosa, en un clima de respeto a los derechos del otro y del orden público, dejando la más amplia libertad posible a las personas en busca del bien común, creando la responsabilidad personal, la de la reflexión sobre los deberes supremos del hombre. Nuestra libertad cristiana no nos sustrae a la ley de Dios, la obediencia al orden comunitario. Eso nos recuerda el consejo de Pedro: “Sois libres, pero no utilicéis la libertad como pretexto para el mal, sino para servir a Dios.” (1 Pedro 2,16).

ORACION

Padre, tú eres mi creador, porque, en la plenitud de tu amor, has pensado en mí desde siempre y me has engendrado en el tiempo. Tú eres mi guía, tpú eres mi fuerza, tú eres mi refugio, porque con tu compasión infinita soportas mis errores. Tú eres mi faro, porque mis pasos, frecuentemente inseguros y lentos, siempre encuentran encendida la lámpara de tu Palabra. Tú eres mi autoridad porque con con la autoridad de tus preceptos me enseñas los valores e ideales que dan sentido a mi vida. Tú eres i Padre: “!te pareces mucho a mi papá!”



DOMINGO 25 DE OCTUBRE

PALABRA DE VIDA
JEREMIAS 31,7-9
7 Y añade Yavé: ¡Vitoreen con alegría a Jacob, aclamen a la primera de las naciones! Háganse escuchar, celébrenlo y publíquenlo: “¡Yavé ha salvado a su pueblo, al resto de Israel!”
8 Miren cómo los traigo del país del norte, y cómo los junto de los extremos del mundo. Están todos, ciegos y cojos, mujeres encinta y con hijos, y forman una multitud que vuelve para acá.
9 Partieron en medio de lágrimas, pero los hago regresar contentos; los voy a llevar a los arroyos por un camino plano para que nadie se caiga. Pues he llegado a ser un padre para Israel y Efraím es mi primogénito.

SALMO 126,1/6
1 Cuando el Señor hizo volver
1 a los cautivos de Sión,
1 nos parecía estar soñando;
2 nuestra boca se llenaba de risa
2 y nuestra lengua de gritos de alegría.
2 Entonces entre los paganos se decía:
2 «¡Qué grandes cosas no ha hecho el Señor por ellos!»
3 Sí, grandes cosas ha hecho el Señor por nosotros,
3 rebosábamos de gozo.
4 Haz que vuelvan, Señor, nuestros cautivos,
4 como riachuelos en tierras áridas.
5 Los que siembran entre lágrimas
5 cosecharán entre gritos de alegría.
6 Se van, se van llorando
6 los que siembran la semilla,
6 pero regresarán cantando
6 trayendo sus gavillas.

HEBREOS 5,1/6
1 Todo sumo sacerdote es tomado de entre los hombres y los representa en las cosas de Dios; por eso ofrece dones y sacrificios por el pecado. 2 Es capaz de comprender a los ignorantes y a los extraviados, pues también lleva el peso de su propia debilidad;
3 por esta razón debe ofrecer sacrificios por sus propios pecados al igual que por los del pueblo.
apropia esta dignidad, sino que debe ser llamado por Dios, como lo fue Aarón.
5 Y tampoco Cristo se atribuyó la dignidad de sumo sacerdote, sino que se la otorgó aquel que dice: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.
6 Y en otro lugar se dijo: Tú eres sacerdote para siempre a semejanza de Melquisedec.

MARCOS 10,46-52

46 Llegaron a Jericó. Al salir Jesús de allí con sus discípulos y con bastante más gente, un ciego que pedía limosna se encontraba a la orilla del camino. Se llamaba Bartimeo (hijo de Timeo). 47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» 48 Muchas personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
49 Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.» Llamaron, pues, al ciego diciéndole: «Vamos, levántate, que te está llamando.» 50 Y él, arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús. 51 Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Maestro, que vea.» 52 Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte, tu fe te ha salvado.» Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el camino.
HOMILIA
El libro de Jeremías nos muestra un aspecto de la manifestación de Dios al que no estamos acostumbrados: la ternura. Dios nos ama sin importar si vamos por la vida como ciegos o cojos, es decir, si a duras penas podemos caminar o si apenas vemos o presentimos por dónde vamos. Dios nos ama, así estemos en un estado de vulnerabilidad o debilidad absoluta, como lo puede estar una mujer encinta o una madre que recién ha alumbrado a su hija. Dios nos ama incluso si hemos huido de él y nos hayamos refugiado en el último confín de la tierra. Y la razón de ese amor no es otra que la de sentirnos hijos suyos, la de habernos engendrado por su amor, la de hacernos partícipes de su reino. Una de las insistencias de Jesús era la de vivir la experiencia amorosa de Dios como la esencia sobre la que se funda y funde nuestra vida; y no porque ello estuviera a tono con la sensibilidad religiosa de su tiempo.

El salmo empalma bien con la primera lectura y nos muestra cómo la magnificencia de Dios consiste en el rescate y redención de su pueblo. La experiencia del exilio ya no es la de vivir en un país extranjero, sino la de sentir que ningún lugar del mundo es extraño al proyecto transformador de Dios.
La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, afianza y confirma esa dimensión del poder de Dios manifestado como compasión y misericordia. Jesús consagra nuestra vida a Dios por medio de su vida y su Palabra. El redime nuestras faltas y nos encamina por una experiencia en la que convertimos en fortalezas nuestras infaltables debilidades humanas. El nos ofrece un camino de redención que supera el puro precepto religioso, la simple justificación sentimental o un vacío racionalismo abstracto. Dios es el que llama, y nosotros somos quienes podemos responderle. Ya no queremos un gurú o un experto en religión, sino un hermano o una hermana que camine con nosotros y nos ayude a realizar esa vocación por la cual nos hemos hecho cristianos.
El evangelio de Marcos narra la curación del ciego Bartimeo, el último “milagro” de Jesús narrado por Marcos. Tradicionalmente este pasaje se ha incluido en el género “milagro”, pero si se lo examina bien, carece de algunos elementos típicos de este género, como por ejemplo el gesto de curación o la palabra sanadora. Estamos, más bien, ante un relato, basado tal vez en un hecho histórico, que acentúa, sobre todo, la importancia de la fe como fundamento del discipulado.

El relato, dentro de su sobriedad, está cargado de detalles. Marcos nos indica el lugar donde sucede este episodio: a la salida de Jericó, la ciudad de las palmeras en medio del desierto de Judá, la puerta de entrada en la tierra prometida (cf Dt 32, 49; 34,1), paso obligado para los peregrinos que venían de Galilea, por el camino del Jordán, a Jerusalén, ciudad de la que dista algo más de 30 kilómetros. La Jericó del tiempo de Jesús estaba situada al suroeste de la mencionada en el AT. Había surgido en torno a la lujosa residencia invernal construida por Herodes. Hay, además, una alusión explícita -aunque suene un tanto genérica- al nombre del ciego: Bartimeo, el hijo de Timeo. Mateo y Lucas no mencionan este detalle. Junto con el de Jairo es el único nombre propio que aparece en Marcos antes de iniciar el relato de la pasión. Algunos piensan que esto es debido al hecho de que probablemente este hombre formó parte de la comunidad cristiana palestinense.

El protagonista es un hombre ciego, doblemente pobre, por tanto. Lv 19,14, Dt 27,18, Is 59,9 son textos que nos ayudan a comprender la situación de los ciegos en Israel. La liturgia ha establecido un nexo entre este evangelio y la primera lectura de Jeremías porque en ambos casos se habla de un acontecimiento gozoso para los ciegos.
El diálogo comienza con una petición de Bartimeo, de hondo trasfondo veterotestamentario (cf Os 6,6), y que la liturgia eucarística ha incorporado en el acto penitencial: “Ten compasión de mí”. La petición va precedida por el título mesiánico de hijo de David. Esta es la única vez que aparece este título en el evangelio. Posteriormente el ciego le llamará “rabbuni” (término que solemos traducir por “maestro” y que el original de Marcos no traduce). La gente lo manda callar para que no moleste. Este mandato no tiene nada que ver con el “secreto mesiánico” tan típico de Marcos, ya que aquí quien manda callar no es Jesús sino la gente. Cuando el ciego se entera de que Jesús lo llama, “soltó el manto” y se acercó a Jesús. Este detalle aparece también en 2 Re 7,15. Es una manera de indicar la excitación que produce un acontecimiento. El diálogo posterior se narra de una manera esquemática: pregunta (¿Qué quieres que haga por ti?), petición (“Maestro, que pueda ver”) y respuesta (“Anda, tu fe te ha curado”). Como ya se indicó antes, faltan el gesto y las palabras de la curación. El acento recae en la fuerza de la fe. Esta es la que permite pasar de la tiniebla a la luz, del borde del camino al interior del camino, de la pasividad de quien mendiga a la actividad de quien sigue a Jesús hasta el final.

Hoy se habla mucho de las terapias sanadoras a través de la medicina natural, de las técnicas psicológicas, de las tradiciones budistas, de los flujos de energía... y de los problemas sicosomáticos, que se curan de un modo también psico-somático. Los milagros se desnudan y se nos hacen mucho más explicables, mucho más del día a dia. La vida está llena de «milagros» para quien sabe llevarla. La «inteligencia emocional» la «inteligencia ecológica» la «inteligencia espiritual» nos trasladan a un «realismo mágico» nada inaccesible. Los milagros de nuestra fe no tienen por qué ser milagros “metafísicos”, “estrictamente sobrenaturales”... Al menos, los de Jesús de Nazaret parece que no lo fueron, y los nuestros de hoy día tampoco tienen por qué serlo. Tal vez se trate de «educar los ojos» con esa inteligencia emocional, ecológica, espiritual... en todo caso, no en la visión lineal en la que nos educaron en el viejo paradigma...
ORACION
Haz Señor que aprendamos a escuchar de tu Palabra que nos has dado este día para que caminemos por donde tú nos has enseñado. El profeta Jeremíass nos introduce en camino de la consolación del Señor, no somos el antiguo Israel sino el nuevo Israel del Señor, el Israel que camina en los pasos del Señor, neustro sumo sacverdote misericordioso. Y como A bartimeo nos cura e la ceguera, pero nos invita a venir a El para decirnos que nops libremos de la ceguera y podamos ser testigos de la inauguración del Reino. Que el Señor nos de la posibilidad de caminar en sus caminos para que nos conduzca por el Espíritu, como nos dice el salmo, los que sembramos entre lágrimas consechamos en el contento que nos da el Señor. Condúcemos en la alegría de tu viaje no a Jerusalén, sino a la casa del Reino, porque tú vas dlante de nosotros. Amén.

sábado, 24 de octubre de 2009

SABADO 24 DE OCTUBRE DEL 2009

PALABRA DE VIDA
ROMANOS 8,1-11
1 Ahora bien, esta condenación ya no existe para los que viven en Cristo Jesús.
2 En Cristo Jesús la ley del Espíritu de vida te ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.
3 Esto no lo podía hacer la Ley, por cuanto la carne era débil y no le respondía. Dios entonces quiso que su propio Hijo llevara esa carne pecadora; lo envió para enfrentar al pecado, y condenó el pecado en esa carne.
4 Así, en adelante, la perfección que buscaba la Ley había de realizarse en los que no andamos por los caminos de la carne, sino por los del Espíritu.
5 Los que viven según la carne no piensan más que carne, y los que viven según el Espíritu buscan las cosas del espíritu. 6 Pero no hay sino muerte en lo que ansía la carne, mientras que el espíritu anhela vida y paz.
7 Los proyectos de la carne están en contra de Dios, pues la carne no se somete a la ley de Dios, y ni siquiera puede someterse. 8 Por eso los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

SALMO 24,1-6

1 Del Señor es la tierra y lo que contiene,
1 Del Señor es la tierra y lo que contiene,
1 el mundo y todos sus habitantes;
2 pues él la edifició sobre los mares,
2 y la puso más arriba que las aguas.
3 ¿Quién subirá a la montaña del Señor?
3 ¿Quién estará de pie en su santo recinto?
4 El de manos limpias y de puro corazón,
4 el que no pone su alma en cosas vanas
4 ni jura con engaño.
5 Ese obtendrá la bendición del Señor
5 y la aprobación de Dios, su salvador.
6 Así es la raza de los que Le buscan,
6 de los que buscan tu rostro, ¡Dios de Jacob!

LUCAS 13,1-9

1 En ese momento algunos le contaron a Jesús una matanza de galileos. Pilato los había hecho matar en el Templo, mezclando su sangre con la sangre de sus sacrificios.
2 Jesús les replicó: «¿Creen ustedes que esos galileos eran más pecadores que los demás porque corrieron semejante suerte? 3 Yo les digo que no. Y si ustedes no renuncian a sus caminos, perecerán del mismo modo. 4 Y aquellas dieciocho personas que quedaron aplastadas cuando la torre de Siloé se derrumbó, ¿creen ustedes que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? 5 Yo les aseguro que no. Y si ustedes no renuncian a sus caminos, todos perecerán de igual modo.»
6 Jesús continuó con esta comparación: «Un hombre tenía una higuera que crecía en medio de su viña. Fue a buscar higos, pero no los halló. 7 Dijo entonces al viñador: “Mira, hace tres años que vengo a buscar higos a esta higuera, pero nunca encuentro nada. Córtala. ¿Para qué está consumiendo la tierra inútilmente?” 8 El viñador contestó: “Señor, déjala un año más y mientras tanto cavaré alrededor y le echaré abono. 9 Puede ser que así dé fruto en adelante y, si no, la cortas.”
10 Un sábado Jesús estaba enseñando en una sinagoga. 11 Había allí una mujer que desde hacía dieciocho años estaba poseída por un espíritu que la tenía enferma, y estaba tan encorvada que no podía enderezarse de ninguna manera. 12 Jesús la vio y la llamó. Luego le dijo: «Mujer, quedas libre de tu mal». 13 Y le impuso las manos. Al instante se enderezó y se puso a alabar a Dios.
HOMILIA

La liturgia de la Palabra nos hará leer, a partir de hoy, la totalidad del capítulo 8 de la Carta a los Romanos. Sin lugar a duda es el capítulo más bello de todo el Nuevo Testamento. S belleza proviene del contraste con todo el capítulo anterior; dotado de tonos extremadamente dramático como ya hemos visto. A contraluz, las reflexiones de Pablo resultan ahora mucho más iluminadoras y reconfortantes.

El hombre es “carnal, es decir, esclavo de egoísmo que le conduce al pecado y a la muerte. Pero ahora vive bajo una nueva ley, “la ley del Espíritu vivificador me ha liberado por medio de Cristo Jesús.” (2) Los comentaristas señalan que esta expresión es una síntesis de las famosas profecías de Jeremías, 31,33 y de Ezequiel 36,27 y 37,14. El creyente removado y transformado por el Espíritu de Dios, que le ha sido dado por Jesús, puede obedecer ahora a la voluntad de Dios, que le ha sido dada por Jesús, puede obedecer ahora a la volutnad de Dios, y esto no ya por una constricción externa, sino por la ley interior de la nueva vida. Bien dijo Santo Tomás de Aquino que “la ley del Nuevo Testamento es el Espíritu”.

A partir de esta primera afirmación, el discurso de Pablo se desarrolla de manera línea y lógica. En el centro de su pensamiento se encuentra, como es obvio, el gran acontecimiento de la encarnación del Verbo: “Pues lo que es imposible para la ley, a causa de la fragilidad humana lo realizó Dios enviendo a su propio Hijo con una naturaleza semejante a la del pecado. Es más, se hizo se hizo sacrificio de expiación por el pecado y dicto sentencia contra él a través de su propia naturaleza mortal.” (3) La vida cristiana es por consiguiente “vida espiritual”, en el sentido más fuerte de la expresión: el cristiano, precisamente porque ha hecho suya la “ley del Espíritu” y porque el Espíritu habita en él, vive según el Espíritu, piensa en las cosas del Espíritu y vive con la esperanza de experimentar el poder del Espíritu de Dios, que le hará resucitar de los muertos y partícipe de la gloria de Dios.

El evangelio nos trae una experiencia frecuente en Lucas, después de una afirmación de Jesús sigue una ilustración por medio de una parábola.. La enseñanza global es la siguiente: los signos de los tiempos deben ser leídos e interpretados no sólo en la vida de Jesús, sino también en “nuestra propia historia,” en nuestra vida personal. Sin embargo, es preciso estar en guardia contra le peligro de las seudolecturas, es de ir, por nuestros preconceptos, pensamientos que se nos ocurren a nosotros, pero no al Señor. Lo mismo les pasó a los contemporáneos de Jesús se dejaron desviar por una concepción de la retribución persona pretendiendo percebir en algunas calamidades un castigo de Dios dirigido contra los que las han sufrido.

Se trata de la ocasión de la matanza ordenada por Pilato de unos que estaban ofreciendo sus sacrificios en el templo, además del accidente fortuito de “aquellos dieciocho” que murieron aplastado por la torre de Siloé. El racionamiento de algunas personas anónimas que fueron a contarla la historia a Jesús están totalmente superados ahora: no es que Dios sea justo y se manifieste como tal porque ha castigado esas personas, demostrando así que eran pecadoras, Jesús rechaza esa intepretación tan mezquina y simplista; es más, afirma que esos hombres no eran peores que los otros. La desgracia que se ha abatido sobre ellos, es sólo la señal del juicio que incumbe a todos. Se trata, por tanto, de un a viso de Dios dirigido a todos, también a nosotros, para que sepamos interpretar correctamente no los hechos de una historia pasada, sino unos hechos que sirven de contrapunto a la historia presente.
La invitación de Jesús es, clara por consiguiente, clara e ineludible: urge convertirse a partirt de una lectura inteligente de los signos de los tiempos, de los tiempos en que vivimos, reconociendo también en ellos la presente discreta, pero eficaz de Dios, la presencia escondida pero real del Señor resucitado, la presencia de sus testigos. Todas estas presencias son otras t antas luces aue iluminan nuestro camino.
No acabaremos de leer el capítulo 8vo de la carta a los romanos, en ella oímos resonar palabras verdaderas, capaz de dar rtazón al mal que hay en nosotros, pero sobre todo de abrirnos a la esperanza en virtud de la maravillosa realidad de nuestra liberación del pecado llevada a cabo por Cristo Jesús. Nosotros estamos según esta nueva modalidad. El Espíritu de Dios, en efecto,, no permanece inactivo en nosotros. Somos nosotros quienes, quienes distraídos y superficiales, nos dejamos distraer de la realdiad de su presencia, fuente de paz, manantial de alegría, luz que proporciona una sensibilidad nueva para las oalabras y los caminos de Dios.

El Espíritu Santo pone en marcha una fuerza irresistible y suave que nos guía a la verdad completa y nos libera de los vínculos de la “carne”. Ponernos cada vez más bajo el suve jugo del Espíritu es el camino de conversión al que estamos llamados. Nos lo recuerda también el fragmento del evangelio en el que Jesús nos invita a reflexionar sobre algunos acontecimientos dramáticos. Todo debería impulsarnos a alcanzar la inspiración nueva del Espíritu que nos permita dar frutos buenos para nosotros y para los hermanos. Nadie, sin embargo, puede sustituirnos en la aceptación de las invitaciones que, continuamente, se nos dirigen para nos adentremos en alta mar y nos dejemos conducir por el soplo del Espíritu en el gran mar de la libertad y del amor.
Por eso se nos invita siempre y cada día a repetir con frecuencia y vivir hoy la Palabra: “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, es q1ue no pertenece a Cristo. (Romanos 8,9).
Este Espíritu de Cristo, al venir al creyente, a través de los sacramentos, la Palabra y todos los demás medios a su disposición, en la medida en que es acogido y secundado, es capaz de cambiar nuestra situación interior que la ley no podía modificar. He aquí como sucede esto. Mientras el hombre vivir “para sí mismo”, o sea en régimen de pecado, Dios se le muestra inevitablemente como un antagonista y como un obstáculo. Hay entre él y Dios, una sorda enemistad que la ley no hace más que poner en evidencia. El hombre “ansía”, quiere determinadas cosas y, Dios es el que, de sus mandamientos, le cierra el camino, oponiéndose a sus deseos con los propios, “Tú debes” y “tno debes.” La ley nueva que nos trajo el Espíritu en Jesús es mucho más que una indicación, de voluntad, es una “acción”, un principio vivo y activo. Por eso mucho más a menudo que ley, se denomina “gracia” Pablo nos lo dijo hoy, “Ya no estáis en régimen de Ley, sino en régimen de gracia.” (Romanos 6, 14)
ORACION
"Si no os convertís, también vosotros pereceréis del mismo modo."
Si la historia humana en su locura homicida que te mata ve sólo un poueblo, la historia divina ve en este pueblo a todos nosotros. Oh Señor, haz que no pensemos nunca: "yo soy mejor que los otros".
Si la historia humana encuentra pocos responsables para el dolor del mundo, para las persecuciones de tantos inocentes, parala penuria de muchos hambrientos, para el horror del odio que reina en diferentes partes de la tierra, la historia divina nos encuentra en esos pocos a todos nosotros. Oh Señor, haz que no digamos nunca: "Estamos en nuestro sitio."
Si la historia humana considera que unos pocos malvados son causa de una sonrisa perdida y nunca vista, de una paz sólo soñada a causa de miedos infinitos, de una esperanza truncada por la droga mortífera, de niñas destruidas por la trata inhumana de vidas radiantes marcadas por la muerte, de guerras sin fin, la historia divina reconoce en esos malvados a todos nosotros. Oh Señor, haz que nos convirtamos, para ser testigos tuyos en un mundo que se siente fatigado de amar.

jueves, 22 de octubre de 2009

23 DE OCTUBRE DEL 2009

LA PALABRA DE DIOS


ROMANOS 7,18-25
18 El querer está a mi alcance, el hacer el bien, no. 19 De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. 20 Por lo tanto, si hago lo que no quiero, eso ya no es obra mía sino del pecado que habita en mí.
21 Ahí me encuentro con una ley: cuando quiero hacer el bien, el mal se me adelanta. 22 En mí el hombre interior se siente muy de acuerdo con la Ley de Dios, 23 pero advierto en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi espíritu, y paso a ser esclavo de esa ley del pecado que está en mis miembros.
24 ¡Infeliz de mí! ¡Quién me librará de este cuerpo de muerte!
25 ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo, nuestro Señor!
25 En resumen: por mi conciencia me someto a la Ley de Dios, mientras que por la carne sirvo a la ley del pecado.

SALMO 119,66-67,77,93-94

66 Enséñame el buen sentido y el saber, pues tengo fe en tus mandamientos.
67 Antes de ser humillado me había alejado, pero ahora yo observo tu palabra.
68 Tú que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos.
76 Que tu gracia me asista y me consuele, conforme a tu palabra dada a tu siervo.
77 Que venga a mí tu ternura y me dé vida, porque mis delicias son tu Ley.
93 Jamás olvidaré tus ordenanzas pues por ellas me haces revivir.
94 Tuyo soy, sálvame, ya que he buscado tus ordenanzas.

LUCAS 12,54-59

54 También decía Jesús a la gente: «Cuando ustedes ven una nube que se levanta por el poniente, inmediatamente dicen: “Va a llover”, y así sucede. 55 Y cuando sopla el viento sur, dicen: “Hará calor”, y así sucede.
56 ¡Gente superficial! Si ustedes saben interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo es que no comprenden el tiempo presente?
57 ¿Cómo no son capaces de juzgar por ustedes mismos lo que es justo?
58 Mientras vas donde las autoridades con tu adversario, apro vecha la caminata para reconciliarte con él, no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al carcelero, y el carcelero te encierre en la cárcel. 59 Yo te aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último centavo.

HOMILIA

Rom 7,18-25a: ¿Quién me librará de este cuerpo presa de la muerte? Salmo 118: Instrúyeme, Señor, en tus leyes. Lucas 12,54-59: “¿Cómo no saben interpretar el momento presente?”

La capacidad profética de leer los signos de los tiempos es una de las que más desarrolla el cristiano en el seguimiento de Jesús. Seguirlo a él implica aprender; estar dispuesto a formarse y a conformarse con ese ser humano nuevo que nace en la experiencia pascual. Este camino, sin embargo, implica una dimensión de lucha, de esfuerzo, de transformación. Y la primera transformación es la apertura a la esperanza, al futuro, a la novedad que viene de Dios en todo momento. Ese futuro es posible precisamente porque la memoria del paso de Dios nos permite tener una referencia y una experiencia de ese Dios que se empeña en que seamos libres. Al mismo tiempo, exige que valoremos el momento presente, este preciso instante, porque en él Dios se manifiesta de manera extraordinaria; y si no tenemos la mente lista y el ojo afinado, perderemos esa posibilidad de encuentro con el Dios que crea, mantiene y defiende la vida. Hemos de tener presentes los acontecimientos de la vida diaria, para descubrir desde allí lo que el mismo Dios nos va a revelar. Pero eso significa estar bien atentos y no dormirnos en los laureles dejando pasar este tiempo tan significativo en nuestras vidas.
El texto que hoy hemos leído de Pablo es uno de los más dramáticos, entre otras razones porque el apóstol considera en él no tanto la condición espiritual de la humanidad como nuestra situación de cristianos, salvador por la fe, pero siempre en la lucha por la consecución de la salvación. No basta con conocer la ley de Dios para observarla. No basta con hacer nuestro el misterio pascual de Jesús, que anima y sostiene asimismo la vida de todo verdadero discípulo suyo. La enseñanza de pablo se hace mucho más concreto y personal.
En efecto se trata de una descripción en primero persona del singular, que por una parte nos permite entrar en el drama de Pablo y, por otra, nos ayuda a vivir con plena conciencia neu7stro drama personal. Es cierto que hemos sido liberados de una terrile esclavitud, -la del pecado y Satanás-, pero es igualmente cierto que día tras día estamos a otra esclavitud de la carne, la del mal la de nuestros deseos más bajos. En consecuencia, no podemos dejar de compartir el tono de esta carta pauloina y dejarnos de considerarla también como plenamente nuestra. Basta releerla con honestidad para sentirnos implicados personalmente en las reflexiones, en las angustias y en el anhelo profundo que sube del corazón de Pablo: “!Desdichado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo, que es portador de muerte? (24) En esta exclamación y en esta pregunta reconocemos todo el drama de Pablo, todo nuestro drama.

Jesús “se dirige a la gente”: en efecto, el deber de saber discernir “el tiempo presente”, que es un tiempo providencial y dramático; a todos concierne el saber juzgar “lo que es justo!'' (57), o sea, lo que en su vida está de acuerdo o no con la voluntad de Dios. El presente discurso sobre “los signos de los tiempos”, no hemos de considerarlo, por consiguiente, como abstracta y académico; al contrario, Jesús pretende llamar neustra atención sobre la extrema seriedad de la vida que llevamos, de la historia que estamos viviendo. Se trata de una instancia evangélica que se repite, ésta: quien no la acepta o no se esfuerza en vivirla iguiente, como si laluz del Evangelio no iluminara a cada hombre que viene a este mundodirectamente de Jesús el calificativo es “hipócrita”.

No se trata, según Jesús, de una mera incapacidad para leer los “signos de los tiempos”: diríase que en ellos no hay evidencia inmediata que ni siquiera los ciegos pueden negar. Tampoco, se trata aquí, de la actitud pecaminosa de quienes viven como si no existiera Dios o, mejor dicho, como si no hubiera venido Jesús a nosotros y, por consiguiente, como si la luz del Evangelio no iluminara a cada hombre que viene a este mundo. Se trata más bien, de la “hipocresía”: la actitud de quien ve los signos pero no quiere comprenderlos, esto es, no quiere aceptar su evidencia, ni siquiera quiere dejarse rozar por la luz que éstos desprender. Los verbos que Jesús usa son “saber”, “discernir”, “juzgar” y este relieve hace aún más evidente el significado de las perábolas dee Jesús. Como es obvio, se trata de los signos que se manifiestan en la vida de Jesús, y no es difícil comprender cuáles son. Ciertamente, los signos de las acciones milagrosas realizadas por él; ciertamente, los signos muy furtes en ocasiones, de sus palabras, de algunas de sus palabras, ciertamente los signos anexos a toda su existencia terrena (vida oculta en Nazaret y vida pública en Palestina). Pero se trata, sobre todo, de ese “signo” que ha sido y sigue siendo todavía la vida de Jesús considerada en su totalidad. Como los profetas de cierto tiempo, también Jesús es una profecía viva, una persona hecha profecía.
Pocas páginas como las que se nos proponen hoy Pablo son capaces de expresar con una carácter más incisivo el drama que se consuma en el interior de cada creyente. Pablo habla de “!Desdichado de mí!” Y a sentir todavía llega a exclamar: “!Desdichado de mí”! y a sentir todavía con más fuerza el deseo de una paz que se aplique a toda disidencia.

Pero, Pablo no se detiene aquí. Va más allá y nos señala la verdadera originalidad del creyente: a él se le concede mirarse y examinarse no bajo un cielo viejo e implacable, sino bajo la mirada de Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. En consecuencia, puede y debe dejar frotar de su corazón una acción de gracias, porque toda nuestra vida es ahora eucaristía al Padre por medio de Jesucristo.
Recordamos hoy porque la Palabra nos repite repetir con frecuencia y vivir hoy La palabra: “!Desdichado de mí! ¿Quién me librtará de este cuerpo, que es portador de muerte?!” (Romanos 7,24).

El cristiano parte de un núcleo inicial: Dios es Palabra. Verdad, Palabra personal del Padre, Palabra creadora, Palabra que es vida y luz para los hombres. Esta Palarba se ha hecho carne, es decir, ha penetrado en la criatura humana; carne designa aquí a la criatura en su extrema debilidad, casi junta a los confines de la nada. El sentido de que es el hecho inicial es que tal condescendencia tuvo lugar para nuestra elevación, que este empobrecimiento tuvo lugar para enriquecernos, que esta humillación es nuestra más elevada promoción.

La Palabra dee Dios es como el átomo, como la semilla. Bajo su aparente simplicidad y pobreza esconde una comp0lejidad máxima, una capacidad máxima de transformación del hombre y de la vida. La parábola que estamos comentando, tras haber trazado la procedencia, la riqueza, las intnciones de la palabra, presenta su drama: la semilla puede morir la puede matar precisamente el ambiente que debería haberla hecho vivir. La Palabra de Dios puede ser aniquilada en cada uno se nosotros, porque Dios ofrece sus dones, pero no los impone, porque Dios nos ha dado la libertad, ni la retoma ni la pisotea. La libertad, sumo valor, se convierte así en algo que la hace más grande riesgo para el hombre y para Dios.


ORACION

Piedad, Señor, por mi pereza a la hopra de satisfacer las necesidades ajenas; por mi superficialidad, que no es capaz de percibir el llanto de los pobres; por mi tranquilo vivir frente a las injusticias incómodas; por tantas palabras inútiles, que se han quedado como vocablo sin corazón.

Piedad, Señor, por mi orgullo, incapaz de juicios imparciales; por mi intromisión, que ha arrebatado a otros el espacio vital; por haberme servido de las ideas de los otros para manifestar sus debilidades; por haber sido un censar rígido de los fallos ajenos y olvidar los míos de una manera culpable.

Piedad, Señor, por mis infidelidades cotidianas, por mi ingratitud –que ha tomado por descontado todo bien-, por mi presunción intolerante frente a la desaprobación, por haber pasado junto a quien estaba solo sin hacerme su prójimo.

Piedad pido a la humanidad, y a ti, Señor, la libertad.